Contra Amazon (o la gran estafa de J. Carrión).

Yo ya estaba preparado. Lo tenía claro: otro libro tipo Capitalismo de plataformas (Nick Srnicek) o La silicolonización del mundo (Eric Sadin). Más malestar en la cibercultura. Enésima dosis de neoapocalipticismo. Los que tienen la mala costumbre de seguir este blog, ya lo saben: estoy harto de las críticas a Zuckerberg en los muros de Facebook, de las diatribas contra los algoritmos en las timelines de Twitter y de los libros comprados en Amazon que desmontan los grandes oligopolios digitales. Pero Carrión lo volvió a hacer. Forget the title. Surfeen rápido las primeras nueve páginas -el ya clásico Manifiesto contra Amazon publicado por JotDown y traducido a quichicientos/tropecientos idiomas- y no duden en sumergirse en los capítulos que siguen. En Contra Amazon casi no se habla de Amazon. Después del Manifiesto…, recién en la página 70 un nostálgico Alberto Manguel nos recuerda que “yo no compro libros en Amazon”. (*)

Ah.

J. C. nos descoloca. Los que esperábamos un libro (otro más) contra “las plataformas capitalistas”, un misil al órgano central del aparato circulatorio de Jeff Bezos (¿tiene corazón J.B.?), nos encontramos leyendo un canto a las librerías y bibliotecas, un texto que dialoga con esa maravillosa novela global de no ficción titulada Librerías que sigue sumando lectores en todo el planeta.

En defensa de las librerías, las bibliotecas, la lectura

Digamos las cosas como son: si el libro se hubiera titulado En defensa de las librerías, las bibliotecas, la lectura, ni Guillermo de Baskerville se hubiera sentido tentado a comprarlo. El título debe cachetear al lector. Otra comparación: imaginen si en vez de Chernobyl la serie se llamara En defensa de las energías limpias… ni Vladimir Putin ni la madre del director le hubieran dado al botón “Reproducir”. Pero ya hablaremos de los títulos.

En Contra Amazon J. C. nos mete en las librerías de una Miami colonizada por exiliados e inmigrantes del Sur, nos cuenta la trastienda de la Readings de Melbourne y nos introduce en el despacho de Alberto Manguel, entonces flamante (y efímero) director de la Biblioteca Nacional de Argentina, la misma que había dirigido J. L. Borges. También nos lleva de paseo con Iain Sinclair por una Londres en vías de extinción o nos acerca a la casa de Curzio Malaparte en Capri. En “Bibliotecas de ficción” Carrión juega a dos puntas entre J. L. Borges y Alfonso Quijano (como anticipando el libro Shakespeare & Cervantes, publicado el año pasado) mientras que, en el capítulo “En defensa de las librerías”, asume enfáticamente la necesidad de preservar estos espacios tridimensionales y reales que nos deparan tantos placeres y saberes. Pero la defensa de las librerías no implica solo la crítica a Amazon: también los grandes grupos editoriales, a los que les sale más lucrativo “invertir un millón de euros en una única novela de Carlos Ruiz Zafón que hacerlo en quinientas novelas de otros tantos autores”, están en la mira de Carrión.

El libro abunda en sorprendentes miniaturas librescas, por ejemplo cuando un amigo de Augusto Monterroso cuenta que lo dejaba a las 9.00 de la mañana en Strand, la mítica librería de New York, y lo pasaba a buscar doce horas más tarde. O cuando el propietario de Bumkitsu de Tokyo, siguiendo el modelo de la Lello (Oporto), explica que “para nosotros ir a una librería se parece mucho a ir a un museo, donde todo lo miras y no necesariamente compras, por eso fijamos un precio de entrada de 1.500 yenes“. Glup. Ante la crisis, a lo largo del libro se presentan infinidad de experiencias de rediseño de las librerías de todos los continentes. Y, cada tanto, algún garrotazo contra Amazon.

Sí, en Contra Amazon cada tanto aparece el evil creado por Jeff Bezos, pero son apariciones puntuales y esporádicas. Solo un poquito de olor a azufre en algunos capítulos, un 666 marcado en el margen de un viejo libro comprado en calle Donceles (Ciudad de México) o una gallina decapitada en los restos de un aquelarre nocturno en la puerta de Shakespeare and Co. Ni vale la pena llamar al exorcista. En este sentido, Contra Amazon es más un manual de tácticas de supervivencia para las (pequeñas) librerías que un texto de estrategia militar para destruir a Amazon.

Dicho en otras palabras: Contra Amazon puede ser leído como una secuela de Librerías, o como una precuela si todavía no lo han hecho. O quizá sea la antesala de otro libro todavía no escrito dedicado a las Bibliotecas. O de un volumen sobre las bibliotecas y librerías que aparecen en las series de televisión. Chi lo sa. Imposible decir por dónde nos sorprenderá J. Carrión.

En defensa de Amazon

Estaba tan preparado para salir al cruce de Contra Amazon que me da lástima no compartir con ustedes algunas reflexiones. Vayamos por partes:

  • Entro en librerías al menos una o dos veces por semana. Alrededor del 50% de las veces salgo con uno o más volúmenes en la mochila (previo paso por la caja, claro).
  • Casi no entro en las bibliotecas, salvo que me encuentre de estadía de investigación en alguna universidad extranjera o esté interesado en un volumen muy específico; en ese caso, lo busco o encargo en la biblioteca de la UPF. Tengo un gran recuerdo de las bibliotecas de la University of Toronto, un enorme masacote de 13 pisos muy parecido a la biblioteca de El Nombre de la Rosa, y de la New York University, un paradisíaco refugio en medio del infierno estival de Manhattan.
  • Compro en Amazon libros en inglés. Casi siempre textos científicos y, cada tanto, algún cómic o novela. Tres o cuatro pedidos al año. Muchas veces hago compras online al regresar de un congreso: veo los libros en los stands de las editoriales, los (h)ojeo y, si me gustan, les saco una foto. Para no volver con la maleta cargada, apenas aterrizo los encargo. Los mejores libros científicos de mi biblioteca entraron en casa de esta forma.
  • Algunas cosas de Amazon no me gustan para nada, desde la tendencia a la monopolización hasta la explotación laboral de sus trabajadores. Pero no creo que Amazon sea responsable del cierre de las librerías. O por lo menos la única responsable. Las transformaciones socio-tecnológicas son muy complejas y nunca podemos reducirlas a simples causalidades. Amazon es responsable del cierre de librerías de la misma manera que Kodak redujo el número de estudios fotográficos donde las familias de la segunda mitad del siglo XIX se hacían las fotos, o Ford selló la casi extinción de las caballerizas y los herradores. Se trata de procesos que emergen a partir de la interacción de múltiples actores individuales, institucionales y tecnológicos (hablo de estas cuestiones en mis libros Las Leyes de la Interfaz y Media Evolution). Y otra cosa: no me extrañaría que Amazon haya incrementado el número de lectores en el mundo (y la venta de libros, tanto en formato papel como digital).
  • Me gustan ciertos servicios de Amazon, por ejemplo la posibilidad de descubrir infinidad de autores y textos dentro mi área de investigación. También me interesan las reseñas de los lectores, las recomendaciones (sobre todo aquellas que se generan cuando los algoritmos enloquecen) y la posibilidad de (h)ojear en la pantalla un libro imposible de tocar en 10.000 km a la redonda.
  • A diferencia de J. C., no me molesta que la plataforma de Jeff Bezos venda lámparas de techo o cortinas para baño con la tabla periódica (Remember Big Bang Theory?). Es más, he comprado ambas cosas en Amazon. También compré el destapador de botellas con forma de Enterprise (Remember Star Trek?). No entiendo por qué J.C. se enoja tanto por el hecho de que Amazon no venda sólo libros: basta entrar en cualquier librería de Barcelona, NYC o Buenos Aires para encontrarse con montañas de libretas Moleskine, medias/calcetines de autor y bolsas de tela. Por no mencionar esos cositos magnéticos para poner en la nevera/heladera, cajas de post-its con los colores de la bandera LGBT y capuchinos decorados con flores estilo William Morris. En Argentina tenemos una palabra para designar estos comercios polirrubro: vendetutti. Estamos en la fase de la librería vendetutti.
  • Tendría otras cosas para decir sobre Amazon, las librerías y las nuevas prácticas de lecto-escritura, pero ya las dije en Cultura escrita y textos en red, el diálogo que mantuvimos con Roger Chartier publicado por Gedisa hace un par de meses. Sí, no es necesario que lo digan: el título de este libro no es precisamente sexy. Si le hubiéramos puesto Fahrenheit 450 o Libro D.E.P. o FuckBook, seguramente seríamos trending topic y estaríamos “incendiando las redes”.
  • Ahora sí, hablemos de los títulos.

Paratextos

No solo de títulos: hablemos de libros, títulos, subtítulos y otros paratextos. Hay libros en los que el subtítulo es más importante que el título. Un ejemplo: Convergence Culture de Henry Jenkins (2006). El concepto de “convergencia” nos lleva a pensar en una fusión fría entre la industria de los medios y las culturas colaborativas. Un proceso tranquilo, fluido y sin grandes traumas. Sin embargo, nadie le da importancia al subtítulo: “Where old and new media collide“. Aquí la cosa cambia: pasamos de la convergencia tranquila al choque de trenes entre dos lógicas culturales, al conflicto entre dos formas de entender la producción, distribución y consumo de los contenidos. Además, el subtítulo hace referencia a When worlds collide, un clásico de la literatura (Philip Wylie y Edwin Balmer, 1932) y el cine de ciencia ficción (Rudolph Maté, 1951). Un guiño galáctico al lector-friki de parte del autor-friki.

Algo parecido nos pasó con Mario Carlón cuando publicamos El fin de los medios masivos (1º edición: 2009, 2º edición: 2014): muchos se quedaron en el título y no prestaron atención al subtítulo “El comienzo del debate” (1º edición) y “El debate continúa” (2º edición). El libro, donde participaron autores de América Latina, Canadá y Europa, es un mosaico de opiniones y puntos de vista que se repelen/acercan a medida que el lector recorre sus páginas. Si en un capítulo Sandra Valdettaro reivindica la supervivencia del diario en papel, unas páginas más adelante yo lo doy casi por despachado en unos pocos años… E così via. El libro juega en la tensión entre continuidad y discontinuidad, entre la muerte y la reencarnación mediática. Muchos no-lectores solo se quedaron con el título, no leyeron el subtítulo ni el índice ni todo lo que venía después. “Carlón y Scolari sostienen que murieron los medios masivos”, dicen que dijo un profesor de la Universidad de Buenos Aires.

Ah.

Este es el problema de poner títulos demasiado sexis: pueden eclipsar al resto del libro, haciendo creer al no-lector que su lectura es prescindible.

Creo que en Contra Amazon pasa algo por el estilo. El libro amaga con un cross contra las plataformas digitales pero el lector termina encajando un uppercut: las librerías y las bibliotecas esconden historias, no solo dentro de los volúmenes de celulosa impresa. Y Contra Amazon nos cuenta esas historias. J. C. es más que un gran lector de libros: es el gran lector-escritor de las librerías y bibliotecas, esos espacios que “crean contexto”.

Otro componente del paratexto es la faja, esta tirita de papel que cruza la cubierta y le agrega un valor agregado. No todos los libros tienen faja. A veces las fajas son una especie de subtítulo reloaded. En el caso de Contra Amazon, la faja reza: “Diecisiete historias en defensa de las librerías, las bibliotecas, la lectura”. O sea, si alguien quiere llevar a juicio al autor o la editorial, lo va tener chungo. La faja, encima, es perfectamente visible y no vale eso de “me engañaron con la letra pequeña”. Quienes se comieron el amague del “contra Amazon”, deberían haber leído la faja. #metoo.

Alternativas

Si usted se siente estafado y compró Contra Amazon en Amazon (sí, esas cosas son posibles y suelen pasar), puede leerlo, devolverlo y pedir que le envíen Librerías. Si lo compró en una ídem, pida el cambio y rece para que se lo acepten. Aunque lo más recomendable es quedarse con ambos volúmenes. Y leerlos.

J.C. nos coló un gol por debajo de la barrera. Aunque, lo reconozco, esto de poner títulos juguetones es un vicio. Casi casi me vienen ganas de titular este post “Contra Amazon (o la gran estafa de J. Carrión)”.

Notas

(*) Ooppss! Acabo de encontrar una mención a Amazon unas páginas antes, exactamente en la 23.

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2 Comments

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  1. Muy buen post. Muy deportivo, también. Coincido con vos en todo y agrego: el placer que produce leer la escritura de Jorge Carrión es extraordinario. Es el lectoescritor que más admiro.

  2. Algunas crónicas, como la de las librerías de Seul, son buenísimas. Dan ganas de largar todo y subirse al avión.

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