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El año pasado ya escribí en este blog sobre Alessandro Baricco y sus bárbaros (ver post Civilización y barbarie: narrativa transmediática, libros y nuevas experiencias). Ayer tuve la ocasión de escucharlo en vivo en Kosmópolis 2011, el megaevento organizado por el CCCB y dedicado a la narrativa amplificada. En casi una hora Baricco fue desgranando sus ideas de manera lenta y contundente, quizás favorecido por una traducción consecutiva que le permitió dejar caer frases breves y potentes en el mejor estilo de Marshall McLuhan.

Baricco comenzó su exposición hablando de Homero, la cultura oral y la necesidad de pasar el conocimiento de una generación a otra. Nosotros hoy reivindicamos a Homero como poeta, pero en su época sus relatos eran enciclopedias populares que explicaban desde cómo construir un escudo hasta cómo atracar un barco. Para facilitar la memorización y exposición el relato era rítmico. Más que un “rapsoda”, según Baricco Homero hacía rap.

Pero esta cultura basada en la transmisión oral no podía durar para siempre. Un día llegaron ellos, los bárbaros, que pusieron en peligro la hegemonía de la palabra pronunciada. Se llamaban filósofos. Baricco puso a  Platón en el centro de esa transición y lo ejemplificó con sus obras: Platón escribía “diálogos”, o sea que ponía por escrito intercambios orales. Platón tenía un pié en la oralidad y otro en la escritura.

A Baricco, como ya vimos a propósito de Homero y el rap, le gusta mezclar lo nuevo con lo viejo, lo culto con lo bastardo. Sigamos su juego. Baricco se olvidó de mencionar que a Platón no le caía simpática la escritura. En el Fedro Platón puso en boca de Sócrates una serie de críticas a la escritura, algunas de las cuales fueron retrabajadas por Walter Ong casi 25 siglos más tarde. Platón le criticaba a la escritura la mismo que Nicholas Carr le critica hoy a Google: la escritura / Google reduce nuestra capacidad de memorización. Puro terror a los bárbaros.

Pero volvamos a Baricco. Los filósofos bárbaros, empuñando la escritura, dieron vuelta un ecosistema cultural y crearon otro fundado en la palabra escrita. El poder, afirma Baricco, siempre disputa en primer lugar el espacio de la escritura. Apropiarse de la palabra y de las formas de comunicar es el primer gesto de las elites que aspiran al poder.

Pasaron los siglos y Baricco nos lleva de Platón a Flaubert. Una nueva mercancía cultural se perfila en Occidente: la novela. Quizás de manera un poco esquemática Baricco menciona la popularización del formato-novela a finales del siglo XVIII (¿Y El Quijote de 1605?) y la aparición de una nueva figura: el lector. O mejor: las lectoras.

La publicación de Madame Bovary de Gustave Flaubert en 1857 produjo una seguidilla de escándalos. Las autoridades acusaron al autor y la editorial de “atentar contra la moralidad” e iniciaron acciones legales. Baricco se sumergió en los documentos del juez y descubrió que la obra de Flaubert era acusada de generar aislamiento en las lectoras, inapetencia y falta de interés. Baricco lo representó claramente: el marido volvía a casa después de un duro día de trabajo y se encontraba a la mujer leyendo y la comida fría sobre la mesa… una situación que se repetía momentos más tarde en la cama, donde la esposa seguía inmersa en su libro. Está claro: Madame Bovary era igual que un videojuego, y por lo tanto debía ser prohibida.

Baricco concluyó su presentación diciendo que, a pesar de los anuncian un apocalipsis de la palabra frente a la “sociedad de la imagen”, nos pasamos el día escribiendo. Mandamos decenas de emails y SMS, enviamos montañas de Tweets, escribimos comentarios en blogs y Facebook… Y aquí entra en escena Steve Jobs: la diferencia es que los nuevos bárbaros escriben en otros soportes como el iPhone o el iPad. En la presentación no hubo tiempo para profundizar en la cuestión de los nuevos formatos: escribimos en nuevos soportes pero también se generan nuevas textualidades, más breves, fragmentarias que conforman la llamada cultura snack. Sin embargo en el turno de preguntas Baricco introdujo un elemento interesante: a la hora de analizar las nuevas textualidades no debemos fijarnos en el simple email o Tweet sino pensar en todo lo que producimos a lo largo del día. No interesa tanto el microfragmento de 140 caracteres sino el gran texto nuestro de cada día.

Los bárbaros están aquí. La mutación ya llegó y como una pesadilla radioactiva se ha infiltrado en nuestras ciudades. No sirve de nada acumular botellas de agua mineral o libros impresos: nada volverá a ser como antes.

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