Transmedia is dead. Long live transmedia!

Los conceptos tienen un ciclo vital que marca su nacimiento, desarrollo y decadencia. Los nuevos conceptos suelen irrumpir en las conversaciones de un grupo muy determinado y, si cumplen su función de nombrar algo nuevo que necesitaba ser definido, se expanden de manera viral a todo tipo de discursos e intercambios. Durante la reciente Transmedia Earth Conference. Global Convergence Cultures realizada en Medellín, donde confluimos investigadores, profesores, estudiantes y profesionales de la comunicación, la mayor parte de las discusiones giraron precisamente alrededor de los límites del concepto de “transmedia” y las posibles alternativas.

Mi presentación en esa conferencia, titulada “Transmedia is dead. Long live transmedia!”, estaba precisamente centrada en la naturalización, usos y abusos del concepto; en este post intentaré ir un poco más allá e indagar otros conceptos que nos permitan encuadrar mejor lo que está pasando con las experiencias narrativas en la nueva ecología mediática. Pero antes de llegar a esa reflexión en clave “post-transmedia“, otro de los conceptos que sonó mucho en Medellín, es necesario analizar aunque sea brevemente cómo se están dando los procesos de circulación discursiva en la sociedad contemporánea.

La ley de moore semántica

Como las especies biológicas o tecnológicas, las palabras nacen, crecen, se desarrollan y entran en un período de decadencia que, en muchos casos, puede significar su muerte y entierro entre las páginas de un viejo diccionario que ya nadie usa. Si bien no tengo estudios empíricos a mano para confirmarlo (si alguien los tiene, por favor que los agregue en forma de comentario al final), creo que antes los conceptos tenían un ciclo vital mucho más dilatado. La aceleración a la que estamos sometidos en la sociedad postindustrial hace que los discursos se multipliquen y su circulación alcance velocidades impensables hace algunas décadas. Precisamente el último volumen de la indispensable colección Futuros Próximos de la editorial Caja Negra está dedicado al Aceleracionismo. En otro volumen de la colección (Fenomenología del fin) Franco “Bifo” Berardi habla del cambio de velocidad en la sociedad contemporánea:

La colonización del tiempo ha sido un objetivo fundamental en el desarrollo del capitalismo durante la Edad Moderna. La mutación antropológica que produjo el capitalismo en la mente humana y en la vida cotidiana ha sido, ante todo, una transformación en la percepción del tiempo. Sin embargo, con la difusión de la tecnología digital, que hizo posible una absoluta aceleración, algo nuevo ocurrió. El tiempo se convirtió en el principal campo de batalla, dado que es el espacio de la mente, el tiempo-mente, el cibertiempo (pp. 203-204)

La aceleración de la sociedad postindustrial también se expresa en la velocidad de circulación de los discursos y del ciclo vital de los conceptos que utilizamos. El espacio discursivo cibercultural es especialmente sensible a esta aceleración del ciclo vital de los conceptos. En el lejano 2006 escribí la siguiente reflexión a partir de una crítica a la “web 2.0″, un concepto que por entonces estaba a punto de entrar en su fase memética:

La Ley de Moore Semántica trabaja del mismo modo que la aceleración tecnológica promoviendo una obsolescencia terminológica planificada, abandonando conceptos de poco uso y proponiendo nuevas palabras constantemente, pensando más en el marketing viral que en su necesidad lingüística real. Algunos términos son seleccionados por los hablantes y se convierten en potentes memes que se reproducen ganando más y más visibilidad.

Otro ejemplo de ciclo vital semántico que nos toca muy de cerca es el de “multimedia“. La palabra se puso de moda a caballo entre los años 1980-90 e invadió las conversaciones  profesionales y académicas hasta saturarlas. Si a comienzos de los años 1990 decir “multimedia” era cool y sólo un puñado de empresas proponían ese tipo de producción a sus clientes (CD-Roms, videodiscos y algo después sitios web), a finales de esa década el concepto olía a naftalina y si alguien lo utilizaba todos lo miraban como si hubiera sacado una tabaquera de rapé y se hubiera dado un toque en la nariz.  En el año 2000 hablar de “multimedia” era cosa de viejos. 

Ahora sí, después de este excursus tecnosemántico, podemos regresar al concepto de “transmedia”. A estas alturas los lectores ya deben adivinar por donde vienen los tiros.

Narrativas transmedia

En el Año del Señor de 2003 Henry Jenkins dejó caer el concepto de “transmedia storytelling” en medio de una reunión con profesionales (la historia está en la entrevista que le hice para mi libro Narrativa Transmedia > descargar el primer capítulo que incluye la entrevista). Como sabemos, poco después el concepto fue adoptado por muchos creadores de Hollywood para nombrar un cierto tipo de estrategia narrativa que, además de expandir los mundos de ficción en diferentes medios y plataformas, también le daba importancia a la participación de los fans en esa expansión. El concepto sufrió una serie de desplazamientos: de la ficción a la no ficción, del mundo académico al profesional, de Estados Unidos a Europa y el resto del mundo. Una década después de su aparición ya se hablaba de “periodismo transmedia”, “documental transmedia”, “branding transmedia”, etc. En mi libro publicado en el 2013, además de analizar las producciones en el mundo de la ficción, abordé casi todos estos nuevos territorios donde “transmedia” se convertía en un adjetivo muy útil para nombrar nuevos formatos narrativos multiplataforma y colaborativos.

Los síntomas que afloraron durante el encuentro de Medellín, desde cierto hastío debido al uso desenfrenado del adjetivo “transmedia” hasta, peor aún, su utilización como sustantivo (cada vez que alguien dice “la transmedia” muere un pajarito de Angry Birds), son un buen ejemplo de las discusiones que se vienen… ¿Por qué muchos proyectos se denominan “transmedia” cuando solo se centran en la expansión narrativa e ignoran a los usuarios/fans?  ¿Basta poner el adjetivo “transmedia” en un proyecto de comunicación para generar un refrescante efecto de coolness antes de vendérselo a los clientes? ¿Y qué decir de las tesis doctorales o simples papers que ponen la palabra en cuestión en su título aunque después en sus páginas no se hable de expansiones narrativas ni de contenidos generados por los usuarios? ¿Todo es “transmedia”? Si tomamos en cuenta lo que ya pasó con otros conceptos como “multimedia” está claro que nos estamos acercando al techo de la ola…

Antes que alguno de los lectores de este blog entre en estado de coma por favor lea este párrafo: numerosos conceptos pasados de moda por los efectos de la Ley de Moore Semántica siguen siendo utilizados en ámbito académico con gran provecho. Por ejemplo “hipertexto”, un concepto viral a finales de los años 1980 que generó grandes producciones teóricas (ver los trabajos fundamentales de Ted NelsonGeorge Landow) pero que fue poco a poco olvidado por los profesionales. Por más que hoy “hipertexto” suene a viejo las teorías del hipertexto están a disposición de cualquier investigador interesado en analizar estructuras narrativas reticulares donde se transforman los roles del autor y el lector. O sea, si bien es muy probable que dentro de poco el concepto de “transmedia” termine quemado por su sobreutilización en el ámbito académico o profesional, eso no significa que deje de tener sentido su uso científico. Siempre habrá producciones y estrategias transmedia para analizar y todo el saber producido en la última década (y el que vendrá en los próximos años) será de gran utilidad.

Por otro lado, todavía está pendiente la plena incorporación de las narrativas transmedia en el ámbito de la formación académica y profesional de los comunicadores. Si bien son prosumidores transmedia en su vida extraescolar, la mayoría de los jóvenes profesionales que salen de las universidades fueron formados para la producción monomediática. Finalmente, la desaparición del concepto de “transmedia” en el mundo profesional solo significará una cosa: que la mayor parte de los proyectos de comunicación serán transmedia y no será necesario remarcar esa característica, de la misma manera que muchos proyectos son “multimedia” y nadie se preocupa por adjetivarlos.

Más allá de las narrativas transmedia…

A partir de aquí se abre un fascinante territorio: la búsqueda de nuevos conceptos para definir no sólo las nuevas experiencias narrativas sino también los procesos creativos que las generan. Las que siguen son sólo algunas ideas, apenas delineadas, para comenzar a pensar en la fase “post-transmedia” en ámbito académico y, sobre todo, en el mundo profesional. En este sentido propongo dos pasajes:

1. Del productor transmedia al diseñador de interfaces narrativas

¿Podemos imaginar un uso del concepto de “interfaz” que vaya más allá de lo estrictamente tecnológico? El diseñador de interfaces no sólo se ocupa de la creación de una interfaz para un software o sitio web, o del diseño de una app para dispositivos móviles. Un ingeniero es también un diseñador de interfaces que domina diferentes tecnologías, habilidades y conocimientos para construir, por ejemplo, un puente o una nave espacial, así como un director de cine pone una serie de profesionales (actores, fotógrafos, editores, escritores, públicos, críticos, etc.) y tecnologías al servicio de una narrativa audiovisual.

Un inventor, un gastrónomo o un emprendedor son todos diseñadores de interfaces porque su función es crear un lugar para la interacción de actores humanos y tecnológicos. Lo mismo puede decirse de un productor transmedia (transmedia producer): esta figura, encargada de diseñar e implementar una estrategia de comunicación en diferentes medios y plataformas colaborativas, es a todos los efectos un diseñador de mundos narrativos. O, en otras palabras, es un diseñador de interfaces narrativas que vinculan textos, personajes, tramas, audiencias, clubs de fans, medios y lenguajes. De esta forma quedaría explicitado un primer pasaje, el que va del productor de narrativas transmedia al diseñador de interfaces narrativas (transmedia).

Pensar al creador de mundos narrativos transmedia como un diseñador nos permitiría, en primer lugar, evidenciar el carácter arquitectónico que tiene ese proceso y, por otro, abandonar cierta idea de linealidad que subsiste en el concepto de storytelling. 

2. Del transmedia storytelling al narrative design

Ahora bien, si retomamos la probable disolución del adjetivo “transmedia” en un futuro no tan lejano, quizá se abra la posibilidad de profundizar aún más esta concepción donde la creación narrativa deje de ser vista como una práctica de matriz escritural para ser considerada una disciplina vinculada al diseño. Este sería el segundo pasaje que propongo: un  deslizamiento donde el concepto de “narrativa” dejaría de ser sustantivo para convertirse en adjetivo. O sea, estoy pensando en algo que podría denominarse diseño narrativo (narrative design), una rama del diseño (como el diseño de interiores, gráfico o industrial) especializada en la creación de mundos narrativos que se despliegan en muchos medios y plataformas, y donde los usuarios/fans tienen mucho para decir y hacer. Hace ya tiempo que vengo poniendo a prueba esta idea (al menos desde el Taller de Diseño Narrativo Transmedia que coordiné en el CCCB en el 2014) y creo que vale la pena profundizar esta línea de trabajo.

Estas son algunas de las ideas que me venían a la mente en Medellín mientras escuchaba a colegas como Vicente Gosciola, Dan Hassler Forest, Diego Montoya, María Isabel Villa Montoya, Matthew Freeman, Renira Rampazzo Gambarato, Camilo Andrés Tamayo, Jorge Iván Bonilla Vélez y Rosane Svartman intercambiando ideas sobre el desafío que implica pensar lo que se viene después del concepto de “transmedia”.

Buen fin de semana.

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10 Comments

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  1. Excelente. Caminás hacia la Epistemología de la Educación. No sé si existe. Pero si no, habría que inventarla. La capacidad para hacer metateoría e ir un poco más adelante en el conocimiento es admirable. Halagarte se convirtió en hábito. Voy a pensar en objeciones el lunes. Hoy no. En serio, muy buen post. Muy abrecocos.

  2. Sobre la duración de los fenómenos, véase Spengler “La caída de Occidente”.

  3. institutosuperacao2017 octubre 29, 2017 — 2:19 am

    Parabéns Scolari!! Muito interessante e como é importante ter pessoas, profissionais e pesquisadores tão inclusivos e com cede de compartilhar. Este texto chegou em boa hora, onde me sinto um pouco desorientado com as mudanças das narrativas e a exclusão da limguagem colaborativa na terminologia tecnologica!!! Mas agora consegui e enxergar onde transitamos!

  4. Juana Rubio-Romero octubre 29, 2017 — 2:15 pm

    Al hilo del interesante contenido de esta entrada, he enganchado con un comentario que el otro día hizo una profesora a propósito del trabajo de campo cualitativo que estamos realizando precisamente para una investigación sobre alfabetización transmedia. Esta profesora de “Didáctica de la Bilología”, experta en gamificación docente aplicada al entorno online, refería de forma espontánea su sorpresa ante la gran participación que ha suscitado entre sus alumnos una sección que había abierto recientemente en el campus virtual de la asignatura sobre contenido relacionado con la Biología. Esta sección la había introducido de forma colateral a la gamificación y estaba inspirada en algunos temas que habían surgido entre los alumnos en el foro de la asignatura; también, hay que decirlo, en el contexto de su continua reflexión sobre formas de enriquecer la participación de los alumnos. Cuando a lo largo de la entrevista en profundidad le planteamos la posibilidad de pensar la asignatura como una narrativa y la aplicación de estrategias transmedia, la profesora hace un click e inmediatamente relaciona esta idea con lo que ella, sin ser consciente de ello (la intuición, ese saber que no se sabe que se sabe, tiene esas cosas) estaba empezando a introducir en su metodología. Es decir, que más allá de que se denomine o no transmedia (esta profesora desde luego ni siquiera se lo había planteado) resulta que no podemos sustraernos al contexto transmediático en el que nos encontramos y posiblemente ocurra algo similar a lo que plantea Lévi-Strauss a propósito de los mitos, que “se piensan en los hombres sin que nos demos cuenta”.

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