«Argentina 1985», entre los medios y las mediatizaciones.

De Argentina 1985, la película dirigida por Santiago Mitre, se ha dicho todo y lo contrario de todo. En estas semanas han proliferado los artículos que ensalzan al largometraje, lo crucifican o se dedican a apuntar todo lo mostrado (y lo no mostrado) en cada uno de sus fotogramas. Las lecturas políticas, como no podía ser de otra forma, desplazaron en gran medida a las interpretaciones estéticas. En esta entrada de Hipermediaciones (la número 292 de este blog) me interesa analizar Argentina 1985 desde una perspectiva mediática eco-evolutiva. La reconstrucción del ecosistema mediático argentino de los años ochenta realizada por el equipo de producción es tan detallada -y para nada marginal en el desarrollo de la trama- que vale la pena detenerse a investigar cómo se comunican los personajes y a través de cuáles medios.

Entre la ecología y la evolución

En mis conferencias, clases y seminarios siempre hago mención a la complementariedad que existe entre la ecología y la evolución de los medios. Este año publiqué el artículo «Evolution of the media: map of a discipline under construction. A review», un texto donde explico con lujo de detalles el pasaje desde el enfoque ecológico al evolutivo (hay versión en castellano). Podríamos decir que la evolución y la ecología son dos enfoques que, como la mirada diacrónica y la sincrónica en la lingüística estructural de Ferdinand de Saussure, se complementan y refuerzan mutuamente. En este contexto, el largometraje de Santiago Mitre se nos presenta como una reconstrucción muy detallada del ecosistema mediático argentino de ese momento y, visto desde hoy, nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre la evolución de ese entorno comunicativo.

Los medios

Argentina 1985 se abre con un medio y se cierra con otro. La primera escena comienza en un coche, una noche lluviosa, mientras el fiscal Julio Strassera regresa a su casa escuchando la radio. Más adelante aparecerá la televisión, la cual será presentada en una clásica situación «Simpsons» de consumo familiar en modo broadcasting: el fiscal y su familia miran el discurso del Ministro Antonio Tróccoli, una pieza de oratoria que pasó a la historia como la versión más citada (y repudiada) de la «teoría de los dos demonios». Es interesante volver a la secuencia inicial de «Los Simpsons»: emitida por primera vez en enero de 1990, en el segundo episodio de la serie («Bart the Genius»), se podría decir que esa escena nació vieja. En agosto de 1991 Tim Berners Lee subía a su servidor la primera página web y daba inicio a un proceso de atomización de las audiencias que dura hasta nuestros días. Esa familia reunida al completo frente a la pantalla chica es un recuerdo del pasado, una imagen que viene de ese mundo pre-web que tan bien nos presenta Argentina 1985.

En otra escena aparecen las portadas de los diarios en un kiosco. Dado que el largometraje es en buena parte un biopic de Strassera, esta presencia de la radio, la televisión y la prensa sirve para contextualizar la situación nacional e incorporar los ecos de las agendas mediáticas y políticas dentro de la trama. Por otra parte, los medios masivos son marcas tecnológicas que, como explicaba Algirdas Greimas, sirven para «espacializar» y «temporalizar» el discurso. Los medios cumplen la misma función que los omnipresentes cigarrillos o la coupé Fuego (Renault) que aparece en un fotograma de la película. Es innegable que esta historia transcurre en Argentina a mediados de los años ochenta.

Pero los dispositivos de comunicación no se agotan en los medios masivos. Argentina 1985 es un catálogo mediático muy rico que solo deja de lado un par de productos (ya volveremos a ellos, a los medios ausentes en la película). Veamos algunas situaciones. Por una parte, tenemos todos los medios analógicos propios de la burocracia judicial, desde esos legajos interminables hasta los documentos sellados. En una entrevista el fiscal Julio Strassera dijo una vez que «la computadora de la Fiscalía era una serie de fichas». La película muestra en numerosas ocasiones esa maquinaria analógica judicial que, cuarenta años más tarde, no parece haber evolucionado mucho.

En ese ecosistema mediático pre-smartphone los personajes de Argentina 1985 se comunican a través de teléfonos fijos privados (donde el fiscal y su familia reciben las amenazas) y públicos (los periodistas dictando las noticias a sus respectivos medios en las cabinas naranjas de Entel). Y vuelvo a los cigarrillos: la ausencia de teléfonos móviles también opera como una marca temporal. Todo esto me recuerda el cuento «El móvil de Hansel y Gretel» de Hernán Casciari:

Qué espantosa resultaría la literatura —toda ella, en general— si el teléfono móvil hubiera existido siempre, como cree mi hija de cuatro años. Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas tramas hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil se habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción.

Durante el proceso judicial se utilizaron otros medios como los proyectores de diapositivas o los equipos de amplificación que aparecen puntualmente en la película. En un guiño a la narrativa policial contemporánea, el equipo del fiscal Strassera también utiliza con calendarios, mapas, hilos y post-its (que fueron introducidos en el mercado precisamente a comienzos de la década de los ochenta). Los fiscales debían demostrar que la represión se había implementado en todo el territorio argentino; al no haber operado de forma directa y en primera línea en la tortura y desaparición de personas, esta visión nacional era la única manera de acorralar judicialmente a los comandantes de las sucesivas cúpulas militares.

¿Ese es tu walkman?

Si hay un medio emergente que caracteriza a los años ochenta es el walkman. El aparatito presentado en sociedad por Sony en 1979 y producido de manera ininterrumpida hasta 2010 (!) fue una de las marcas de esa época. Cuenta la leyenda que mientras caminaba solo por una calle de Nueva York el presidente de Sony Akio Morita tuvo su primera visión del walkman, un pequeño dispositivo electrónico que le permitiera jugar al tenis mientras escuchaba a Bach. O viceversa.

Cuando desarrollamos el walkman muchos vendedores dijeron que una máquina así chiquita era invendible …. sobre todo porque no se podía grabar. Pero yo tenía el presentimiento de que se vendería. Les dije: ‘Bueno, un reproductor de cassettes para auto tampoco permite grabar’. No parecían demasiado entusiasmados. Les dije que si no se vendían 100.000 unidades antes de fin de año, me iría de la Sony.

Para el año 2010 se habían vendido 200 millones de unidades. Sin llegar a ser un signo puro y duro de rebelión (como quizás los jeans o la guitarra eléctrica en la posguerra), el walkman significó la posibilidad de construir «paisajes sonoros» personalizados y percibir el desplazamiento a través de los espacios urbanos desde una perspectiva nueva. No es casual que el personaje más rebelde de la película, la hija del fiscal, sea la portadora de esta flamante forma de mediatización sonora. Su padre, en cambio, escucha música clásica en un tradicional equipo Hi-Fi, esos que también servían para distinguir (Pierre Bourdieu dixit) a unas todavía pudientes clases medias argentinas.

Volviendo a los medios masivos, resulta interesante señalar que, como diría Eliseo Verón, no solo aparecen en «fase de reconocimiento» (el fiscal escuchando la radio o su equipo de alta fidelidad, la familia mirando al ministro Tróccoli en televisión, etc.) sino también en «fase de producción». Si en la sala donde se desarrolla el juicio proliferan las cámaras de televisión y fotográficas, al mismo tiempo que se registran a través de micrófonos los testimonios de las víctimas, en otra escena se muestra el allanamiento de un estudio de radio por parte de fuerzas policiales. Todas estas reflexiones nos llevan a otra cuestión: la mediatización del juicio.

La mediatización

¿Cómo se mediatizó el juicio a las juntas militares de la dictadura? Si bien el juicio era público, las dimensiones de la sala -tal como se aprecia en la película- no permitían una gran asistencia. En su momento solo se emitieron por televisión unos pocos minutos al día (sin audio) por presión de los militares, quienes no querían que la sociedad escuchara de manera directa las declaraciones de las víctimas. Acabo de leer en Wikipedia que

el abogado penalista Bernardo Beiderman organizó un operativo secreto para llevar a un lugar seguro los videos con las grabaciones del juicio. Los jueces temían por la desaparición de las pruebas documentales. El 25 de abril de 1988, Beiderman viajó, junto a los seis jueces de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional Federal de la Capital Federal, Andrés José D’Alessio, León Carlos Arslanián, Ricardo Gil Lavedra, Jorge Torlasco, Jorge Valerga Aráoz y Guillermo Ledesma, rumbo a Oslo, Noruega. Los videos quedaron guardados junto al texto original de la Constitución de Noruega en una habitación a prueba de incendios o bombas atómicas.

Ante las evidentes limitaciones operativas, el juicio fue mediatizado por los medios broadcasting argentinos pero de manera indirecta. Como ejemplo de esta mediatización indirecta, podemos mencionar la escena de Argentina 1985 donde el fiscal Luis Moreno Ocampo participa como invitado en la mesa de Bernardo Neustadt, el programa de análisis político más destacado de esos años. En el vídeo original, el fiscal se dedicó a comentar las noticias de la prensa, quizás el medio donde mejor se mediatizó el juicio a las juntas militares.

Más allá de que se lo pusiera en discurso en los programas de radio y televisión, en 1985 el juicio se mediatizó en gran medida en los medios impresos, quienes abundaron en pruebas documentales (bastantes), fotos de la sala (pocas) y transcripciones taquigráficas (muchísimas) de los testimonios. Una de las producciones más destacadas que, de haber aparecido en la película, no hubiera desentonado para nada, fue El Diario del Juicio publicado semanalmente por editorial Perfil entre el 27 de mayo de 1985 y el 28 de enero de 1986. En el Centro de Documentación y Archivo Oral «Madres y Abuelas de Plaza de Mayo» se pueden consultar en línea todos los ejemplares de esta histórica producción periodística. También las revistas -como la mítica Humor– contribuyeron a construir mediáticamente el juicio a las juntas militares (en la imagen, la portada de Humor nº 164 de diciembre de 1985 por Carlos Nine y la primera portada de El Diario del Juicio).

En términos de una teoría material(ista) de la mediatización, podemos decir que el juicio a las juntas militares se mediatizó sobre todo en medios líquidos, «modernos», como la prensa, la radio y la televisión. En ellos la causa se fue construyendo de manera sucesiva y lineal, en un flujo más o menos continuo y siguiendo su propio ritmo, como si se tratara de un folletín de género dramático-judicial hasta la gran puesta en escena final (el alegato del fiscal Strassera). Si el juicio se hubiera desarrollado en 2022, lo más probable es que su mediatización fuera en buena parte gaseosa, en medios como Twitter y TikTok, y a través de microtextos snack rebotando por las redes como enloquecidas moléculas condenadas en gran medida a una existencia efímera.

Cierre

Si Argentina 1985 se abre con la radio, termina con una serie de fotografías en blanco y negro. A lo largo de toda la película las fotos van dejando una huella icónica que sirve para fijar la época y realzar, por si quedaran dudas, que se trata de una obra basada «en hechos reales» que no deberían repetirse.

Nunca más.

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