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Viene de la primera parte

Sigo con la segunda parte de este post dedicado a las posibles recombinaciones entre teoría, (hiper)medios y literatura. Más allá de buscar “continuidades” entre textos teóricos y obras literarias, me interesa poner en evidencia la posibilidad de utilizar esas obras para establecer buenas conversaciones dentro y fuera de las aulas. O sea: podemos enseñas las teorías de la comunicación y las hipermediaciones recurriendo a obras literaria. En este post, a diferencia del anterior, proliferan las obras de ciencia ficción, quizá las que mejor han intentado reflexionar sobre las mutaciones tecno-sociales que vive la sociedad contemporánea.

Nuevas lógicas productivas
Una de las novelas más famosas de los años 1990 nos introduce en el mundo de los informáticos, los videojuegos y las relaciones peligrosas con el capital … Evidentemente me estoy refiriendo a Microserfs (Microsiervos) de Douglas Coupland:

Evolución de los medios
Si queremos abrir el debate sobre el fin de los libros no podemos obviar la mayor contribución al tema: Fahrenheit 451 de Ray Bradbury ¿Cómo sería un mundo sin libros? ¿Qué alternativas tendríamos más allá de volver a la cultura oral y las prácticas mnemotécnicas? Leer este libro junto a las contribuciones de Marshall McLuhan, Walter Ong o Eric Havelock puede ser una de las mejores formas de entrar en el territorio de la Media Ecology. Podríamos decir que Fahrenheit 451 está a la ciencia ficción y la ecología mediática como Apocalypse Now está al género bélico y el psicoanálisis.

Hipertextos
La reflexión sobre el hipertexto y la narrativa interactiva puede ser acompañada por la lectura de alguna novela que deconstruya el relato, como la Rayuela de Cortázar (ver el primer post) o la más contemporánea House of Leaves de Mark Danielewski. Este texto es un ejemplo de literatura ergódica que lleva al papel la fragmentación y reticularidad de los hipertextos. Las páginas de House of Leaves nos deparan sorpresas gráficas y nos obligan a repensar nuestra idea de autor, lector y texto.

Otra posibilidad es leer alguna novela hipertextual como Afternoon de Michael Joyce (ver la primera parte de la serie anterior de posts). De todas maneras, creo que la mejor forma de comprender qué es un hipertexto es escribir uno…

Interfaces / redes / ciberespacio
El libro clave para reflexionar sobre las interfaces lo escribió William Gibson y se llama Neuromancer (Neuromante en castellano). Este volumen no sólo fundó el subgénero cyberpunk sino que también introdujo en la cultura de masas conceptos fundamentales para las ciberculturas como cyberspace o interface. En otras palabras: sin Neuromancer no habría The Matrix ni revista Wired.

Y ya que hablamos de espacios virtuales, también otro clásico del cyberpunk como Snow Crash -de Neal Stephenson- puede enriquecer nuestras conversaciones teóricas sobre el ciberespacio y la vida en las redes.

Ambas obras son bastante densas, proponen rebuscados juegos del lenguaje y complejidades narrativas que pueden no ser del agrado de nuestros estudiantes. En ese caso, se puede proponer como lectura algunos de los textos -más breves- incluidos en la famosa antología Mirrorshades: The Cyberpunk Anthology de Bruce Sterling:

Privacidad
El tema de la privacidad y la crisis de la oposición público-privado está al centro del debate, especialmente desde la llegada de las redes sociales y la web 2.0. Hay unos cuantos libros que hablan del tema en clave pre-digital, pero quizá Brave New World de Aldous Huxley es uno de los más interesantes para introducir y discutir sobre esta cuestión.

Inteligencia artificial
El tema de la inteligencia artificial es uno de los grandes argumentos de la ciencia ficción del siglo XX. El mismo día en que se apretó el botón “ON” en la primera computadora surgió el temor de que ese “cerebro artificial” terminara por dominar al Homo Sapiens. Una de las reflexiones más interesantes sobre estas máquinas inteligentes la propuso Isaac Asimov en I, Robot.

Seguramente hay más libros para agregar a esta lista -los invito a sumarlos en los comentarios!- pero por hoy terminamos. Me despido con una reflexión final: si pensamos al aula como un espacio polifónico y a la educación como un proceso dialógico, debemos aumentar el espectro textual que utilizamos en esos intercambios. La experiencia educativa debe dejar de estar exclusivamente centrada en el texto “didáctico” o “teórico”. Una película, una novela o un cómic pueden decir mucho y, si los recombinamos con textos académicos, llegar a generar interesantes efectos de sentido.