El (nuevo) formalismo contraataca. Libros, interfaces y formas.

Este es un post teórico.

Están avisados/as.

Una trama intertextual

En la introducción de Las Leyes de la Interfaz (Gedisa, 2018) escribí lo que sigue:

El pasaje de una aplicación primaria de la metáfora eco-evolutiva al desarrollo de modelos teóricos más sofisticados del cambio tecnológico no es directo. Si bien todavía no tenemos una Teoría de las Interfaces muchos investigadores realizaron grandes contribuciones a ese objetivo (…) No descartemos que esa Teoría de las Interfaces que todavía debemos terminar de construir no sea otra cosa que una gran interfaz teórica que conecte las contribuciones y organice las reflexiones de una extensa red de intelectuales, científicos, diseñadores y creadores que, desde hace al menos dos siglos, viene reflexionando sobre la evolución de las especies tecnológicas y experimentando nuevos lugares de interacción.

Las Leyes de la Interfaz dialogan con muchísimos textos y disciplinas, desde la ecología de los medios hasta la arqueología mediática, pasando por  la teoría de la usabilidad, la teoría del actor-red, la interacción-persona ordenador, la teoría de la complejidad, la sociología del cambio tecnológico o la semiótica de las interfaces. La lingüística, la biología, la ingeniería y la antropología también dejaron sus huellas en más de una ley. Si tratáramos de representar la trama intertextual detrás de Las Leyes de la Interfaz emergería un gráfico como el que sigue (las disciplinas aparecen en negritas y las teorías o subdisciplinas en cursiva):

Lo interesante de todo esto es que, apenas uno publica un libro, comienzan a aparecer nuevos interlocutores fruto de las nuevas lecturas del autor... o de las conexiones intertextuales que realizan los lectores. En estos últimos meses varios libros expandieron aún más la trama intertextual que rodea a Las Leyes de la Interfaz, por ejemplo el polémico volumen de Graham Harman Object-Oriented Ontology. A new theory of everything (Pelikan, 2018)…

… o el no menos motivador libro de Caroline Levine Forms: Whole, Rhythm, Hierarchy, Network publicado por Princeton University Press en 2015:

A este segundo volumen está dedicado este post. Pero antes de comentarlo debemos pasar por un breve curso de (pos)estructuralismo en tres párrafos.

Formalismo-Estructuralismo-Posestructuralismo

Uno de los grandes paradigmas teóricos que surgió en el siglo XX fue sin dudas el formal/estructuralismo. Si bien sus raíces se podrían situar en las obras de Aristóteles, la publicación del Cours de linguistique générale de F. de Saussure en 1916 y el posterior desarrollo del movimiento formalista en Rusia, en el cual participaron investigadores como Víktor ShklovskiBorís TomashevskiYuri TyniánovBorís EichenbaumVladímir ProppyRomán Jakobson, llevaría a la emergencia del estructuralismo de la mano de referentes ineludibles como Claude Lévi-Strauss. El estructuralismo, un movimiento que se irradió desde Francia hacia todo el mundo, fue la new thing de las ciencias sociales y las humanidades de la postguerra y se convirtió en la gran moda teórica de los años 1960.

Como es archiconocido, las voces críticas no tardaron en llegar. Entre otras cosas, se le achacaba al estructuralismo un excesivo interés por lo sincrónico (el análisis del “estado” de un sistema según Saussure) y la consecuente supresión del análisis diacrónico o histórico. El posestructuralismo, por el contrario, estaba muy preocupado en reafirmar la importancia de la historia. Muchos referentes del estructuralismo como Jacques LacanLouis Althusser, Julia Kristeva o Michel Foucault no tardaron en ser reconocidos como los grandes pensadores del posestructuralismo junto a Jacques Derrida y Gilles Deleuze. Si en los años 1960 el estructuralismo era la gran moda teórica en los Departamentos de Humanidades y Ciencias Sociales, en los años 1980 el posestructuralismo pasó a ocupar ese espacio de hegemonía teórica y discursiva.

Esta secuencia teórica -que he resumido de manera brutal por obvios motivos de espacio- recuerda mucho al modelo rítmico de Thomas Kuhn (paradigma > crisis > nuevo paradigma); sin embargo, la realidad de las conversaciones teóricas es mucho más compleja de lo que parece, incorpora a numerosos interlocutores que aquí no he mencionado y adquiere más bien la forma de una red donde diferentes teorías ocupan en determinados momentos posiciones hegemónicas, dando lugar a jerarquías epistemológicas… !Stop! ¿He escrito “rítmico“? ¿He mencionado la palabra “jerarquía“? ¿Por qué hablo de “red“? Tanto el ritmo como las jerarquías o las redes, nos dice Caroline Levine, no son otra cosa que “formas” que sirven para darle sentido a la realidad. Y pueden ser de utilidad a la hora de transformarla.

Hacia un nuevo formalismo

Lo diré de forma clara y concisa:  está naciendo un movimiento teórico que relanza la mirada formalista. Son sobre todo algunas voces provenientes de los estudios literarios las que están abriendo la discusión. El artículo de  Marjorie Levinson What Is New Formalism? (2007) contribuyó a marcar un campo donde el volumen de Caroline Levine emerge como uno de los textos más relevantes dentro de esta nueva mirada. Sintetizaré la propuesta de Levine a partir de los cinco conceptos clave que aparecen el título de su libro, y teniendo siempre en mente que a Levine le interesa ante todo proponer un método:

… I aim to show that paying attention of subtle and complex formal patterns allows us to rethink the historical workings of political power and the relations between politics and aesthetics (XIII).

Forma

Según Levine las formas no están solo dentro de las obras literarias: las cosas adoptan formas y las formas organizan las cosas. Ella propone cinco ideas que le dan dinamismo a un modelo que, en un primer momento, tiende a ser visto como estático:

  • Las formas constriñen;
  • Las formas diferencian;
  • Las formas se superponen e intersectan;
  • Las formas se mueven;
  • Las formas realizan un trabajo político en contextos históricos particulares.

Levine sostiene que

A variety of forms are in motion around us, constraining materials in a range of ways and imposing their order in situated contexts where they constantly overlap other forms. Form emerges from this perspective as transhistorical, portable, and abstract, on the one hand, and material, situated, and political, on the other (11).

Este interés por aplicar la idea de ‘forma’ a lo social reaparece cuando Levine reivindica el concepto de ‘affordances’  –un clásico de las ciencias cognitivas y el diseño interactivo que trabajé a fondo en mi libro Hacer Clic (Gedisa, 2004)- y lo utiliza para darle una dimensión conflictiva y política al mundo de las formas:

This analysis of forms -constraining in different ways, bringing their affordances with them as they cross contents, and colliding to sometimes unpredictable effect- points of a new understanding of how power works (8).

En su libro Levine trabaja cuatro formas básicas: la totalidad, el ritmo, la jerarquía y la red (aunque reconoce que hay muchas más!). A la hora de ejemplificar su método, Levine pasa de lo social a la ficción sin solución de continuidad: una forma puede ser identificada en un texto de Borges o en una situación de poder institucional. 

Totalidad

La idea de ‘totalidad’ atraviesa la historia de la filosofía desde Aristóteles hasta Marx. Esta forma, sostiene Levine, incluye desde las paredes domésticas hasta las fronteras nacionales. Según Levine

Scholars routinely draw boundaries around their objects of analysis, delimiting concepts, deciding what to include and what to exclude, with the result that many progressively minded scholars, even those most resistant to formal totalities, are in fact dependent on the very shapes they critique (28).

Desde la concepción dinámica y conflictiva que propone Levine, la idea de ‘contenedor’ (container) cerrado está lejos de ser un lugar estático donde reina un poder único de manera absoluta:

Containers do not afford only imprisonment, exclusion, and the quelling of difference; they also afford centrality and inclusiveness (…) No single ideological or political whole successfully dominates or organizes our social world (39).

Ritmo

Las formas se repiten. Desde el ritmo de la producción industrial hasta la repetición de patrones en las instituciones a lo largo de ciclos temporales (por ejemplo los procesos educativos que se presentan como una sucesión de lecciones y exámenes), todas estas modalidades serían parte de la forma ‘ritmo’. Para Levine

rhythms reveal opposing affordances: on the one hand, they can produce communal solidarity and bodily pleasure; on the other, they can operate as powerful means of control and subjugation (49).

Los ritmos son fundamentales para la supervivencia de las instituciones

Their repetitive rhythms over time afford stability. Indeed, the reference of the same forms over time is essential to the work of institutional organization. Without those repetitions, institutions would not be able to impose order on bodies, discourses, and objects (60).

La existencia de múltiples ritmos lleva a conflictos y adaptaciones, por ejemplo cuando la vida familiar o el lanzamiento de nuevas series de televisión después del verano terminan adaptándose al ritmo que impone el calendario escolar (66). La ruptura de un ritmo -por ejemplo durante una huelga- también entra en esta dimensión conflictiva de esta forma temporal.

Jerarquía

Esta forma incluye diferencias de raza, género, clase y, obviamente, las burocracias. Según Levine

hierarchies arrange bodies, things, and ideas according to levels of power or importance (…)
The most consistent and painful affordance of hierarchical  structures is inequality 
(82).

La mayor parte de las oposiciones binarias trabajadas por los estructuralistas (masculino/femenino, público/privado, cuerpo/mente, negro/blanco, etc.), tal como sostenían los posestructuralistas, esconden relaciones de poder: siempre uno de los dos polos está por encima del otro, generando de esa manera una forma jerárquica en las relaciones. Sin embargo

while some binaries are not hierarchies, it is also true that some hierarchies are not binaries (84).

Las jerarquías, tal como explica Levine, pueden presentarse de manera graduada y, en algunos casos, pueden tener efectos progresivos al confrontarse con otras jerarquías. En todo caso, Levine propone huir de las jerarquizaciones reductivas:

In a world in which binaries are so snarled together that they are constantly transforming one,  it becomes impossible to choose a single hierarchy to organize the world (91).

Esto no impide reconocer en la jerárquica a la forma política por excelencia

While containers organize space and rhythms regulate time, hierarchy is the form that creates domination and oppression, producing the most painful material effects. Politically, then, we might asume that hierarchy is the form of social organization that matters most (98).

Red

Las interconexiones de objetos y/o personas son parte de esta forma, al igual que el comercio internacional, el terrorismo o el transporte. Entre otros autores, Levine reivindica el trabajo de investigadores como Patrick Pagoda, Patrick Joyce o Franco Moretti, quienes están aplicando modelos reticulares en ámbitos tan disímiles como la matemática, la física o los estudios literarios. Si bien no lo dice con estas palabras, desde la perspectiva de Levine la ‘red’ se presenta como una metaforma (el concepto es mío) que modela a las demás:

As a form that first and foremost affords connectedness, the network provides a way to understand how many other formal elements -including wholes, rhythms, and hierarchies -link up in larger formations. Specifically, network organizations allows us to consider how many formal elements connect to create nations or cultures. It is thus a form absolutely crucial to our grasp of significant assemblages -including society itself (113).

Existen diferentes tipos de redes: algunas son centralizadas, otras se organizan a partir de múltiples hubs, mientras que otras alcanzan altísimos niveles de complejidad frente a la simplicidad de algunas de ellas (114). Nosotros nos encontramos en medio de esta trama de redes que configuran nuestra vida…

We cannot ever apprehend the totality of the networks that organize us. This is a formal fact of networks (129).

Si bien en las últimas dos décadas la forma ‘red’ ha sido festejada por politólogos y sociólogos, según Levine las redes también pueden servir para consolidar el poder, frenando los procesos de cambio.  En otros casos los conflictos entre formas reticulares pueden generar fuertes desestabilizaciones.

Conversaciones intertextuales

Una vez analizadas estas cuatro formas, en el capítulo final del libro, que sin dudas entusiasmará a colegas como Jorge Carrión, Caroline Levine pone todas las formas sobre el asador y nos deleita con un análisis de la serie The Wire (2002-2008), quizá una de las obras más representativas de la Tercera Edad de Oro de la TV. Según Levine la serie de David Simon propone

a rare exploration of the ways that social experience can be structured and also rendered radically unpredictable by the dense overlapping of large number of social forms (132).

Hasta aquí llega esta breve síntesis de Forms: Whole, Rhythm, Hierarchy, Network de Caroline Levine. Como siempre digo, el valor de un libro está en la red conversaciones que puede llegar a activar. En el caso del volumen de Levine, el debate está sobre la mesa. En una reseña para nada condescendiente con el volumen, Tom Eyers escribió:

For all of my quibbles with the details of Levine’s new formalism, this impeccably well- written and always provocative book should initiate a serious and sustained debate in the Humanities. For too long, previously critical forms of historicism have threatened to repeat the errors of older historical methods, and one way of clawing back that criticality may be to reacquaint ourselves with the potential of formal analysis, in the process reinventing it anew. The temptation to be avoided, as I suggested at the outset, is a retreat into form, the foregrounding of reassuringly abstract figures or techniques at the expense of political salience and social relevance. But equally troublesome would be the assumption that abstraction and formality are inherently apolitical and ahistorical. One of this book’s many virtues is its activist insistence on the political effectivity of forms, of how we are conditioned, limited and enabled by multiple formal shapes and rhythms. But there is further work to be done, not least on tracing with a keen theoretical eye the ways and means by which different forms interact, in inherently uneven spaces of political, historical and aesthetic action and inaction. I remain unconvinced that assuming this interaction a priori is quite enough, and it may as a consequence be necessary to resurrect that most unfashionable of things, a theory of reference. Caroline Levine has made some crucial first steps in that direction here, and one hopes that this volume’s ambition won’t remain an exception to the regrettable over-specialization of contemporary Humanities scholarship.

El debate continúa.

Las formas y las interfaces

Leer Forms: Whole, Rhythm, Hierarchy, Network de Caroline Levine me produjo una extraña sensación: por momentos me parecía estar leyendo (reescribiendo) Las Leyes de la Interfaz… Muchos de sus análisis encajarían perfectamente en mi libro (en algún caso bastaría cambiar “interfaz” por “forma”). Si una interfaz es “una red de actores (humanos e institucionales) y tecnológicos que interactúan, mantienen relaciones y desarrollan procesos”, las posibilidades de diálogo con el New Formalism son enormes. Ambos enfoques comparten una mirada transdisciplinaria donde se busca identificar patrones comunes (McLuhan) en diferentes esferas (en mi caso, la tecnológica, la social y la cultural; en Levine, entre la literaria y la social).

Por otra parte, hay una serie de autores (como Bruno Latour) y disciplinas (por ejemplo la semiótica) que facilitan ese diálogo intertextual entre Forms: Whole, Rhythm, Hierarchy, Network Las Leyes de la Interfaz.  El interés compartido por evidenciar la dimensión política de los conflictos (9º Ley: “El diseño y uso de una interfaz son prácticas políticas” / “Power operates in a world dense with functioning forms”) en el contexto de una concepción marcada por la teoría de la complejidad (8º Ley: “Las interfaces están sometidas a las leyes de la complejidad” / “The world is much more chaotic and contingent, formally speaking, than Foucault imagined, and therefore much more interesting“) acercan aún más ambas reflexiones.

Dos apuntes para terminar: ambos textos reivindican un tipo de análisis inspirado en la longue durée (a Levine le interesa “the portability of different forms across time and space“, a mí la evolución de las interfaces en los últimos 2,5 millones de años) y hacen hincapié en la imprevisibilidad de esos procesos.

Dudas finales

Desde hace varios años, en conversaciones con algunos colegas -por ejemplo José Luis Férnandez de la Universidad de Buenos Aires-, surge una y otra vez una cuestión: ¿Hasta dónde el estructuralismo no fue liquidado demasiado rápido? La aceleración del debate intelectual y las urgencias políticas de los años 1960 llevaron a “superar” al estructuralismo en un par de años. Como dije antes, muchos intelectuales que en 1966 eran considerados estructuralistas cuatro años más tarde estaban enrolados en el posestructuralismo…  Releyendo muchas obras de esa década -por ejemplo los primeros textos de Eliseo Verón– se descubre un diálogo muy enriquecedor con las ciencias “duras” que se fue perdiendo en las décadas siguientes. Tanto en Las Leyes de la Interfaz como en Forms: Whole, Rhythm, Hierarchy, Network  se propone un enfoque que, si bien se alimenta en las fuentes formalistas, tiende a incorporar la dimensión histórico-política al mismo tiempo que anima una mirada a largo plazo que complementa el close reading que postulan otros modelos de análisis.

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