Del papiro al móvil: las interfaces no desaparecen, se transforman.

La investigación que me trajo a Toronto a finales de mayo está orientada hacia el estudio del sistema de las interfaces. Si mi libro Hacer Clic (Gedisa, 2004) estaba dedicado a las micro-interacciones de frente a la pantalla, el estudio que estoy realizando se orienta hacia el gran ecosistema de las interfaces.

Uno de los principios o leyes que emergen al analizar la historia de las formas de organización de la información y de los dispositivos de interacción es que las interfaces no desaparecen, sino que se transforman. Hace una semana tuve la posibilidad de asistir a dos eventos distanciados entre sí por 2.000 años.

El MEIC3 fue una jornada organizada por el Mobile Experience Innovation Centre, un consorcio publico-privado liderado por el Ontario College of Art & Design (OCAD), la institución donde realizo mi estadía de investigación. En el MEIC3 desfilaron una serie de empresarios y profesionales que están modelando el “new new media”: desde aplicaciones universitarias hasta sistemas de reconocimiento de imágenes, pasando por sistemas de comunicación específicos para operadores de aeropuerto y programas para el reconociento gestual. Los móviles, como todo medio de comunicación emergente, todavía está buscando su gramática y su especificidad dentro del sistema medios. Al igual que la web hace una década y media (o el cine hace 110 años), la comunicación móvil debe encontrar su lugar en la mediasfera.

A pesar de su juventud, una serie de gestualidades y formas de interacción -algunas de ellas nacidas en las pantallas de las computadoras- ya se han integrado plenamente dentro de la gramáticas de interacción de los dispositivos móviles. Movimientos como “pellizcar” para achicar una imagen (“zoom in”) o el gesto contrario -separar el pulgar y el índice- para agrandar una imagen (“zoom out”) se han instalado en la enciclopedia mental de los usuarios gracias a la pantalla táctil del iPhone. Otros gestos naturalizados -mover con el dedo índice una página o foto hacia abajo o hacia el costado (“scrolling”)- también son parte de este nuevo conjunto de saberes interactivos.

¿Alguien dijo “scrolling”? Un par de días después de la MEIC3 tuve la ocasión de visitar la muestra Dead Sea Scrolls. Words that changed the world organizada en el Royal Ontario Museum (ROM). Esta muestra reúne una pequeñísima pero sugerente parte de los más de 900 rollos descubiertos en varias grutas del Mar Muerto finales de la década de 1940. Los famosos manuscritos del Mar Muerto constituyen uno de los conjuntos textuales más importantes jamás descubiertos. Escritos hace más de 2.000 años, en ellos aparecen relatos del Antiguo Testamento y otros textos fundacionales para el Judaísmo y el Cristianismo.

Lo que en su momento eran rollos de papiro o pergamino, ahora son pequeños fragmentos textuales reconstruidos después de medio siglo de un increíble trabajo de recomposición. La muestra en el ROM se complementa con una exposición complementaria sobre los libros de los muertos egipcios. En este caso se puede apreciar en toda su extensión la longitud del papiro (unos seis metros) (ver imagen del Libro de Ani, un papiro similar al de Toronto). Uno de los más largos es el Libro de Iuefankh que se conserva en el Museo Egipcio de Turín.

La llegada del codex hace dos mil años marcó el comienzo del fin del rollo como interfaz de la escritura/lectura. El códice -el antecesor directo del libro impreso- proponía otra forma de interacción basada en el “pasar páginas” (“browsing”). Pero el “scrolling” no murió: en los años 1980 reapareció en las pantallas de los procesadores de texto y hoy lo encontramos en algunas aplicaciones para móviles donde el contenido se desarrolla sin solución de continuidad sobre la pantalla. En cierta forma los dispositivos móviles integran gramáticas de interacción que hasta ahora aparecían separadas en diferentes soportes: el “browsing” del codex y de los libros y el “scrolling” de los rollos de papiro. Las interfaces, como vemos, no desaparecen sino que se transforman y adaptan a los nuevos soportes. Las interfaces, en otras palabras, pueden permanecer en estado latente por mucho tiempo hasta que un nuevo dispositivo las reclama y pone en acción.

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6 Comments

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  1. Carlos, como siempre muy interesante y qué honor que nos haga parte de tu reflexión. Mientras te leía me acordaba mucho de Jenkins cuando nos dice “la historia nos enseña que los viejos medios nunca mueren y ni siquiera se desvanecen. Lo que muere son simplemente las herramientas que utilizamos para acceder al contenido de los medios”; ello referido al Proyecto de los Medios Muertos de Bruce Sterling (http://www.deadmedia.org) Gracias por esta nota tan interesante.

  2. Esto me recuerda a este vídeo que hice hace tiempo:

    Espero que les guste y gracias por tan magnífico artículo!

  3. Muy interesante tu aporte, gracias!

  4. Excelente aporte, los esquemas de comunicación y sus interfases no mueren, solo se transforman… saludos desde Guatemala.
    Ramiro Mac Dibakd

  5. Excelente aporte, los esquemas de comunicación y sus interfases no mueren, solo se transforman… saludos desde Guatemala.
    Ramiro Mac Donald

  6. Facebook, por ejemplo, toma elementos de la realidad y los virtualiza; pero esto es posible por otros medios, no por el mismo Facebook.

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