En defensa de la conversación, pero ¿de cuál de ellas?

Con este texto de Patricia Nigro damos por concluida esta serie de entradas escritas por colegas entre los meses de marzo y mayo. Agradezco a las personas que me enviaron textos y no pudieron ser publicados: preferí seleccionar solo las contribuciones que mejor dialogaban entre sí y afrontaban temas comunes (aunque con miradas y estilos muy diferentes). Un inmenso agradecimiento a Lucrecia Escudero Chauvel, José Luis FernándezGabriela Pedranti, Juan Manuel CozziMario Carlón, Julio César Mateus, João Gabriel Almeida y Jose Sánchez García, Damián Fraticelli, Lila Luchessi, Julito Alonso, Fernanda Pires de Sa, Mon RodríguezCarina Maguregui y Patricia Nigro. Espero que estas entradas, escritas en caliente, sirvan para darle un sentido a lo que ha pasado y poder actuar en consecuencia. Pero no descartemos volver a leer estos textos en el futuro, cuando la pandemia sea un recuerdo e intentemos recuperar las intensas conversaciones que mantuvimos en estas semanas tan complicadas.

Autora invitada: Patricia Nigro

Patricia Nigro (@nigropatricia) es Dra. en Comunicación por la Universidad Austral, donde está cargo de las Cátedras Teoría y Práctica de la Lengua I y II en la Licenciatura en Comunicación, entre otras actividades docentes de grado y postgrado.  Ha publicado La Educación en Medios de Comunicación, contenido transversal Desnudando el discurso político. Falacias, políticos y periodistas (con A. Blaquier) entre otros  textos. 

El año pasado se publicó en español el último libro de Sherry Turkle con el título En defensa de la conversación. El poder de la conversación en la era digital. En inglés, el libro se llamó Reclaiming conversation. Esto puede traducirse como Recuperando la conversación. Ahí el sentido da una vuelta de 180 grados. En español, se destaca el tono apologético, se supone que alguien está atacando a la conversación humana. En inglés, se entiende mejor la propuesta de recuperar algo perdido. Algo que tuvimos y que podemos recuperar, si lo deseamos.

Para los frecuentadores de la obra de Turkle, es manifiesto que la autora pasó de una mirada integrada de la era digital a otra bastante apocalíptica. Alone together, libro de 2011, fue el primer texto que sorprendió a sus lectores. Reclaiming conversation es muy crítico- en el más negativo de los sentidos-, de la conversación digital y carece de piedad con celulares y tablets. A continuación, un breve video de presentación del libro en un canal de TV estadounidense, en el que el periodista se confiesa culpable de usar su celular.

El contenido se apoya en numerosos estudios (muchos de la propia investigadora). Lamentablemente, se desliza muy seguido a la falacia de generalización. Se usan para argumentar una y otra vez no solo generalizaciones sino también simplificaciones e hipérboles.

Concedo que este libro es un texto prepandémico. Es imposible que Turkle hubiera imaginado que, en 2020, el mundo se vería asolado por un virus que todavía lo tiene en jaque. Y que ese virus provocara un auge inaudito de las conversaciones digitales. Porque no podemos conversar cara a cara, ni reunirnos en grupos para dialogar, que es como la autora quiere recuperar la conversación.

En un posteo de 2012, donde se habla de Alone Together, Carlos Scolari decía: “Por cada texto crítico con la vida digital tenemos quinientos libros que no cuestionan ningún aspecto de las ‘nuevas tecnologías’. En este contexto, bienvenidos sean los discursos críticos.” Me parece una posición feliz y conciliadora con los profetas de catástrofes. En este mundo hay lugar para todos

Pero surgió la pandemia. Con ella, estallaron Whatsapp, Zoom, Skype (que andaba de capa caída), googlemeets, Jitsi, entre otras plataformas. La gente comenzó a utilizar videollamadas para contactarse con sus seres queridos, para comunicarse con los amigos, para trabajar, para estudiar, para atenderse con su médico, para escuchar a sus artistas favoritos. La comunidad académica floreció en webinars y en reuniones vía Zoom que, con vulnerabilidades y todo, no dejó de expandirse. A tal punto que muchos ya sentimos la llamada “fatiga de Zoom”.

El Pew Research Center publicó el 1 de mayo que un 53 % de los estadounidenses consideran que Internet es esencial durante esta pandemia. Estarán usando sus smartphones como nunca.

La semana pasada, Jorge Carrión publicó en The New York Times en español un texto magnífico titulado “La estética de la pandemia”. Citaré al autor, aunque recomiendo enfáticamente leer el artículo completo. Dice Carrión:

La imagen de esa cuadrícula de rostros en lugares distintos resume lo que somos en estos momentos: una sucesión de celdas con ventanas de píxeles que comunican con otras celdas. Una colmena infinita y virtual.

Si en la literatura medieval la muerte es la gran igualadora social y en la tradición literaria de las plagas se insiste en que los virus no distinguen entre clases, no es de extrañar que la gran plataforma de representación de esta pandemia no permita la diferenciación estética entre reuniones de trabajo y celebraciones con amigos, entre ensayos de orquesta y conciertos en directo, entre cibersexo y funerales.

Inmediatamente, viene la memoria de la novela de Camilo José Cela que pinta la España de posguerra como una colmena. La imagen de la colmena también muestra nuestra necesidad de no estar solos, de seguir honrando a Aristóteles, cuando nos definió como animales políticos o sociales y como animales que hablan o razonan. Dialogamos para crear nuevas realidades, diría David Bohm.

Es cierto que, en las videollamadas, se pierde gran parte de la comunicación no verbal, tan esencial para el diálogo. En estos días, salir a la calle supone usar un tapabocas y mantener una distancia de 2 metros con los demás. No obstante, prevalece nuestra condición de seres en comunicación, de seres que viven en comunidad, que no renuncian a lo que aman o les importa, más allá de cualquier peste que se pasee por el mundo, en su camino de enfermedad y muerte.

Recuerdo aquí un fragmento del ensayo Hombres y engranajes de Ernesto Sábato. Me parece oportuno para la época en que vivimos. El escritor cuenta cómo vio, en la Italia de posguerra, entre las ruinas y los tanques abandonados, a un campesino sacando con esfuerzo las rocas del camino. El campesino no era un filósofo ni un investigador del MIT. Solo pretendía liberar el espacio para que fluyeran las comunicaciones entre las villas italianas. Sabato, gran pesimista, afirmaba entonces:

Creo que el enigma empieza a ser menos enigmático si invertimos la cuestión: no preguntar cómo es posible que se luche cuando el mundo parece no tener sentido y cuando la muerte parece ser el fin total de la vida; sino, al revés, sospechar que el mundo debe de tener un sentido, puesto que luchamos, puesto que a pesar de toda la sinrazón seguimos actuando y viviendo, construyendo puentes y obras de arte, organizando tareas para muchas generaciones posteriores a nuestra muerte, meramente viviendo.

Volviendo al título de este posteo, defendemos la conversación de cualquier tipo, porque no nos resignamos a perder el lazo con los demás y, si no puede tener presencia física, estaremos allí, virtualmente, cerca del otro. Así vamos por la vida: seres que no queremos la soledad y que nacimos para crear tecnologías que nos permiten seguir tendiendo puentes.

Referencias

Camilo José Cela, La colmena, Madrid: Clásicos Castalia. 1984.

David Bohm, Sobre el diálogo, Barcelona: Kairós. 1997.

Ernesto Sábato, Hombres y engranajes, Buenos Aires: Emecé. 1951.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: