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El libro “El lectoespectador” de Vicente Luis Mora (ver la primera y segunda parte de mi reseña) me dejó unas cuantas neuronas trabajando. En la página 59 dice Mora que los nuevos intelectuales son capaces de “trabajar en red” y de “percibir la historia y la tradición literaria de un modo sincrónico”, identificando una “continuidad entre todas las ramas del arte y la ciencia”. Más adelante vuelve a la carga y nos habla de una “continuidad epistemológica entre la literatura, la imagen, la sociología, el arte, la música, las nuevas tecnologías y la ciencia” (página 101). Para describir estas continuidades Foucault hubiera empleado el concepto de “episteme” mientras que Kuhn se hubiera decantado por “paradigma”.

Hace un par de meses publiqué una serie de posts sobre los cruces entre las teorías de la comunicación de masas, las hipermediaciones y el cine (ver el primer, segundo y tercer post). Hoy comienzo otra serie sobre las posibles recombinaciones entre teoría, (hiper)medios y literatura. Más allá de buscar “continuidades” entre textos teóricos y obras literarias, me interesa poner en evidencia la posibilidad de utilizar esas obras para establecer buenas conversaciones dentro y fuera de las aulas. O sea: podemos enseñas las teorías de la comunicación y las hipermediaciones recurriendo a obras literarias. La recombinación de lecturas -por ejemplo pedirles a los estudiantes que lean simultáneamente una novela/cuento y un paper- puede generar impresionantes efectos de sentido y servir como dispositivo creador de nuevos conocimientos.

Teorías de la Comunicación de Masas
Como ya dije varias veces, no se puede hablar de la comunicación en red si antes no se trata la cuestión del broadcasting. O dicho en otras palabras: para hablar de las Hipermediaciones primero debemos repasar las Teorías de la Comunicación de Masas. Si seguimos el recorrido canónico, deberíamos comenzar con la Mass Communication Research ¿Qué obra literaria sirve para identificar continuidades y disparar conversaciones sobre este marco teórico? Sería un libro que hablara de la radio o la prensa, el impacto de los medios en la población y, obviamente, la cuestión de la manipulación política. Quizás It Can’t Happen Here (1935) del premio Nobel Sinclair Lewis responda a este perfil. Encontré esta reseña que nos puede orientar respecto al contenido de esta obra:

“La novela nos relata la hipotética implantación de un régimen fascista en los Estados Unidos. En este sentido, parece compartir la idea central de La conjura contra América, de Philip Roth. Las diferencias entre ambas, sin embargo, son notables. Así, mientras Roth escribió su novela con la perspectiva que le dan los casi ochenta años transcurridos desde el momento de la narración, Lewis fue escribiendo la suya al tiempo que el corazón de Europa se lanzaba de cabeza a la orgía del nacionalsocialismo. It can’t happen here fue publicada por primera vez en 1935, es decir, en pleno auge del nazismo. Podría decirse que mientras Roth crea una excelente ficción a partir de un ‘¿qué hubiera pasado si?’, lo que se da en llamar una ucronía, Lewis, por su parte, y salvando las distancias, se acerca más a la literatura distópica de Orwell o Huxley, con la desventaja de que situaba su distopia en el futuro más inmediato…”

Si bien Lewis no se destacaba por la calidad de su estilo, la obra puede servir para abrir el debate sobre el rol de los medios en la década del 1930, cuando nacieron las primeras teorías sobre los efectos. Si prefieren algo más contemporáneo, también es recomendable  La conjura contra América del gran Philip Roth.

Si cruzamos el Atlántico y nos confrontamos con la Escuela de Frankfurt, no cuesta mucho encontrar obras que propongan una visión apocalípica y manipulatoria del poder. Entre todas ellas me quedaría con 1984 (1949) de George Orwell, un clásico de todos los tiempos. Como alternativa, se puede trabajar con V for Vendetta (1982-85), el cómic de Alan Moore y David Lloyd que actualizó en clave thatcheriana el relato de Orwell.

Semiótica
Si nos vamos para el lado de los paradigmas semiótico-discursivos, yo creo que hay dos cruces ineludibles entre teoría y literatura. En 1962 (atención a las fechas) Umberto Eco publica Opera Aperta, un ensayo donde habla de la “obra en movimiento” y cómo, en algunos casos, el lector encuentra el sentido de una manera activa delante de la obra. El texto rechazaría cualquier orden singular en favor de una pluralidad de órdenes interpretativos.

Al año siguiente Julio Cortázar publica Rayuela, una obra abierta a todos los efectos. Cortázar hace estallar el relato lineal aristotélico para proponer una obra que es “como la experiencia de toda una vida y la tentativa de llevarla a la escritura”.

Ya que hablamos de Umberto Eco, lo descontado sería incorporar El Nombre de la Rosa a nuestro plan de lecturas. Esto hacía mi amigo Mon Rodríguez hacía hace unos años en la Universitat de Vic: para muchos alumnos esa fue su primera lectura de una novela (¿habrán seguido otras?). Desde ya recomiendo leer esa obra -la cual no deja de ser un excelente tratado de semiótica- pero prefiero otros cruces entre literatura y teoría. Veamos qué tal les suena este: en 1979 Eco publicó la que considero su mejor obra teórica -me refiero a Lector in fabula. La cooperación interpretativa en el texto narrativo, un texto donde termina de dar forma a su teoría interpretativa-, el mismo año en que Italo Calvino saca de la imprenta Si una noche de invierno un viajero. Ambos libros hablan de lo mismo: de la complejidad del trabajo interpretativo y del texto como espacio donde se enfrentan dos estrategias: la del lector y la del autor.

Cuenta la leyenda que Clavino le envió un ejemplar a Eco dedicado con la siguiente frase: “A Umberto, superior stabat lector, longeque inferior Italo Calvino”. Dejemos que el mismo Eco nos explique su significado…

“La cita proviene obviamente de la fábula de Fedro, el lobo y el cordero (‘Superior stabat lupus, longeque inferior agnus’, el lobo aguas arriba del arroyo y el cordero aguas abajo) , y Calvino se refería a mi libro Lector in Fabula. ‘Longeque inferior’ significa ‘más abajo’, ‘hacia el valle’, pero también ‘estado de inferioridad’, ‘menos importante’, una ambigüidad referencial. Si la palabra ‘lector’ indica mi libro, Calvino elegía un rol irónicamente humilde o, al contrario, se asignaba orgullosamente el rol positivo del cordero, dejándome, en tanto teórico, el disfraz del Lobo Malo. Si, por el contrario, la palabra ‘lector’ indica al Lector, entonces Calvino estaba realizando una afirmación decisiva, rindiendo homenaje al rol del lector…”

Como podemos ver, los cruces entre teoría y literatura generan espacios de intercambio de gran valor. Esta historia, obviamente, no termina aquí.

Continuará.

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