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Viene de la primera parte.

Continuamos con esta reseña-síntesis de Networked: The New Social Operating System de Lee Rainie y Barry Wellman, quizá el mejor libro sobre la sociedad-red desde la trilogía de Manuel Castells. Después de presentar el concepto de individualismo en red (networked individualism) y de introducir las tres revoluciones (Internet, movilidad y redes sociales), los autores nos describen diferentes ámbitos de la vida online. Al igual que en los capítulos anteriores, cada afirmación de Rainie y Wellman está fundada en sólidos estudios cuantitativos centrados en la sociedad estadounidense y canadiense. Como veremos en los próximos párrafos, Rainie y Wellman demuelen con datos unos cuantos mitos que perduran en las conversaciones sobre la sociedad-red.

Relaciones en red

Las personas que utilizan las TICs participan en un mayor número de redes sociales. Su vida relacional es mucho más activa; sin embargo los estudios de los autores demostraron que esta actividad tiene poca -pero positiva- influencia en las actividades locales fuera del mundo virtual. De frente a investigadores como Sherry Turkle que advierten la creciente soledad de la vida contemporánea en la red (ver su reciente libro Alone Together) los autores proponen una mirada mucho más positiva de estos fenómenos (p. 120 y siguientes).

Para muchos adolescentes mandar mensajes no es “escribir” sino “conversar”. Las redes digitales consolidan las relaciones en el mundo real: “the more the internet contact, the more in-person and phone contact” (p. 127). En las redes la cantidad es proporcional a la calidad: más contactos, más beneficios obtiene el individuo (p. 132). Según Rainie y Wellman las mujeres usan la red para reforzar relaciones ya existentes, mientras que los hombres la utilizan para desarrollar nuevos contactos (p. 139).

Como ya dije en la primera parte de este post, los autores consideran a Facebook como una estructura de grupos más que una red de individuos. Es un servicio pensado para compartir información entre “amig@s” (p. 141). Otras redes como Google+ apuntan a gestionar diferentes grupos y perfiles, privilegiando el componente reticular. Pero más allá de estas diferencias hay un hecho ineludible que desmiente las miradas apocalípticas de la vida en línea: las redes digitales no substituyen las relaciones cara a cara sino que suplementan ese tipo de contacto directo. Rainier y Wellman son claros: “if anything was being substituted for, it was television” (p. 144).

Familias en red

La estructura tradicional de la familia pierde peso de frente a nuevas experiencias de vida (en soledad o en pareja) muchos más fluídas e interconectadas (p. 150 y ss.). La tecnología de las redes también ha contribuído en esta reconfiguración de la vida familiar; inclusive la distribución de los espacios de la casa se ha transformado para dar cabida a los dispositivos digitales. Por otra parte, actividades típicas -como “ver televisión”- han cambiado de manera radical. En el caso específico de la TV, se ha convertido en un consumo flexible, personalizado y liberado de las constricciones temporales de la programación de los canales. En esta ecología familiar crecen la nueva generación de nativos digitales.

Estos cambios en las estructuras y relaciones familiares ya habían sido detectados por otros investigadores, por ejemplo Ulrich Beck y Elisabeth Beck-Gernsheim, quienes escribieron que “(…) la biografía del ser humano se desliga de los modelos y de las seguridades tradicionales, de los controles ajenos y de las leyes morales generales y, de manera abierta y como tarea, es adjudicada a la acción y a la decisión individual”. Uniendo ambas reflexiones podríamos decir -de manera muy simplona- que las redes potencian el individualismo, y de ahí volvemos al concepto clave de Rainie y Wellman: el individualismo en red (networked individualism).

Según los autores “networked families have adapted to the Triple Revolution. They use ICTs to bridge barriers of time and space, weakening the boundaries between public and private life spaces … The result is that ICTs have paradoxically provided household members with the hability to go their separate ways while at the same time keeping them more connected. Families have less face time, but more connected time, using mobile phones and the internet” (p. 170). Obviamente todas estas afirmaciones anuncian tempestuosos debates y polémicos nubarrones en los estudios sociológicos de los próximos años.

Trabajo en red

Para los trabajadores de cuello blanco de la serie Mad Men, ambientada en los años ’60, el multitasking era hablar por teléfono con un cigarrillo y un scotch en la mano…

La triple revolución ha hecho estallar el modelo productivo de la línea de montaje que caracterizó a la sociedad industrial. Rainie y Wellman confirman el avance de la “creative class” (el concepto es de Richard Florida) y la “empresa-red” (el concepto es de Manuel Castells). Las viejas organizaciones jerárquicas eran buenas para las tareas repetitivas que requería el capitalismo industrial, pero son menos efectivas a la hora de encarar tareas no rutinarias. Las nuevas estructuras en red son más eficientes para resolver problemas de manera creativa, trabajando en un entorno donde los individuos gozan de mayor autonomía para gestionar la información y crear nuevos conocimientos.

Mientras leía este capítulo pensé en repetidas veces en la estructura universitaria, una máquina de carácter industrial cuya cadena de montaje produce graduados y postgraduados…¿Para cuando la universidad-red? Si ustedes también se hacen las mismas preguntas, les recomiendo estos posts publicados en Digitalismo:
Universidad y crisis (III): la clase magistral
- Universidad y crisis (II) La long tail educativa
- Universidad y crisis (I) El orden del discurso

Pero volvamos a Rainie y Wellman. Un ejemplo sirve como ejemplo de las nuevas lógicas productivas: el Boeing 777 fue diseñado y construido gracias a la colaboración de equipos de trabajo distribuidos en más de una docena de países. En ciertos momentos había más de 10.000 personas colaborando en red; en menos de cinco años se creó esta nueva aeronave, reduciendo en un 40% el tiempo que se hubiera tardado trabajando de la manera tradicional (p. 192).

Creación e información en red

El creador en red se diversifica, apuesta por el remix, no visualiza fronteras a su producción y considera que “making is connecting”  (p. 200). Desde la Wikipedia hasta la revuelta en Egipto, la triple revolución nos confirma el carácter disruptivo que poseen estas nuevas tecnologías. En la nueva ecología de los medios el contenido tiende a ser desplazado por el concepto de “conversación”, una filosofía que potencia la creación a cargo de los prosumidores.

Para los autores “the information not only wants to be free, it also wants to be networked” (p. 223). Las transformaciones profundas que afectan al mundo del periodismo y el peligro de la infoxicación -como sostiene Alfons Cornella en el libro del mismo nombre (PDF)- son solo dos de las variables de un ecosistema en mutación marcado por la aceleración de los flujos informativos. La violación de la privacidad, la vigilancia -de nuestros datos por terceros- y la covigilancia (coveillance), o sea la vigilancia de otras personas por parte de los usuarios comunes, son algunas de las cuestiones a la orden del día. Rainie y Wellman son lapidarios: tenemos que acostumbrarnos a la “zero privacy“.

Sobrevivir en un mundo en red

Más que del “digital divide” deberíamos preocuparnos del “network divide” (p. 255). Las personas y las instituciones vivimos en ecologías de la información y la comunicación altamente interconectadas. Un joven estadounidense tiene en promedio unas 600 personas en su red de contactos (no me refiero sólo a los “amig@s” en Facebook). Cultivar estas redes, alimentarlas y extenderlas se ha convertido en una actitud vital.

Desde hace unos años Alejandro Piscitelli insiste en la necesidad de potenciar los polialfabetismos: ya no basta saber leer, escribir y sumar… Rainie y Wellman se apuntan a la misma línea. Según ellos está naciendo la necesidad de un “alfabetismo de la red” que permita el dominio básico de las competencias para moverse y navegar en el sistema operativo que organiza nuestras vidas (p. 272 y ss.):
alfabetismo gráfico: para reconocer e interpretar la información que aparece en las pantallas.
alfabetismo de navegación: para moverse en la geografía de Internet.
alfabetismo contextual y de conexión: para procesar los datos y moverse de forma rápida en el flujo informativo que modela nuestra existencia.
alfabetismo multitareas: para poder hacer varias cosas de manera simultánea.
alfabetismo escéptico: para desconfiar de ciertas informaciones y detectar la basura (Rheingold habla de “crap detection”) que también circula por las redes.

Me imagino que más de un lector estará frunciendo el ceño de frente a esta lista, quizá recordando con nostalgia los tiempos lentos de la correspondencia epistolar, el libro y el tocadiscos. Les recuerdo que esas mismas tecnologías en su momento significaron una aceleración y expansión de las prácticas de consumo y producción cultural… Les guste o no, ya estamos viviendo en la sociedad-red, una ecología donde internet se ha convertido en el sistema operativo de nuestras vidas.

Podríamos seguir sacando mucho jugo del libro de Rainie y Wellman. Como ya dije, es un libro sólidamente construido sobre una enorme base de investigaciones realizadas en los Estados Unidos y Canadá. Quizá desde la publicación de la trilogía de Manuel Castells -hace ya quince años- no aparecía un libro tan completo sobre la sociedad en red. Lo ideal sería contar con estudios similares realizados en otras realidades -por comenzar en América Latina- para poder confrontar datos y tener un mapa global de estas transformaciones.

Bonus tracks:
Web oficial de Networked
– Sobre el libro de Sherry Turkle se puede consultar mi post Las tecnologías conversacionales y la crítica de la razón digital en este mismo blog y el de Teresa Quiroz Sobre la privacidad, la intimidad y la amistad en red en Digitalismo.
La familia nuclear, ¿un modelo en crisis? por J. P. Palladino

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