Viene de la primera parte:
Comprender la Ley de la Reversión (I):
los humanos como extensiones de los medios.
Revisitando las Leyes de los Medios
Repasemos el origen de los cuatro principios que Marshall McLuhan y su hijo Eric desarrollaron para contentar a sus críticos, quienes le demandaban un aporte menos «especulativo» y más «científico». Las leyes nacieron mientras ambos trabajan en una versión renovada de Understanding Media. Al repasar las críticas que había recibido ese volumen -algunos decían que era «imposible de leer» o que «no se entendía»-, la reflexión los llevó más allá. Eric lo explica en el Prefacio de Laws of Media. The new science:
«Of course, there was rigour and science in it aplenty, but not conventional science. How then could we reconcile the two: satisfy the one without subverting the other? There began the search that led to the present book. The style of UM had been deliberately chosen for its abrasive and discontinuous character, and was forged over many redraftings. It was designed deliberately to provoke the reader, to jar the sensibilities into a form of awareness that better complemented the subject-matter. This is poetic technique (science, if you will) of a high sort – satirizing the reader directly as a means of training him. Now we were faced with the question of how to make it ‘scientific`. It took my father nearly two full years of constant inquiry to find out ‘what constitutes a scientific statement`. He asked everyone he encountered – colleagues, students, friends, associates, visitors Finally, one evening, he found the answer in Sir Karl Popper’s – that it was something stated in such a manner that it could be disproved. That was it. The next day he began asking –What statements can we make about media that anyone can test – prove or disprove – for himself? What do all media have in common? What do they do?‘».
Así nacieron las Leyes de los Medios: como respuesta a una comunidad científica impregnada de cartesianismo que, en el caso de las teorías de la comunicación, le exigían a McLuhan «statements» objetivos que ni siquiera ellos mismos eran capaces de formular después de varias décadas de investigación empírica.
En este texto me gustaría continuar el intercambio con el libro de Andrey Mir The Digital Reversal que inicié en la primera parte de este texto, pero antes quisiera llamar la atención sobre la forma en que se han aplicado las Leyes de los Medios.
Aplicar las Leyes de los Medios
Seré claro: cuando los investigadores aplicamos las cuatro leyes de McLuhan solemos encontrar siempre ejemplos que “encajan” en el modelo. Tengo la impresión de que hemos aplicado las cuatro leyes solo para obtener resultados positivos. Habría que repasar todos los textos y autores que han trabajado con este modelo de análisis en los últimos 40 años, pero me sorprendería encontrar un caso negativo. Esto se relaciona con el llamado sesgo de confirmación. El investigador parte de una expectativa previa: que todo medio o tecnología producirá esos cuatro efectos. A partir de ahí, tiende a buscar, seleccionar e interpretar los casos de manera que confirmen la tétrada.
Por ejemplo, el teléfono móvil puede verse como un medio que extiende la comunicación interpersonal, vuelve obsoletas ciertas formas de comunicación fija o presencial, recupera prácticas de oralidad y mensajería breve, y revierte en vigilancia, dependencia o saturación comunicativa. Hasta ahí todo bien. El problema no es que estas observaciones sean falsas, sino que el esquema es tan flexible que casi siempre permite encontrar algo que funcione como confirmación. Si el investigador solo busca casos positivos, puede ignorar situaciones ambiguas, contraejemplos o efectos que no encajan bien con alguna de las cuatro leyes. Incluso una evidencia ambigua puede reinterpretarse hasta convertirse en una prueba favorable.
En pocas palabras: las leyes de McLuhan nacen con una intención popperiana, pero muchas veces se aplican de un modo antipopperiano. Según el Prefacio de Eric McLuhan, su padre buscaba formular enunciados sobre los medios que pudieran «ser puestos a prueba por cualquiera». La referencia a Popper es clave: una afirmación científica no sería simplemente aquella que acumula ejemplos favorables, sino también la que podría ser refutada.
(Dicho sea de paso, sería maravilloso tener la posibilidad de hacer entrar en escena al mismísimo Marshall McLuhan, al como hizo Wood Allen en Annie Hall, y preguntarle qué opina de estas aplicaciones de las cuatro leyes).

La paradoja es interesante: McLuhan buscaba escapar de la acusación de falta de cientificidad apelando a Popper, pero la amplitud metafórica de sus leyes puede dificultar la refutación efectiva. Las tétradas son muy potentes como instrumentos heurísticos: ayudan a descubrir relaciones inesperadas entre medios, tecnologías, prácticas culturales y ambientes sociales. Pero si su aplicación es demasiado flexible, entonces cualquier resultado puede ser reinterpretado como una confirmación.
El problema, para ir terminando esta reflexión, no está en la intención original de McLuhan, sino en el modo en que aplicamos las cuatro leyes. Una aplicación rigurosa tendría que incluir no solo casos positivos, sino también casos negativos, ambiguos o resistentes. Si no hay posibilidad real de decir “esta ley no se cumple aquí”, entonces la tétrada deja de comportarse como una hipótesis falsable y funciona más bien como una simple matriz interpretativa. Esto último no tiene nada de malo, pero si queremos avanzar en la comprensión del ecosistema mediático y tecnocultural, deberíamos aspirar a afinar un poco más nuestros instrumentos y procesos analíticos.
Hacia una crítica de la Reversión Total
Las Leyes de los Medios presentan un delicado equilibrio. Ahí donde la Ley de Extensión amplifica al comienzo una capacidad humana, la Ley de Reversión la frena al final de su ciclo, y si la Ley de Obsolescencia declara caduca una práctica o tecnología, la Ley de Recuperación la hace reaparecer en un nuevo medio. Estos cuatro principios funciona en equipo. Si privilegiamos uno de ellos, se corre el riesgo de echar por tierra todo el edificio analítico. El mismo Eric McLuhan lo reconoce en el Prefacio:
«Gradually, as we searched for the fifth law, other discoveries and implications began to emerge. The single largest of these was that of an inner harmony among the four laws – that there are pairs of ratios among them – and of the relation between that and metaphor. All the while, my father was exhorting colleagues, visitors, and students – especially those at his Monday-night meetings at the Centre for Culture and Technology – to use the four laws to explore media, and to test the laws. Suddenly (I forget exactly when or with whom) we learned that they applied to more than what is conventionally called media: they were applicable to the products of all human endeavour, and also to the endeavour itself».
Al aplicar las leyes de manera individual y aislada del resto, ese «armonía» comienza a tambalearse. Si tuviera que realizar una crítica al inspirador libro de Andrey, es precisamente esa: aplicar la Ley de Reversión a la Ley Reversión. O sea, llevar la reversión hasta sus últimas consecuencias y eclipsar en la misma jugada a las otras tres leyes.
Debo reconocerlo: el ejercicio es fascinante. Pisar el acelerador de una ley y ver hasta dónde nos lleva. En el caso de esta aplicación a fondo de la Ley de Reversión, creo que mis reflexiones solo pueden ser expresadas a través de dos metáforas, una filosófica y la otra física.

Bienvenido Hegel. Como se sabe, la dialéctica hegeliana -que estudiamos en el primer año de la Licenciatura en Comunicación Social en la Universidad Nacional de Rosario en el año 4 a.M. (antes de Messi)- se puede resumir en tres momentos: tesis, antítesis y síntesis. Para el filósofo alemán, a cada afirmación inicial le llega su negación o conflicto, y de esa tensión surge una superación que conserva elementos de ambas, pero los transforma en un nivel más complejo. No es una simple suma de los dos momentos anteriores, sino movimiento histórico del pensamiento y la realidad.
Ahora bien, si se aplica la Ley de Reversión hasta las últimas consecuencias, es como si el análisis se detuviera en el momento de la antítesis. Puro pensamiento negativo. Una dialéctica a mitad de camino. Si bien la lógica mcluhaniana no es hegeliana (en este caso, no busca una reconciliación dialéctica, sino mostrar cómo todo medio llevado al límite se vuelve contra sí mismo y contra el entorno que produjo), podríamos decir que la inversión no desemboca claramente en una síntesis superadora, sino en una cadena acelerada de reversiones, implosiones y extremos. En vez del ciclo tesis-antítesis-síntesis, tendríamos un ciclo infinito de tesis-antítesis-antítesis-antítesis-…
Lo reconozco: esta reflexión en clave hegeliana a mí tampoco me termina de convencer por completo. Probemos con la otra.

En estos días se cumplen 40 años de la explosión del reactor nuclear en Chernóbil. Hasta una IA de 3 años sabe que un reactor nuclear contiene barras de grafito para frenar los neutrones producidos por la fisión, permitiendo que se produzca la reacción en cadena. Pero un reactor también tiene barras de control (generalmente de boro o cadmio) que evitan que el reactor se desmadre. Sin barras de control, el reactor sufre lo que se llama una excursión de potencia. No es una explosión nuclear como una bomba atómica (porque el uranio no está lo suficientemente enriquecido), pero sí es una explosión física y térmica masiva que liberaría radiación al exterior (Gracias, Gemini).
Ahora sí, puedo decirlo: al llevar la Ley de Reversión hasta sus últimas consecuencias, lo que se produce es una explosión interpretativa fuera de control. En ese caso, las otras tres leyes dejan de funcionar como barras que equilibran el funcionamiento del reactor teórico, evitando que estalle. Al «liberar» una de las leyes y decretar su autonomía respecto a las otras, la máquina analítica queda fuera de control. Un apocalipsis mcluhaniano.
Estoy casi seguro de que pasaría lo mismo si aplicamos hasta sus últimas consecuencias cualquiera de las otras Leyes de los Medios. Podríamos imaginarnos otros libros, parientes cercanos de The Digital Reversal, por ejemplo un posible The Digital Obsolescence o The Digital Retrieval… Ahora que lo pienso, ambos libros ya fueron escritos. Uno lo publicó Nicholas Negroponte en 1985: Being Digital. En ese volumen Negroponte decretó el fin de los medios analógicos (hasta se ensañó con el pobre fax) y dejó a su paso un cementerio de fósiles mediáticos. El otro libro lo escribieron Jay David Bolter y Richard Grusin y se titula Remediation: Understanding New Media (2000). Es un monumento a la Ley de Recuperación.
Volviendo al libro de Andrey, a estas alturas quedaron sembrados tantos debates y preguntas que solo podré aclararlos entrevistando al autor.
Continuará en la tercera parte:
Comprender la Ley de la Reversión (III):
entrevista a Andrey Mir.
«Debo reconocerlo: el ejercicio es fascinante. Pisar el acelerador de una ley y ver hasta dónde nos lleva. » Por estas cosas, te admiramos tanto.
Nota al pie: yo estudié en quinto año del colegio, Filosofía en Bachillerato, el modelo hegeliano y me encantó. A los 17 años, es también fascinante.
Grazie per tutti.