Byung-Chul Han: ¿filosofía para dummies? (II).

Viene de la primera parte

Comenzamos a despedir este 2014 con la segunda y última parte de la reseña dedicada a la obra de Byung-Chul Ha, el filósofo de moda en España. Si en la primera parte del post presentamos tres de sus libros –La sociedad del cansancio, La sociedad de la transparencia y La agonía del Eros– y avanzamos algunos comentarios críticos, aquí analizaremos otras dos obras –En el enjambre Psicopolítica- y concluiremos con una reflexión general sobre los aportes de este pensador.

En el enjambre (2014 – Edición original: 2012)

Este es el texto donde Byung-Chul Han se ocupa a fondo del mundo digital. Desde ya se los digo: es la obra con la que menos sintonizo. En este volumen la mirada crítica del filósofo surcoreano se convierte en un garrotazo apocalíptico a todo lo que huela a silicio. Según Byung-Chul Han estamos en presencia de un “enjambre digital” formado por individuos que “no desarrollan ningún nosotros”, “no se manifiesta en una voz. Por eso es percibido como un ruido” (p. 27). Los modelos colectivos fundados en las nuevas tecnologías digitales “son muy fugaces e inestables, como en los rebaños constituidos por los animales. Los caracteriza la volatilidad” (p. 29). Byung-Chul Han busca diferenciarse tanto de la visión tradicional de la “masa” como de la “multitud” de Hardt y Negri.

Para los que estudiamos los procesos de comunicación resulta sorprendente leer a Byung-Chul Han cuando sostiene que en la comunicación digital “las informaciones se producen, envían y reciben sin mediación de los intermediarios. No son dirigidas y filtradas por mediadores. La instancia intermedia es eliminada para siempre (…) Medios como blogs, Twitter o Facebook liquidan la mediación de la comunicación, la desmediatizan” (p. 33-34). No estoy para nada de acuerdo con este análisis. Más que un estado de desintermediación total como sugiere Byung-Chul Han asistimos al desarrollo de nuevas instancias de (ciber)intermediación (ver el post Producción y distribución del conocimiento en la Era de la Ciberintermediación, el cual retoma algunas investigaciones que realizamos con Hugo Pardo Kuklinski y Cristóbal Cobo al respecto). Por otra parte… ¿Cómo se puede sostener que Twitter o Facebook no mediatizan la comunicación? ¿Acaso son interfaces neutras que no afectan las formas que asumen los intercambios entre los usuarios? Las plataformas digitales -desde Facebook hasta Amazon- generan un “efecto de desintermediación”, cuando en realidad son sus algoritmos los que modelan el consumo y las interacciones de los usuarios (ver mi post The filter bubble. Alguien te está mirando sobre los algoritmos de Google).

Más interesantes son las reflexiones de Byung-Chul Han sobre los movimientos políticos nacidos al calor de los tuits. Lejos de Manuel Castells y otros teóricos de la sociedad-red movilizada Byung-Chul Han no ve con claridad las movidas indignadas de la última década: “La indignación digital no … es capaz de acción ni de narración. Más bien, es un estado afectivo que no desarrolla ninguna fuerza poderosa de acción” (p. 22). La creciente presión de desmediatización “se apodera también de la política. Pone en apuro a la democracia representativa. Los representantes políticos no se muestran como transmisores, sino como barreras. Y así, la presión de desmediatización se presenta como exigencia de más participación y transparencia. Precisamente a esta evolución medial debe su éxito inicial el Partido Pirata” (p. 35). Algo parecido podría decirse de Podemos en España. Ahora bien, que los nuevos movimientos políticos cuestionen a la “casta política” no significa que estemos de frente a un proceso de desmediatización de la política: lo que Podemos y otros movimientos similares proponen son nuevas formas de mediatización.

Una digresión antes de seguir: como habrán visto, Byung-Chul Han comienza hablando de “mediación” y en un momento determinado pasa a “mediatización”. Ignoro si se trata de un error en la traducción de alemán o de un uso superficial de ambos conceptos. Es obvio que “mediación” no significa lo mismo que “mediatización”. Sobre este tema les recomiendo la lectura de La Semiosis Social II de Eliseo Verón, un texto donde desgrana y define claramente ambos conceptos. Fin digresión.

chan

En esta obra Byung-Chul Han vuelve a los temas tratados en sus otros libros, desde la excesiva velocidad de la vida social hasta la fragmentación y la positividad que definen a la sociedad contemporánea. Estas características se expresan en ciertos objetos. El siguiente párrafo es un buen ejemplo de su visión anti-gadget: “el smartphone es un aparato digital que trabaja con un inputoutput pobre en complejidad. Borra toda forma de negatividad. Con ello se olvida de pensar de una manera compleja. Y deja atrofiar formas de conducta que exigen una amplitud temporal o una amplitud de mirada. Fomenta la visión a corto plazo. Fomenta el corto plazo, y ofusca la larga duración y lo lento. El me gusta sin lagunas engendra un espacio de positividad” (p. 43). Los gadgets de silicio no le caen bien a Byung-Chul Han: “los aparatos digitales traen una nueva coacción, una nueva esclavitud. Nos explotan de manera más eficiente por cuanto, en virtud de su movilidad, transforman todo lugar en un puesto de trabajo y todo tiempo es un tiempo de trabajo. La libertad de la movilidad se trueca en la coacción fatal de tener que trabajar en todas partes” (p. 59). El pensamiento negativo de Byung-Chul Han no perdona: “la comunicación digital hace que se erosione fuertemente la comunidad, el nosotros. Destruye el espacio público y agudiza el aislamiento del hombre” (p. 75). Y culmina: “el exceso de información hace que se atrofie el pensamiento” (p. 88-89). Pasemos a otro libro.

Psicopolítica (2014 – Edición original: 2014)

A diferencia del anterior, este es libro de Byung-Chul Han que más me gusta. Si no tienen ganas de leerse todos los volúmenes (cinco hasta ahora) les recomendaría comenzar por este. ¿Por qué? Porque en cierta manera retoma y resume sus principales ideas. Byung-Chul Han comienza hablando de la ilusión de libertad (“el sujeto del rendimiento, que se pretende libre, es en realidad un esclavo”) y la absolutización del trabajo (“el sujeto neoliberal como empresario de sí mismo no es capaz de establecer con los otros relaciones que sean libres de cualquier finalidad” p. 12-13). Después retoma a Marx para darle una vuelta de tuerca al materialismo dialéctico: “el capitalismo industrial muta en neoliberalismoo capitalismo financiero con modos de producción posindustriales, inmateriales, en lugar de trocarse en comunismo” (p. 16). Y remata: “El neoliberalismo, y no la revolución comunista, elimina la clase trabajadora sometida a la explotación ajena. Hoy cada uno es un trabajador que se explota a sí mismo en su propia empresa. Cada uno es amo y esclavo en una persona. También la lucha de clases se transforma en una lucha interna consigo mismo” (p. 17).

call center tucumán

En cierto momento Byung-Chul Han se aleja de Marx para acercarse a Foucault: la libertad y la comunicación ilimitadas “se convierten en control y vigilancias totales” (p. 21). Además, el “neoliberalismo convierte al ciudadano en consumidor … sólo reacciona de forma pasiva a la política, refunfuñando y quejándose, igual que el consumidor antes las mercancías y servicios que le desagradan” (p. 23). Como síntesis de estos cambios “nos dirigimos a la época de la psicopolítica digital. Avanza desde una vigilancia pasiva hacia un control activo” (p 25). La psicopolítica tiene sus instrumentos. El Big Data es uno de ellos, uno muy importante, ya que “permite adquirir un conocimiento integral de la dinámica inherente a la sociedad de la comunicación. Se trata de un conocimiento de dominación que permite intervenir en la psique y condicionarla a un nivel prerreflexivo” (p. 25). Con el Big Data “el futuro se convierte en predecible y controlable” (p. 25).

Si la dominación tradicional se basaba en la demografía y la estadística, la psicopolítica se funda en el Big Data. Como ya les dije en este contexto algunos gadgets (el smartphone en primer lugar) se convierten en “objetos de devoción”, ocupando el mismo lugar que el rosario en la tradición católica. El “me gusta” es el “amén digital” y Facebook, “la iglesia, la sinagoga global de lo digital” (p. 26) …y “el neoliberalismo es el capitalismo del me gusta” (p. 30). La biopolítica de Foucault -la forma de gobierno de “la sociedad disciplinaria”- es cosa del pasado: es “inadecuada para el régimen neoliberal que explota principalmente la psique” (p. 38). Byung-Chul Han lo dice claro: “Foucault no realizó el giro a la psicopolítica” (p. 40).

En otros capítulos Byung-Chul Han no ahorra críticas al cuerpo estetizado, los libros de autoayuda, el consumismo, la ludificación y la hegemonía de un pensamiento que pone las emociones por encima de cualquier otro tipo de vivencia, para terminar en un concepto que atraviesa toda su obra: la emergencia del “panóptico digital” (p. 62). De frente a tanto libro e investigación sobre lo emocional Byung-Chul Han no duda y clava el cuchillo en lo más profundo: “las emociones son esencialmente fugaces y más breves que los sentimientos… En el capitalismo del consumo se venden significados y emociones… La emoción se convierte en medio de producción” (p. 70). Para terminar Byung-Chul Han vuelve al Big Data y arremete contra la supuesta “muerte de la ciencia” (y “de la teoría”) anunciada por Chris Anderson en Wired, un tema que el filósofo surcoreano ya había tratado en el volumen La agonía del Eros (ver la primera parte de la reseña).

Apuntes finales

Como dije al final del primer post, en un entorno donde el pensamiento negativo tiende a ser tapado por millones de “me gusta” y discursos cargados de positividad (“Sonríe, te estamos registrando”), las miradas críticas son más que bienvenidas. También dijimos que los pequeños volúmenes de Byung-Chul Han son un soplo de aire fresco pero cargado de aromas de la crítica del siglo XX a la cultura de masas (desde Adorno y Horkheimer hasta Foucault y Baudrillard). En ese sentido creo que las obras de Byung-Chul Han están escritas más bajo el signo de la continuidad que de la ruptura.

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Pero Byung-Chul Han está más que atento a los cambios de la sociedad digital post-industrial, desde las nuevas formas que adopta la auto-explotación hasta la emergencia del llamado “panóptico digital”. En este contexto Byung-Chul Han se presenta como una especie de Foucault 2.0 y abre líneas de reflexión muy interesantes y útiles en un entorno donde todavía se consume -a menudo de manera bastante acrítica- la versión original Foucault 1.0 (ver mi post ¿Bibliografía del oprimido?).

Algunas ideas de Byung-Chul Han me parecen interesantes (por ejemplo su crítica al “panóptico digital”, la “auto-explotación” y la hegemonía del pensamiento positivo y emocional); otras no me terminan de convencer, sobre todo cuando entra en cuestiones digitales, desde el tema del Big Data hasta la vida de los sujetos en las redes sociales. Lo reconozco: cuando Byung-Chul Han se pone a reflexionar sobre lo digital me aburre. Su mirada es unidireccional, sólo ilumina una dimensión de las tecnologías digitales -la negativa- y termina generando una fuerza que se anula con la de los discursos positivos sobre las “nuevas tecnologías” digitales. Si sumamos Negroponte + Byung-Chul Han el resultado siempre será cero (“0”). Estoy convencido de una cosa: necesitamos otro tipo de miradas que escapen a esta “razón dualista” (Jesús Martín Barbero dixit) que bloquea cualquier comprensión profunda del “enjambre digital”.

Una cosa me llamó poderosamente la atención: si bien Byung-Chul Han critica la configuración que está adoptando la sociedad contemporánea, desplegando una mirada que nos recuerda a la de los pensadores nacidos en el siglo XIX que se confrontaron con la naciente cultura de masas, su producción está más que en sintonía con los ritmos, polifonías y fragmentaciones de ese mundo. Me explico: sus libros son breves y de fácil lectura, hilvanados con frases cortas, casi tuits, que vuelven una y otra vez sobre los nudos conceptuales de su pensamiento: el panóptico digital, la auto-explotación, la fragmentación, la positividad, la falta de silencio… Byung-Chul Han critica el caos y la velocidad acelerada de las sociedades contemporáneas pero compone textos totalmente adaptados a ese ecosistema. Si bien encarna un espíritu adorniano, a la hora de escribir Byung-Chul Han se acerca mucho a McLuhan -el gran creador de aforismos/tuis sobre la cultura de masas- pero aún más a los bárbaros de Baricco. ¿Filosofía para dummies?

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10 Comments

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  1. Para nutrir la conversación, comparto aquí una interesante crítica de David Pavón-Cuéllar al pensamiento de Han.

    https://davidpavoncuellar.wordpress.com/2014/10/09/psicologismo-idealismo-y-posmodernismo-tardio-en-byung-chul-han/

  2. Gracias. Has puesto en palabras la revoltura que estaba teniendo mientras leía En el enjambre.

  3. Interesantes comentarios. Creo que el Maestro Byung-Chul dice cosas ingeniosas y pertinentes aunque uno no tiene porque comprar todo el paquete. Me gusta en particular el giro de tuerca o el desarrollo que hace a partir de premisas foucaultianas (el “Foucault 2.0”) para definir lo que el llama psicopolitica. Con respecto al estilo, a mi me parece bien que diga cosas interesantes y piolas usando un lenguaje claro y conciso en libritos breves que se pueden leer tanto en el gabinete del profesor como en el subte. Supongo que tiene que ver con que el tipo es coreano y escribe en aleman, un idioma que solo aprendio de grande. En todo caso, un progreso respecto a esos mamotretos horribles que todos citan y muy pocos (if any) leen tipo Ser y Tiempo o e El ser y la nada o, aun algunos libros del Maestro Foucault. Gracias por los comentarios. Eduardo

  4. Hola.

    Sin intención de ofenderte. Pero veo que no se ha comprendido el sentido de “mediación” en Byung-Chul Han.

    Él no habla de que no hay “mediación material”, o tecnológica. Cuando el autor habla de “mediación” hay que tomar el término en conjunto con el resto de las cargas conceptuales de su obra: la falta de “rostro” en internet, el borrado de la línea divisoria entre lo público y lo privado, la pornografía social, etc.

    Mediación no se refiere a “si hay cables, servidores o software de por medio”. Porque si fuese el caso, cuando hablas hay gases que permiten la propagación del sonido, por lo cual tú lo oyes. No es eso a lo que se refiere.

    Con la falta de mediación, se refiere a que se diluyen instancias semánticas, o semióticas, que en la relación “cara a cara” nos inhiben, nos conjuran de vomitar lo primero que nos salga, y nos llevan (consciente, preconsciente e inconscientemente) a ser más precavidos, más autoconscientes de aquello que transmitimos y comunicamos.

    A menudo muchas mujeres que postean fotos exhibicionistas se avergüenzan si les mencionas que las viste, ¡y eso que las publicaron en Facebook o Twitter! Ahí está aquello a lo que apunta Byung-Chul Han. A no confundirse, a no malinterpretarlo, a no caer en deshonestidad intelectual. Criticarlo, sí, pero solo merced de haberle entendido correctamente.

  5. Hola.
    He leído tu crítica hacia Chul Han, me parece interesante.

    Algo que me mencionó mi profesor al leer “La sociedad del cansancio” del mismo autor, es que, no podemos comparar un tiempo, con otro, ni un lugar con otro; es importante darnos cuenta cuál es la contemporaneidad de cada autor, y entender el contexto para que así se pueda lograr llegar a un entendimiento de su pensamiento. Aplicar la hermenéutica de una forma “correcta”.

    Saludos.

  6. Hola, les pregunto a quien pase por acá, qué pensará Han de que sus textos se difundan en la red , de manera gratuita y que puedan ser leídos en smartphones , yo mismo lo he recibido como pdf, también sé que ha hecho un documental, cómo sería entonces este idealismo social de la libertad en la red ¿ qué deberíamos hacer para modificarla? ¿ se pude modificar un enjambre? ¿ es han sólo un fóbico al big data devenido liberador como los managers que él mismo critíca? ¿ es su mundo íntimo el que deberíamos escuchar para adecuar la libertad en nuestro despligue en comunidad? Es un gran analista de los social pero dudo de que indique sugerencias de como evadir la dominación que el mismo devela magistralmente.

  7. Hola. Sobre el estilo, a propósito de las reminiscencias frankfurtianas señaladas, se me ocurre notar que, mutatis mutandis, algo similar acontece, por ejemplo, con la Dialéctica de la Ilustración. El estilo de la obra se asemeja a menudo a aquello que critica. Diría que es un estilo paródico, hiperbólico, plagado de exageraciones y de exabruptos. La tesis misma de la obra es difícilmente distinguible, en su concepción, de una tal tendencia. El no haberlo apreciado ha dado lugar frecuentemente, me parece, a lecturas inadecuadas del libro.

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