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Viene del post anterior

En la primera parte de este post -donde quería retomar las discusiones y tendencias sobre el futuro del libro- me dediqué a recuperar algunas de las cifras y estadísticas que circulan por la red. En breve: el consumo de libros electrónicos aumenta, en algunas sociedades más rápido que en otras, mientras que en algunos campos el libro impreso resiste (por ejemplo obras infantiles). Los lectores de eBooks son ávidos lectores, leen más obras y prefieren el soporte electrónico en situaciones de movilidad o para darle una ojeada rápida a un texto. En España se editan tiradas cada vez más pequeñas. El mercado del libro de papel se achica mientras que el electrónico carretea por la pista pero todavía no alcanza a despegar. Pero también pasan cosas más allá de los números…En este post hablaré de dos tendencias que he detectado a fuerza de recorrer librerías y editoriales.

El libro-objeto de colección
Según McLuhan la imprenta de Gutenberg inició la Revolución Industrial: el libro fue el primer producto estandarizado surgido de una cadena de montaje. A medida que otros textos -digitales, fáciles de producir y distribuir a bajo coste, altamente remixables- van conquistando su espacio dentro del ecosistema mediático, ese libro de papel y tinta -aun siendo producido mecánicamente- deja de ser considerada una mercancía industrial para adquirir el aura del cual nos hablaba Walter Benjamin.

Una escena de El Nombre de la Rosa

¿Dónde se detecta ese cambio? Por el ejemplo en la mayor repercusión que están teniendo los discursos de los bibliófilos. Este universo discursivo podría comenzar en el nostálgico diálogo entre Umberto Eco y Carriere, Jean-Claude -Nadie acabará con los libros (2010)- y seguir en el número de diciembre 2011 de la revista Mercurio dedicado a la bibliofilia (descargar en PDF). Algunas frases extraídas aquí y allá de ese ejemplar:

“Como toda afición recolectora, la pasión de la bibliofilia también tiene sus desvaríos y sus singularidades (…) Porque toda pasión tiene sus excesos, sus instantes de supremo placer y sus momentos de decaimiento y abandono, con la ventaja, en el caso de la bibliofilia, de no sentir jamás celos de ninguna nueva pieza, que convive educadamente con su antecesora, sin que por ello cambie el cariño que se le sigue profesando.” (Victor Infantes)

“Los libros –explica– se ofenden si los dejas de lado. Uno siente algo parecido a la pena por los ejemplares no leídos, pero al mismo tiempo disfruta con la expectativa de la lectura aplazada. La busca, el tacto, el hojeo forman parte de un ritual de cortejo que estimula el deseo y anticipa el placer del encuentro.” (Ignacio Garmendia)

“El valor de un libro lo determina, en primer lugar, su rareza. Pero también influye el tipo de encuadernación; que el libro haya sido o no restaurado; que conserve amplios márgenes (en cada nueva encuadernación se pierden unos milímetros de papel), y su estado: la ausencia de humedad, hongos, polilla, manchas de óxido, todo ello influye en el precio. Hasta hace unos años las ventas de libro antiguo se realizaban bien en las propias librerías o en subastas, o por catálogo. Un listado de libros que se enviaba por correo a los clientes, y en el que se describía cada ejemplar en ese peculiar lenguaje, casi de iniciados, que permitía al comprador hacerse una idea exacta de lo que compraba:’papel moteado’, ‘ejemplar fatigado’, ‘pérdida sin afectar al texto’…” (Jesús Marchamalo)

“El bibliófilo –yo lo he llamado ‘coleccionista de papel’ para acercarlo al común de los mortales– está siempre en tensión cinegética, como dicen que lo está el tigre en las selvas del Indostán, y es tan cruel y sanguinario como el tigre cuando se trata de defender la pieza cobrada del asedio de otros bibliófilos o de ocultar un dato a sus rivales. Pero le pierde el exhibicionismo. Todavía recuerdo lo que el poeta X me contó un día acerca de cómo había ido perdiendo una serie de libros muy cotizados de poesía española contemporánea en una época en que su amigo el poeta Z visitaba su biblioteca con frecuencia. Él no establecía una relación causa-efecto entre esas visitas y esas pérdidas, pero yo la vi clara desde el principio. Entre bibliófilos, no hay lealtad que logre resistirse a la pulsión del coleccionismo.” (Luis Alberto de Cuenca)

El discurso bibliófilo se caracteriza por sus pasiones, excesos, exhibicionismos y percepciones. El libro, para el bibliófilo, “siente”, “se ofende”, está “fatigado”, es un ser vivo con el cual podemos mantener una relación casi sexual: se toca, se huele, se lo desea y brinda placer. Podemos imaginar el siguiente escenario: a medida que el libro electrónico ocupe mayores espacios del mercado las prácticas bibliófilas se incrementarán. El coleccionismo de libros sumará nuevos adeptos y su discurso -fundado en esa concepción orgánica y sexual del libro impreso que acabamos de presentar- será uno de los signos de reconocimiento de esta subcultura.

El libro artesanal
Basta dar una vuelta por las librerías para detectar una gran cantidad de libros sobre… libros. Y no estoy hablando de las historias de la lectura (como las clásicas obras de Chartier) sino de libros dedicados a la historia de la edición, la tipografía, los ex-libris y, dato muy importante, la producción artesanal de volúmenes. Veamos algunos ejemplares paradigmáticos publicados en los últimos dos años.

Sobre tipografía, señalo dos obras de este filón que ponen en evidencia el interés por la unidad mínima del libro impreso: la letra.

Lupton, Ellen (2011) Pensar con tipos

Garfield, Simon (2011) Es mi tipo. Un libro sobre fuentes tipográficas

También los ex-libris son motivo de interés. El ex-libris es la única forma de dejar una marca personal en un producto masivo y estándard: si el autor aparece impreso en la portada, el propietario deja su huella a través del ex-libris en la primera página.

Hopkinson, Mark (2011) Ex Libris: The Art of Bookplates

Otras obras recuperan la historia del libro impreso, desde sus páginas hasta sus portadas.

Connolly, Joseph (2011) Faber and Faber:
Eighty Years of Book Cover Design

La editorial Lark explora este territorio a través de dos obras que dicen mucho sobre las tendencias y cambios en la visión del libro: los libros creados por artistas o realizados de forma manual. Estas obras nos están diciendo que el libro, si bien nace como producto industrial, también ha sido un objeto artístico y/o artesanal:

Lark Books (2011) Masters: Book Arts: Major Works by Leading Artists

Lark Books (2010) 500 Handmade Books:
Inspiring Interpretations of a Timeless Form

Finalmente, este boom de libros sobre libros -que, cada uno a su manera, descolocan al clásico producto industrial y lo cargan con nuevas valencias artesanales e inclusive artísticas- también promueve el libro DIY (Do It Yourself):

Smith, Esther K. (2007) How to make books

Golden, Alisa (2011) Making Handmade Books:
100+ Bindings, Structures & Forms

Zamrzla, Erin (2011) At Home with Handmade Books

¿Qué nos está diciendo esta producción de libros sobre libros? ¿Cómo podríamos resumir su “mensaje”? ¿Qué tendencias nos anuncian?

- El libro impreso, ese producto industrial inventado por Gutenberg, comienza a reivindicarse como objeto artesanal o artístico. Este gesto complementa y realimenta el discurso de los bibliófilos. Del libro-mercancía cultural se pasa al libro-objeto artístico-artesanal.
- El viejo producto industrial también tenía una dimensión artístico/artesanal que se expresaba en ciertos lugares como la tipografía o los ex-libris. El interés por estos componentes del libro de Gutenberg también tiende a anular su dimensión industrial en favor de lo artístico-individual.
- Si la cadena de montaje produce cada vez menos libros, llegó la hora de producirlos por uno mismo. Estamos hablando de un libro hecho en casa, artesanal, único, reciclado y sostenible. Si a través del ex-libris el libro industrial se personalizaba, ahora la situación se invierte: se recuperan los restos de la producción industrial para crear un libro único y personal.
- Quizá estamos asistiendo a una bifurcación, no sólo de mercado sino cultural: por un lado el libro digital -el texto líquido por excelencia que circula por las tuberías digitales- y por otro el libro-objeto artesanal, coleccionable y único. La gran duda es determinar qué habrá -si hay algo- entre estos dos extremos.

Libros, vinilos, cómics
Esto que está pasando con el libro impreso no debería sorprendernos. En mi libro Historietas para Sobrevivientes (1999) analicé cómo el cómic pasó de ser un producto bastardo de la industria cultural a considerarse una obra de calidad (“novela gráfica”), con tapa dura y que se vende en las librerías. El cómic, sin dejar de ser un producto industrial, en las últimas dos décadas fue progresivamente adquiriendo el aura que, según Benjamin, caracterizaba a las obras artísticas o de culto.

Algo parecido está pasando con el disco de vinilo (ver el capítulo de Paolo Bertetti en El fin de los medios masivos): cuando todo parecía indicar su extinción el disco de vinilo renace y construye un nicho -pequeño pero sólido- dentro de un territorio donde reina el MP3 (otra vez, bifurcación entre disco-objeto y textos musicales líquidos infinitamente reproducibles y remixables).

A estas alturas el lector se preguntará: ¿Desaparecerá el libro? Como dije al principio de este doble post, no soy futurólogo ni tengo una bola de cristal. Sólo me atrevo a hacer algunas hipótesis a partir de lo que veo y de las evoluciones pasadas del ecosistema de medios. La red socio-tecnológica es un sistema complejo y, por lo tanto, está sometida a las leyes de la emergencia. Sus configuraciones futuras son imposibles de predecir. En otras palabras: el aleteo de un ex-libris en un viejo libro impreso puede generar un tornado en Amazon.com.

Bonus tracks:
- Scolari, Carlos A. (2009) Mientras miro las viejas hojas. Una mirada semiótica sobre la muerte del libro. En Carlón, M. y Scolari, C.A. (eds.) El fin de los medios masivos. El comienzo de un debate. Buenos Aires: La Crujía (PDF)
- Revista Mercurio dedicada a la bibliofilia.
- Nuevos hábitos de lectura, escritura y publicación en la red (PDF)
- The rise of e-reading (Informe Pew)
- E-Books vs. Print Books to Stabilize at 50%?
- Behind the Amazon.com smile (serie de artículos muy críticos del Seattle Times sobre Amazon)
- Infografía: La guerra de los libros en cifras: Papel vs eBook
- El número de libros impresos se redujo el 24,4% en 2011, al nivel de hace 10 años (El País)