Black Mirror: ficción, evolución mediática y fantasmas tecnológicos.

En los últimas semanas se han publicado varios libros que cuentan con capítulos en los que trabajé el año pasado.

  • “Media Evolution” en el libro Mediated Communication editado por Philip Napoli. En este capítulo avanzo otro poco en la definición de una teoría evolutiva de los medios y repaso las contribuciones de varios autores -como el mismo Napoli- que se mueven en la misma sintonía.
  • “The Entire Evolution of Media: A Media Ecological Approach to Black Mirror” en el libro Black Mirror and Critical Media Theory editado por Angela M. Cirucci y Barry Vacker. En este texto analizo la serie de Charlie Brooker desde la perspectiva de las leyes de los medios de McLuhan, especialmente la ley conocida como “reversal“. Este capítulo expande y profundiza un análisis que comencé en el volumen Black Mirror. Porvenir y tecnología editado por Jorge Martínez-Lucena y Javier Barraycoa.
  • “Transmedia Literacy: Rethinking Media Literacy in the New Media Ecology” es mi aporte al mega-volumen editado por Renira Rampazzo Gambarato Matthew Freeman The Routledge Companion to Transmedia Studies. Este volumen será sin dudas la referencia en los estudios sobre narrativas transmedia en la próxima década.

Casi todos estos libros son producciones colectivas con muchas páginas y pensados sobre todo para las bibliotecas. Salvo el volumen de la UOC Press, resultan muy caros para el bolsillo de un estudiante o profesor. En este post les cuento, a modo de trailer, de qué van los dos capítulos sobre Black Mirror

De la ecología a la evolución mediática

Si la ecología analiza las relaciones entre especies biológicas en un momento determinado, entonces el enfoque evolutivo investiga las variaciones, bifurcaciones, adaptaciones (microevolución) y extinción (macroevolución) de esas especies. Se podría decir que la ecología piensa en espacio y la evolución, en tiempo. Ambas visiones son complementarias y pueden ser reorganizadas siguiendo la oposición lingüística tradicional entre los niveles diacrónico/sincrónico. Según Robert K. Logan, uno de los más lúcidos discípulos de Marshall McLuhan, la evolución de la tecnología sigue un patrón similar al de los organismos vivos. La biología y la cultura, desde su perspectiva, “ya no pueden ser estudiadas por separado porque la evolución humana es una combinación de evolución biológica y cultural”. En este nuevo contexto, la hipótesis a explorar es que “los medios son fenómenos emergentes y pueden considerarse en cierto sentido como organismos que propagan su organización e interactúan entre sí como agentes bióticos vivientes en un sistema ecológico”. Es en este contexto teórico que podemos comenzar a pensar en cómo evolucionan las “especies mediáticas” de Black Mirror.

Una de las características más relevantes de Black Mirror desde la perspectiva de la evolución de los medios es que en la mayoría de sus episodios el mundo narrativo no nos lleva a un futuro lejano hipertecnologizado y fuera del control humano –como en Terminator o Matrix– sino que trabaja con tecnologías que ya están disponibles en el mercado o que no tardarán en llegar. A excepción de algunos episodios como “Fifteen Million Merits” (1×02), que nos transporta a una hipercompetitiva ciudad futura cimentada alrededor de un reality show, o “White Christmas” (2×04), donde Brooker incursiona en desarrollos avanzados de la inteligencia artificial, en general Black Mirror manipula narrativamente tecnologías y plataformas de uso cotidiano: redes sociales, dispositivos móviles, realidad aumentada, virtual y mixta, drones, etc. Incluso el “grano” (grain) y las lentillas/cámara/pantalla que, a partir de su debut en “The Entire History of You” (1×03), se han convertido en una especie de marca registrada de la serie, o los nanodrones de “Hated in the Nation” (3×06), podrían ser considerados prototipos en fase beta a punto de llegar al mercado. Más que Skynet, la megainteligencia artificial de Terminator que dirige la rebelión de las máquinas, son estos pequeños dispositivos tecnológicos los que, al transformar radicalmente la cognición, la percepción y las relaciones interpersonales, están modificando a fondo el ecosistema mediático y social. En este sentido el universo de Black Mirror nos resulta casi cotidiano, está mucho más cerca que el distópico futuro de John Connor y sus combatientes.

El carácter biológico-evolutivo de las tecnologías aparece como uno de los ejes fundamentales del mundo narrativo de Black Mirror. Los dispositivos e interfaces que aparecen en los diferentes episodios se encuentran totalmente naturalizados. Los personajes o son ya usuarios avanzados o son early-adopters que no tardarán en adaptarse a las “nuevas tecnologías” después de una fase inicial de rechazo,como sucede en “Be Right Back” –(2×01).

Nuevas mediatizaciones

Las tecnologías, al evolucionar, también generan nuevas formas de mediatización de los procesos sociales. Si en la segunda mitad del siglo XX la televisión dio lugar a nuevas modalidades de mediatización de la política (la llamada videopolítica), las dos incursiones en este tema por parte de Black Mirror agregan a ese estrato mediático -marcado por el broadcasting– la combinación explosiva con las redes sociales. Episodios como “The National Anthem” (1×01) o “The Waldo Moment” (3×03) son un buen ejemplo de berlusconismo videopolítico en épocas de redes sociales.

Otros episodios abren inquietantes interrogantes sobre la mediatización de la guerra o la religión. En “Men Against Fire” (3×05) la construcción del enemigo se convierte en una interfaz individual que cada soldado lleva puesta y le permite ver a sus “enemigos” como monstruos deformes que deben ser eliminados sin titubear. En “San Junipero” (3×04) el carácter distópico de la serie parece replegarse sobre sí mismo para mostrar un futuro donde cada sujeto podrá seguir viviendo en un feliz mundo virtual alimentado de sus mejores recuerdos. La vida (virtual) después de la vida (¿real?). En cierta forma toda la serie es una hipótesis narrativa sobre las nuevas formas que podría asumir o, mejor, está asumiendo a ritmo acelerado, la mediatización de la vida social en todas sus dimensiones (política, social, religiosa, educativa, etc.).

Las leyes de los medios

En uno de sus textos más conocidos Marshall McLuhan, con la colaboración de su hijo Eric, sintetizó su visión de los medios en cuatro principios o leyes:

  • Extensión: ¿Qué es lo que el medio extiende, intensifica, acelera o hace posible?
  • Obsolescencia: ¿Qué reduce o hace obsoleto el nuevo medio?
  • Recuperación: ¿Qué acciones, servicios o formas de medios retornan o son recuperadas con el surgimiento del nuevo medio? ¿Qué bases anteriormente obsoletas o anticuadas son recuperadas e integradas por la nueva forma mediática?
  • Reversión: Cuando la nueva forma de medio es llevada hasta su límite en sus potencialidades tiende a producir una reversión y un retorno a la situación previa a su aparición ¿Cuál es la reversión potencial de la nueva forma mediática?

En los dos capítulos que escribí sobre Black Mirror utilicé las cuatro leyes para repasar los episodios de las tres temporadas hasta ahora emitidas. Sin embargo, creo que es la Ley de Reversión (reversal) la que ofrece mejores posibilidades como instrumento analítico.

Hasta sus últimas consecuencias…

Con la excepción de “San Junipero” (3×04) la mayoría de los episodios de Black Mirror presentan ejemplos muy provocadores de los efectos negativos de las “nuevas tecnologías” cuando estas son llevadas hasta sus últimas consecuencias. Veamos un par de episodios:

  • “The Entire History of You” (1×03):  este episodio es uno de los más ricos desde la perspectiva de la Ley de Reversión. La combinación entre el grain, que mejora la memoria personal, y el dispositivo intraocular de registración/reproducción audiovisual  termina condenando a sus usuarios a revivir una y otra vez los fantasmas del pasado.  El personaje principal, Liam Fowell, acaba destrozado y sobrevive gracias a la proyección continua de los mejores momentos archivados en su grain hasta que decide extirparlo con una navaja.
  • “The Waldo Moment” (2×03): como en “The National Anthem” (1×01) este episodio se centra en la degradación de la democracia debido a la influencia de la videopolítica y las redes sociales. Una vez más, un medio creado para mantener a los ciudadanos informados termina distorsionando la lucha política, exponiendo en público la decadencia de los viejos candidatos y, en el mismo movimiento, marginando a los que candidatos emergentes que podrían transformarla. La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, junto a otros procesos políticos contaminados por las fake news y la manipulación informativa, resignificó este episodio y confirmó que las distopías de Black Mirror no están tan lejos en el futuro.
  • “Nosedive” (3×01): este episodio explora cómo una red social diseñada para mejorar la comunicación interpersonal se convierte en un potente instrumento de control social que transforma las relaciones en un hipócrita juego de construcción/evaluación de la propia imagen. En el año 2015 el gobierno chino propuso un sistema de crédito social (Social Credit System) demasiado parecido al dispositivo imaginado por Charlie Brooker en este episodio.

Black Mirror puede ser considerada un ejercicio narrativo muy sofisticado de aplicación de las cuatro leyes de los medios de Marshall McLuhan: en todos los episodios nos encontramos con tecnologías que, recuperando funciones de viejos medios (Recuperación), expanden nuestras capacidades sociales, cognitivas y perceptivas (Extensión), decretando al mismo tiempo la obsolescencia de otras formas de comunicación (Obsolescencia) para centrarse en los efectos negativos (Reversión). La clave está aquí, en la última ley. La serie de Charlie Brooker es quizá la mejor reflexión narrativa disponible en la cultura contemporánea sobre la Ley de Reversión de los medios de Marshall McLuhan: ¿Qué pasa cuando forzamos una tecnología y la llevamos hasta sus últimas consecuencias? La respuesta, en cada episodio de Black Mirror.

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