La guerra de las plataformas (y algunos libros para leer en las trincheras)(II).

Viene de la primera parte

En esta segunda parte seguimos deshojando la margarita de las plataformas y reseñando algunos libros que alimentan nuestras conversaciones sobre estos temas.

The Platform Society

Comencemos por el título. Jose van Dijck, Thomas Paoel y Martijn de Waal, con un ojo puesto en la “sociedad-red” de Manuel Castells, apuestan por el concepto de “sociedad-plataforma” (platform society) porque ese término “enfatiza la intrincada relaciones entre las plataformas en línea y las estructuras sociales. Las plataformas no reflejan lo social: ellas producen las estructuras sociales en que vivimos“. Ya con este párrafo los autores se enmarcan en las teorías de la mediatización, desde los trabajos de Eliseo Verón hasta Nick Couldry y Andreas Hepp, que sostienen la construcción de la realidad por parte de los medios. En este contexto, las plataformas no son neutrales: ellas vienen con un paquete de normas y valores inscrito en sus algoritmos.

Pero… ¿qué es una plataforma? Una plataforma en línea es una “arquitectura digital programable diseñada para organizar interacciones entre usuarios, no sólo usuarios finales sino también entidades corporativas y cuerpos públicos”. Las plataformas están orientadas a “la recolección sistemática, procesamiento algorítmico, circulación y monetización de los datos de los usuarios“. Un ensamblaje de plataformas conforma un “platform ecosystem” que modela nuestras prácticas cotidianas. En el caso de los países occidentales, la infraestructura de las plataformas está en manos de un puñado de megacorporaciones.

El libro presta particular atención a las tensiones entre los intereses públicos y los privados, y se cuestiona qué rol desempeñan las plataformas en la organización de los valores públicos en las sociedades occidentales. A lo largo de las páginas los autores van diseccionando plataformas en diversos sectores (ellos hablan de “sectoral platforms“), desde la información (Facebook, Twitter,YouTube, etc.) hasta el transporte urbano (Uber, Cabify, Blablacar, etc.), la salud (PatientLikeMe, 23andMe, etc.) o la educación (Coursera, AltSchool, etc.).

The Platform Society es un volumen donde los autores apuestan fuerte por la ANT (Actor-Network Theory), uno de los marcos teóricos de referencia de mis Leyes de la Interfaz. En decenas de páginas hay conexiones con mi visión eco-evolutiva de la tecnología y los medios. En el plano metodológico, proponen un modelo de análisis basado en niveles que dialoga a distancia con las investigaciones de José L. Fernández reseñadas en la primera parte:

  • Micro-nivel: plataformas individuales (AirBnb, Uber, etc.)
  • Meso-nivel: ecosistemas de plataformas (Gmail/Google Search/Youtube/etc.)
  • Macro-nivel: “platform societies” (sociedad-plataforma).

The Platform Society es un libro que posee una densidad teórica mayor si la comparamos con el volumen anterior de Jose van Dijck. No dudo que será una obra de referencia en los próximos años (solo espero que no tarden tanto tiempo en traducirla al castellano).

Máquinas, plataformas, multitudes

Según Andrew McAfee y Erik Brynjolfsson, autores de Machine, Platform, Crowd (2017), los tres conceptos que titulan su libro son fundamentales para comprender las mutaciones tecnosociales de la sociedad postindustrial. McAfee y Brynjolfsson parten de una cita muy conocida del estratega Tom Goodwin que no tardó mucho en viralizarse (todos la hemos visto en algún Power Point o en una de esos horribles carteles coloreados que genera Facebook):

Uber, la compañía de taxis más grande del mundo, no posee vehículos. Facebook, el propietario de medios más popular del mundo, no crea contenidos. Alibaba, el minorista más valioso, no tiene inventario. Y Airbnb, el mayor proveedor de alojamiento del mundo, no posee bienes inmuebles (2017: 13).

Según McAfee y Brynjolfsson la máquina, la plataforma y la multitud tienen contrapartes. Para la inteligencia de la máquina, la contraparte es la mente humana; para la multitud, la contraparte es el conocimiento, los procesos, la experiencia y las capacidades que las empresas han desarrollado internamente y en sus cadenas de suministro. Las contrapartidas de las plataformas son los bienes y servicios: “un viaje en la ciudad es un producto, mientras que Uber es la plataforma que la gente usa para acceder a él. Lo mismo es cierto con los alojamientos y Airbnb, o las noticias y Facebook”. Esta mirada optimista y por momentos demasiado light –donde las plataformas como Facebook parecen ser simple espacios interactivos que ofrecen información- no impide que McAfee y Brynjolfsson, al final de su libro, alerten a sus lectores:

Dependiendo de cómo se usen, las máquinas, las plataformas y la multitud pueden tener efectos muy diferentes. Pueden concentrar el poder y la riqueza o distribuir la toma de decisiones y la prosperidad. Pueden aumentar la privacidad, mejorar la apertura o incluso hacer ambas cosas al mismo tiempo. Pueden crear un lugar de trabajo imbuido de inspiración y propósito, o uno impulsado por la codicia y el miedo (2017: 435).

A diferencia del próximo libro que reseñaré, en el volumen de Andrew McAfee y Erik Brynjolfsson se respira un clima muy optimista respecto a la evolución futura de las plataformas, casi a contrapelo del creciente malestar en la cibercultura que se expresa en las librerías de todo el mundo.

Capitalismo de plataformas

Según Nick Srnicek el capitalismo, para afrontar la prolongada caída de la rentabilidad de la manufactura, “se volcó hacia los datos como un modo de mantener el crecimiento económico y la vitalidad de cara al inerte sector de la producción” (2018: 13). Después de una rápida descripción del origen y evolución del capitalismo industrial, Srnicek describe la crisis de ese modelo de acumulación y la emergencia de las plataformas como el nuevo modelo de negocios. Para Srnicek el capitalismo avanzado del siglo XXI se centra en la extracción y uso de datos:

Los datos son la materia prima que debe ser extraída, y las actividades de los usuarios, la fuente natural de esta materia prima (2018: 42)

El libro de Srnicek se convierte en una lectura obligatoria cuando comienza a analizar la guerra de las plataformas y las tendencias que atraviesan a este sector de la economía capitalista:

La competitividad en las plataformas no se estima solamente mediante el criterio de una diferencia máxima entre costos y precios; la recolección y el análisis de datos también inciden en la manera en que se estima y se clasifica la competitividad. Esto significa que, si estas plataformas quieren seguir siendo competitivas, tienen que intensificar la extracción, el análisis y el control de datos -y para hacerlo tienen que invertir en capital fijo-. Y aunque su impulso genético es hacia la monopolización, hoy en día se enfrentan a un ambiente cada vez más competitivo compuesto por otras grandes plataformas (2018: 91).

Resumiendo: en Capitalismo de plataformas (leer la introducción) Srnicek presenta un análisis muy fresco de la economía de los datos pero, a mi entender, esa es sólo una dimensión del funcionamiento de las plataformas. Trataré de explicarme: el Estado moderno y las empresas capitalistas siempre aspiraron a extraer y procesar datos de sus ciudadanos/clientes. Desde su origen la estadística ha sido una disciplina científica al servicio del Estado moderno (censos, registros de nacimientos y defunciones, cálculo de jubilaciones, etc.) y del capitalismo (desde el cálculo de la expectativa de vida que interesa a las empresas de seguros hasta la medición del rating televisivo). Las plataformas, como bien explica Srnicek, han llevado estos procesos de obtención y procesamiento de datos a un nivel nunca visto hasta ahora.

Ahora bien: ¿Podemos reducir a empresas con Facebook, Google, Amazon, Uber o Airbnb simplemente a esta dimensión? Pensar que Amazon o Uber son solo empresas que utilizan datos como materia prima y lucran con ellos me parece reductivo, casi como pensar que la vieja televisión de broadcasting era solo un dispositivo para generar rating. Siguiendo con este ejemplo, las transformaciones sociales que generó la televisión a su alrededor no se pueden reducir a la dimensión “matemática” del rating, de la misma manera que no podemos simplificar el rol de las nuevas corporaciones exclusivamente a su dimensión “algorítmica”.

En breve: coincido con casi todos los planteos críticos de Srnicek, desde la explotación del personal que trabaja en estas empresas hasta los peligros que implica la monopolización, pero considero que debemos abrir el abanico interpretativo a la hora de analizar las plataformas. En ese sentido, el modelo introducido por José van Dijck en 2013 me parece más amplio y multidimensional (ver la primera parte de este post) que la mirada reduccionista de Srnicek.

¿Y ahora qué?

La sensación después de leer el libro de Nick Srnicek es… ¿y ahora qué? Algo similar me pasó el otro día, al terminar la intervención de Éric Sadin (autor de La siliconización del mundo) en el CCCB durante Kosmópolis. De frente al discurso ingenuo de autores como McAfee y Brynjolfsson (Machine, Platform, Crowd), el pensamiento crítico no parece saber cómo moverse más allá de la denuncia a los algoritmos y la proclamación del advenimiento de un distópico mundo orwelliano.

En la tercera y última parte de este post volveré sobre estos temas.

Sigue en la tercera parte.

Bonus tracks

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One Comment

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  1. Carlos, mi amigo, excelente texto, y complementa muy bien el anterior. En realidad, el texto refuerza de manera positiva las investigaciones sobre ecología de los medios, especialmente con miradas hacia el futuro, y no hacla el pasado, como es común en el mundo de los estudios sobre medios. Recuérdome de José Marques de Melo, diciendo que deberíamos investigar sobre el futuro, y no sobre “el muerto”, como logramos hacer en la academia. Me gusta mucho la reseña, aunque refuerza también mis miedos y falta de aire frente a tanta tecnología y sumisión a los medios a los cuales estamos sometidos actualmente. Ya no tenemos el contracto de lectura propuesto por Verón, pues según sus ideas debería ser mutua la decisión. Si No tenemos como ni siquiera pensar en eso, como podemos tomar decisiones, no? Muchas gracias por la lectura, en especial la recomendación a la obra de Srnicek. Abrazos.

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