Comprender la Ley de la Reversión (III): entrevista a Andrey Mir.

Viene de la segunda parte:
Comprender la Ley de la Reversión (II):
Hacia una crítica de la reversión total

Ante todo, debo agradecer a Andrey Mir su disponibilidad para responder a estas preguntas. En este momento está lanzando su nuevo libro, casi una «extensión» de The Digital Reversal. Se titula The technological imperative (un concepto que mencioné en la primera parte de esta serie) y que trataré de leer apenas posible.

(Dado que esta web genera traducciones automáticas, aquí pueden descargar el archivo original de la entrevista en inglés).

Ahora sí, pasemos a las preguntas.

CAS: Llevo varios años enseñando las Leyes de los Medios. Son una herramienta poderosa para analizar los medios y, sobre todo, para generar debates significativos. Las leyes encarnan una doble dimensión: por un lado, funcionan como principios o patrones emergentes; por otro, operan como herramientas analíticas (y así es como solemos utilizarlas en el aula). Como dije en la segunda parte de esta serie de textos inspirados en tu libro, creo que leyes se aplican sobre todo para confirmar la realidad más que a desafiarla. En otras palabras, siempre parecen “funcionar”, y la realidad rara vez las contradice, algo que no habría satisfecho a Karl Popper. ¿Cómo ves esta cuestión en relación con las Leyes de los Medios?

AM: Es un desafío epistemológico interesante. ¿Cómo se prueba o refuta que el medio es el mensaje? ¿Cómo hacerlo de una manera que satisfaga a Karl Popper? En cierto sentido, nosotros, los ecólogos de los medios, somos invencibles para Popper. Lo cual está bien. Las leyes de los medios se basan en el reconocimiento de patrones. Negar los patrones no tiene sentido. O los utilizas o no los utilizas, pero ¿por qué probarlos o refutarlos? Es una epistemología diferente.

Es fácil imaginar a personas que no saben que el medio es el mensaje o que lo ignoran, pero es difícil imaginar algún beneficio en que alguien diga: “no, no, ¡el medio NO es el mensaje!”. ¿Qué sentido tiene? Si piensas que el medio no es el mensaje, bien. Simplemente te pierdes la oportunidad. Por ejemplo, Umberto Eco dijo, literalmente, que el medio no es el mensaje y que el mensaje es lo que el receptor hace de él. De acuerdo, no estaba equivocado; era una comprensión muy común en aquella época, pero ¿qué sentido tiene reiterarlo? Tal vez solo proteger el territorio. Imagina simplemente: ¿y si el medio SÍ es el mensaje? ¿Adónde nos llevaría eso… y al receptor con sus propias ilusiones? En cuanto a Marshall McLuhan, en una ocasión así diría que “si no te gustan esas ideas, tengo otras”.

Veo el reconocimiento de patrones como una óptica que puedes usar o no usar. ¿Te permite ver las cosas correctamente, ajustando eficazmente lo que ves a tus propias necesidades y experiencia y a las de otros? Pongamos el caso: ¿cómo describir la Torre Eiffel? La forma más verificable es contar los tornillos y las tuercas. Pero ver, sentir o conocer los tornillos y las tuercas no te da la Torre Eiffel. Mientras tanto, incluso una silueta amorfa y borrosa activa de inmediato todo el conocimiento cultural de lo que es la Torre Eiffel. Eso es reconocimiento de patrones. Necesita a los otros, necesita experiencia colectiva e individual, tanto “vivida” como teórica. Sería interesante discutir esto con Karl Popper.

Pero creo que tus preguntas no pueden responderse satisfactoriamente. Por supuesto, esta epistemología alternativa del reconocimiento de patrones puede convertirse en una especie de conocimiento chamánico. A veces pienso que está muy cerca de la radiestesia, la búsqueda de agua subterránea con una rama en forma de horquilla, que también se basa en el “reconocimiento de patrones”. Mientras encuentres agua, todo parece ir bien, parece funcionar. Sin embargo, algo falla, porque depende demasiado de la figura del “reconocedor de patrones”. La epistemología basada en el reconocimiento de patrones es compartida por ecólogos de los medios, artistas y chamanes, y no siempre es prestigioso presentarse como uno de ellos.

Por eso debemos mantener una especie de “vigilancia epistémica”, como la llama mi amigo Paolo Granata en su reciente libro Generative Knowledge. Abstraer la experiencia y los patrones en principios y leyes es importante. Creo que Marshall McLuhan lo intuía: comenzó con la poesía y con análisis bastante metafóricos de la publicidad y llegó a la idea de crear leyes universales de los medios.

CAS: Desde mi perspectiva, Robert K. Logan es uno de los teóricos más sólidos y creativos de la ecología de los medios. The Digital Reversal desarrolla una de sus ideas clave: la centralidad de la Ley de la Reversión. Esta ley enfatiza la discontinuidad, ya que se centra en los momentos en que los procesos se convierten en su opuesto, mientras que otras leyes —como la Recuperación— destacan la continuidad (por ejemplo, “el contenido de un medio es otro medio”). ¿Hasta qué punto privilegiar la Ley de la Reversión genera un desequilibrio que corre el riesgo de eclipsar las continuidades en la evolución de los medios?

AM: En primer lugar, quiero decir que Robert K. Logan es, sin duda, uno de los clásicos de la ecología de los medios de nuestro tiempo, y yo he tomado mucho de su obra. En su libro McLuhan in Reverse: His General Theory of Media (GToM), señaló que muchos conceptos de Marshall McLuhan pueden entenderse como reversiones: figura/fondo, causa/efecto, percepto/concepto, explosión/implosión, caliente/frío, etcétera. Incluso sugirió que “el medio es el mensaje” es, en esencia, una reversión, lo cual es una revelación muy sugerente, debo decir.

Por supuesto, como sabemos, Marshall McLuhan insistía en que las cuatro leyes —amplificación, obsolescencia, recuperación e reversión— operan sincrónicamente. Sin embargo, yo me atrevería a aislar la reversión y su significado específico para nuestro tiempo. La condición de reversión se produce cuando un medio o una tecnología alcanza sus límites, sus extremos o su potencial pleno. Y existe un parámetro de nuestro medio dominante que ha llevado todo exactamente a esos límites y extremos, inaugurando la reversión de todo. Ese parámetro es la velocidad de nuestra interacción entre nosotros y con nuestros entornos. Es instantánea: simplemente no se puede ir más rápido.

La electricidad hizo eso con la comunicación: la comunicación alcanzó la instantaneidad, como la comunicación inmediata en condiciones de oralidad, y la sociedad comenzó a invertirse desde la alfabetización hacia el tribalismo, según Marshall McLuhan. Pero los medios digitales fueron aún más lejos: el clic volvió instantánea no solo la comunicación, sino todas nuestras interacciones. Con un simple clic podemos cambiar instantáneamente procesos, lugares e incluso quiénes somos.

Esto transforma por completo no solo la sociedad, sino también nuestras capacidades sensoriales y cognitivas. Nunca antes las reacciones del entorno a nuestras acciones habían sido tan rápidas como nuestros propios impulsos neuronales. El entorno digital ilimitado está conectado a nuestro sistema nervioso de manera instantánea y casi sin fricción. Marshall McLuhan lo anticipó cuando dijo que la electricidad extiende nuestro sistema nervioso central a toda la humanidad. Pero eso está ocurriendo realmente ahora, con la conexión digital.

Con la interacción instantánea, nos estamos acercando a los límites de nuestras extensiones físicas, lo que hasta ahora había sido una especie de “sentido” de la evolución de los medios. Esto parece trastocar la historia humana y comprimir el futuro dentro del presente.

Puede sonar heterodoxo, pero creo que sí: la ley de la reversión eclipsa a las otras tres —amplificación, recuperación y obsolescencia—. Al haber alcanzado los límites de la velocidad interactiva, el estudio de los medios pasa a ser hoy el estudio de las reversiones. Por supuesto, es una cuestión de óptica que uno puede preferir utilizar o no. Pero yo diría que la óptica de las reversiones permite interpretaciones muy prácticas de los efectos de los medios digitales: desde la política hasta la educación, desde el género hasta la epistemología, etcétera.

CAS: Tus razonamientos suelen operar en un alto nivel de abstracción. ¿Cómo concibes la relación entre estas leyes teóricas y la investigación empírica? ¿Qué tipos de metodologías serían más adecuadas para poner a prueba, refinar o incluso falsar afirmaciones derivadas de la Ley de la Reversión?

AM: Puedo repetir que se trata de una óptica que uno puede utilizar o no, pero existe una gran cantidad de evidencia práctica y empírica de reversiones en múltiples ámbitos de la actividad humana. Las reversiones tienen manifestaciones reales, a menudo visibles, por ejemplo, en datos estadísticos que pueden medirse y reproducirse con facilidad. Si observas una tendencia que de repente cambia de dirección, o si ves curvas que se cruzan representando procesos interconectados, eso es una reversión.

Para dar una pista visual, pensemos en el consumo de noticias procedentes de los medios tradicionales, que claramente desciende, y en la tendencia a recibir noticias desde medios digitales. Estas dos curvas se cruzaron en algún momento de comienzos de la década de 2010, más o menos simultáneamente en todas partes. Esa es una de las reversiones digitales básicas. Por mucho que me halague presentarlo como fruto de mi imaginación, no lo es. Ese proceso de reversión existe al margen de los patrones que yo quiera reconocer.

O, en el ámbito de mi formación profesional, el periodismo: los medios informativos pasaron de disponer de abundantes ingresos publicitarios a buscar desesperadamente suscripciones digitales. Esto es claramente una reversión, y ocurrió en todos los lugares donde la industria periodística se encontró con internet. La reversión ecológico-mediática que llevó de la difusión masiva al engagement provocó una reversión empresarial, del modelo basado en anuncios al basado en suscripciones; y esta reversión empresarial generó a su vez una reversión editorial, del suministro de noticias a la validación de noticias: lo que yo llamo posperiodismo.

Todas estas reversiones están documentadas en cifras, manifiestos públicos y personas que perdieron dinero y empleos. Existe una realidad material muy concreta y sólida detrás de estas y otras reversiones específicas.

CAS: Partiendo de tu énfasis en la Ley de Reversión, ¿cómo das cuenta de las asimetrías temporales en la evolución de los medios? En otras palabras, las reversiones no siempre ocurren con la misma velocidad o intensidad que los procesos que invierten. ¿Cómo aborda tu marco teórico estas temporalidades desiguales y los efectos retardados?

AM: Cuando aislamos un determinado efecto mediático, es algo que hacemos en nuestra mente. En la realidad, todos los efectos de los medios están entrelazados de formas muy desordenadas. Además, los efectos mediáticos procedentes de distintos medios y épocas se acumulan, se combinan y se superponen. Por ejemplo, la programación es un subproducto lejano de la electricidad, pero también es un descendiente muy distante del alfabeto. Esto significa que internet simplemente no podría haber surgido en una cultura no alfabética. Para comprenderlo, necesitamos construir un mapa mental muy complejo de efectos mediáticos acumulativos.

Detrás de cualquier efecto mediático se despliega un cuadro histórico complejo. Por ejemplo, una de las quejas relacionadas con los medios digitales es el declive de la alfabetización. Pero la posalfabetización comenzó hace mucho tiempo, en la era moderna. Los primeros signos de posalfabetización, como el acortamiento de las frases, se remontan al momento en que la Ilustración y la imprenta iniciaron el proceso de democratización de la alfabetización. La democratización de la escritura y la lectura hizo que la alfabetización fuera más interactiva, lo cual es un rasgo oral. Después, la invención del papel de pulpa, la rotativa y la linotipia en el siglo XIX abarataron los periódicos y los hicieron dependientes de las masas, no de las élites políticas, favoreciendo lo oral e interactivo frente a lo letrado y abstracto. Luego llegó la radio, el primer medio de masas iletrado, favoreciendo el ascenso del “hombre masa”, por usar el término de José Ortega y Gasset. Y ahora, cuando teclear ha invertido el texto en texting, la larga tendencia hacia la posalfabetización está llegando a su culminación: la inversión de la alfabetización impresa en oralidad digital.

O pensemos en la política identitaria: también es un efecto mediático. Fue causada por la inversión de la escritura, que es inherentemente ciega al lector, hacia medios de masas dirigidos a grupos demográficos específicos. El proceso evolucionó durante siglos, con la comunicación de masas centrándose cada vez menos en el mensaje y cada vez más en la audiencia. La televisión reempaquetó las antiguas clases sociales en audiencias segmentadas comercialmente. Ahí es donde surgió la política identitaria, en algún momento de los años setenta. En la era televisiva, la prevalencia de identificadores demográficos sobre características personales y de clase servía a la segmentación comercial. Pero las redes sociales trajeron otra inversión, al permitir la personalización individual de los contenidos. Desde los medios, la sociedad adoptó los identificadores demográficos como principio dominante de estructuración social. Junto con otros efectos digitales, como la intensificación intelectual de la academia hacia el activismo, esto invirtió la política identitaria de un uso comercial a un uso político, de gestionar consumidores a gestionar ciudadanos.

Por tanto, necesitamos tener en cuenta todos esos efectos acumulativos y superpuestos. Son ellos los que tejen el tejido temporal de la civilización y anclan la historia humana en la evolución de los medios. Para mí, desenredar y reconocer patrones en esos efectos mediáticos compuestos es un ejercicio apasionante.

CAS: Como se sugiere en la reseña de tu libro publicada en Seúl (La Gran Reversión Digital), la aplicación estricta de la Ley de Reversión puede conducir en ocasiones a escenarios bastante apocalípticos que parecen ir más allá de la perspectiva original de Marshall McLuhan. ¿Es posible aplicar la Ley de Reversión sin derivar hacia interpretaciones apocalípticas?

AM: Esta es una pregunta difícil. La aceleración del tiempo histórico, otro efecto de la galopante evolución de los medios, nos deja poco margen para el optimismo. Por cierto, como sabes, Marshall McLuhan, cuando le preguntaban por ello, decía que no era ni optimista ni pesimista, sino “apocalíptico”. Añadía, sin embargo, que el apocalipsis no implica necesariamente oscuridad, ya que promete salvación, lo que quizá refleje su visión católica. Pero creo que aquí estaba más bien bromeando, como hacía a menudo.

Acabo de publicar mi nuevo libro, The Technological Imperative: Why We Develop Our Media, en el que intento mirar hacia el futuro al que nos conduce la evolución de los medios. El imperativo tecnológico es un concepto que Marshall McLuhan mencionó solo de pasada, pero yo lo entiendo como una fuerza motriz de la historia, una mano invisible de la evolución mediática.

El imperativo tecnológico significa que todo medio busca un mejor rendimiento. Pensemos en el martillo: todas las formas históricas del martillo encarnaron algún diseño ideal que lo convertía en la mejor extensión posible del puño y la mano. No importa quién inventó cada forma concreta del martillo. Ese diseño habría surgido de todos modos como la siguiente aproximación mejorada a la forma ideal del martillo.

Esto es el imperativo tecnológico: si un medio puede surgir y mejorar, lo hará. No es intencional, no tiene agencia propia y, sin embargo, impulsa la evolución de los medios en una determinada dirección. Nosotros, los seres humanos, seleccionamos y perfeccionamos las formas funcionales de los medios mediante su uso y rediseño; así, ejercemos una especie de selección natural sobre los medios a cambio de las comodidades —las extensiones— que nos proporcionan. A medida que los medios extienden, o reproducen, nuestras funciones —utilizo aquí el concepto de Human Replay de Paul Levinson— evolucionan hacia una reproducción máxima, una extensión máxima. Actualmente, ya pueden reproducir nuestra personalidad y nuestra inteligencia. Por eso, el imperativo tecnológico nos empuja hacia la inteligencia artificial.

La cuestión es que el imperativo tecnológico, ahora orientado a mejorar constantemente el rendimiento de la inteligencia artificial, no tiene por qué detenerse en el nivel del rendimiento humano. ¿Para qué reproducir a los seres humanos si estos ya han sido superados, como ocurre en el ajedrez, la poesía y muchas otras actividades antes exclusivamente humanas? El imperativo tecnológico impulsará el desarrollo de la IA aún más lejos, más allá de la mera reproducción de las capacidades humanas. Sea o no apocalíptico, estamos destinados a presenciar acontecimientos muy interesantes, y muy pronto, debido al ritmo acelerado de la evolución de los medios.

CAS: Paul es otro de mis ecólogos de los medios favorito. Finalmente, al llevar la Ley de Reversión hasta sus límites, podría sostenerse que, en cierto sentido, estás invirtiendo al propio Marshall McLuhan: llevando sus argumentos al extremo y llegando a conclusiones opuestas. Volviendo a la cuestión inicial, ¿hasta qué punto este enfoque corre el riesgo de pasar del “reconocimiento de patrones” a la “imposición de patrones” al analizar procesos mediáticos complejos? ¿Puede la reversión explicarlo todo, una especie de “ley para gobernarlas a todas”?

Creo que eso es exactamente lo que está ocurriendo: al reconocer patrones, damos forma a los patrones de nuestra percepción y luego actuamos en consecuencia. Pero si esos patrones son erróneos, el efecto se vuelve en contra nuestra. El concepto de reversión es útil para la especulación, porque no puede rechazarse ni refutarse fácilmente. Si, de repente, una reversión no ocurre, o si sucede de otra manera, siempre se puede decir que se trata de una reversión de la reversión. Así que sí: la óptica de la reversión puede volverse universal y universalmente manipuladora.

Pero, francamente, ¿para qué? No hay ninguna epifanía intelectual en ajustar la hipótesis a los resultados a posteriori. Es mucho más productivo utilizar la óptica de la reversión digital para explorar y explicar, pero también para proyectar e incluso planificar. Por ejemplo, para mí está claro que ya no volveremos a tener períodos tranquilos y estables entre cambios mediáticos, como ocurría en el pasado. Después de que, digamos, la imprenta o la electricidad lo transformaran todo, las cosas tendían a asentarse, la sociedad se adaptaba y la vida regresaba a una “normalidad” más o menos duradera. Ya no tendremos ese tipo de calma normalidad debido al ritmo del cambio. Es demasiado rápido. Lo que antes era una era mediática hoy dura menos que una vida humana. Cambios que antes definían largas épocas ahora llegan en años, y pronto llegarán en meses. Por eso necesitamos replantearnos nuestras vidas y adaptarnos a la condición de reversiones constantes.

Otra conclusión es que las reversiones nunca devuelven aquello que habían invertido antes. No es un péndulo. Por ejemplo, la reversión del patriarcado es el feminismo, pero cuando el feminismo alcanza sus extremos, no revierte de nuevo hacia el patriarcado; revierte hacia la fluidez sexual. Y así sucesivamente.

Al comprender estas y otras características de las reversiones, probablemente no aprenderemos a predecirlas ni a gestionarlas —simplemente no tenemos tiempo para ello—. Pero al menos podemos aprender a dar sentido a lo que está ocurriendo y desarrollar algunas estrategias individuales. Ahora mismo estoy trabajando en una de esas estrategias. Mi próximo proyecto se titula “Alfabetización mediática contradigital” (Counter-digital media literacy). Estoy desarrollando la idea de que, en la era digital, la alfabetización mediática no consiste en aprender a usar los medios, sino en aprender a no usarlos. Quiero invertir el propio enfoque de la alfabetización mediática. Esta nos enseña una relación mejor y más intensa con los medios, algo redundante o incluso perjudicial. ¿Qué sentido tiene reforzar su diseño persuasivo, que convierte a los usuarios en adictos? La idea, por tanto, es desarrollar herramientas y consejos para una alfabetización mediática contradigital. Veremos si podemos combatir el imperativo tecnológico y provocar reversiones mediáticas en nuestro beneficio.

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