Ecología de los medios: la evolución de las especies móviles (I).

Este año tuve la oportunidad de participar en el Mobile World Congress formando parte del programa de Key Opinion Leaders de Huawei, un increíble grupo de expertos en tecnología organizado por Walter Jennings, vicepresidente de Comunicación Corporativa de Huawei Technologies. En este dream team  de referentes mundiales se encontraba desde Mr Brown (@mrbrown), uno de los blogueros más populares de Singapur, hasta Marsha Collier (@MarshaCollier), Forbes Top 10 Futurist, o  Charlene Li (@charleneli), coautora del famoso Groundswell junto a  Josh Bernoff , pasando por  Kevin Curran (@profkevincurran),  Karl Smith @UserExperienceU, Glen Gilmore (@GlenGilmore), Craig Brown (@craigbrownphd) , Dean Anthony Gratton (@grattonboy), Farrukh Naeem Qadri (@FarrukhNaeem), Toby Shapshak (@shapshak), Enrique Dans (@edans) o  Shaan Haider (@shaanhaiderpor nombrar solo a algunos de ellos.  Durante casi una semana no solo pude participar en una buena parte de las actividades del Mobile World Congress e intercambiar impresiones con estos interlocutores de lujo: también tuve la ocasión de conocer a fondo las estrategias de Huawei, uno de los actores emergentes más relevantes de la ecología de la comunicación móvil. Este es el primer post de varios destinados a mapear la situación de la mobile communication en el contexto de la nueva ecología mediática.

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The new thing?

Hace una década, cuando se realizó el primer Mobile World Congress en Barcelona (2006), Apple todavía producía junto a Motorola el teléfono móvil ROKR, uno de los grandes fracasos tecnológicos y comerciales de la compañía de Cupertino. Al año siguiente llegaría el iPhone y la industria de la comunicación móvil nunca más volvería a ser como antes. Por entonces el foco del Mobile World Congress apuntaba a los nuevos smartphones con pantalla táctil y a las grandes estrellas del firmamento tecnológico: las apps. Durante la segunda mitad de la década del 2000 una buena parte de la atención de los participantes del MWC estaba fijada en el software, en esos pequeños iconos en la pantalla interactiva que, de un día para otro, podían volver ricos a sus creadores.

Hoy el panorama ha cambiado. Por el lado de los dispositivos, desde la llegada del iPad (2010) y la nueva generación de smartwatches con capacidades similares a los smartphones (2013-14) no han surgido nuevos aparatos que convoquen a los consumidores de manera masiva. Los smartphones, por su parte, muestran un desarrollo que sigue las líneas evolutivas del iPhone: si bien cada año los microprocesadores son más rápidos, mejoran las cámaras y la definición de las pantallas es cada vez más asombrosa, no aparece nada realmente revolucionario. Los cambios son lentas evoluciones anuales de un dispositivo-base cada vez más sofisticado.

No es anecdótico que más allá de las rutilantes presentaciones de Huawei (P10) o LG (G6) el dispositivo móvil más comentado del Mobile World Congress haya sido el Nokia 3310, una pieza de anticuario renovada para la ocasión con una cámara de fotos, batería de larga duración y el videojuego Snake para los más nostálgicos . Los nuevos mánagers de Nokia parecen haber dicho: “dado que no es fácil pensar el futuro, activemos la OP (Operación Nostalgia) y resucitemos un teléfono del pasado con un par de actualizaciones…”. Allá por 1990 Apple hizo algo parecido con el Mac Classic, una versión redux del primer Macintosh del 1984.

¿Dónde está la new thing? Si en el 2008 todo el mundo en el Mobile World Congress gritaba Apps, Apps, Apps! en el 2017 las voces son más polifónicas: AI, VR, cloud, IoT, 5G, data, Smart City, IPTV! Si algo quedó claro en el congreso de este año es que hay muchas tecnologías potencialmente disruptivas dando vueltas pero hasta ahora ninguna se perfila como la gran apuesta de la próxima década. Las empresas, por las dudas, distribuyen sus fichas a lo largo y a lo ancho de la mesa en espera de que la bola caiga en un número que les favorezca. Y, hay que reconocerlo, los jugadores tienen muchas fichas (estoy hablando de dinero) por lo que pueden hacer apuestas muy fuertes.

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Hagan sus apuestas!

Artificial Intelligence: Uno de los stands más comentados en esta edición del Mobile World Congress fue el de IBM. Para la ocasión la empresa estadounidense puso a pensar su sistema de inteligencia artificial Watson, basado en una tecnología de data analytics en grado de procesar datos no estructurados incluyendo texto, imágenes, voz y, en breve, vídeo. El resultado: un vestido que cambiaba de color en función del estado de ánimo de los comentarios en Twitter y una escultura flotante inspirada en la Sagrada Familia de Antoni Gaudí. Esta escultura móvil subía o bajaba a partir de las tendencias del Mobile World Congress que se expresaban en Twitter.

SegúnMichael Szivos, el responsable de esta innovadora obra y fundador de SOFTlab, “hemos alimentado a Watson con cientos de imágenes de la obra de Gaudí, artículos literarios e incluso música relacionada con el artista (…) Gracias a la última tecnología en diseño computacional hemos creado una escultura suspendida en el aire que usa modelos similares a los que utilizó Gaudí” (Entrevista publicada en La Vanguardia). Más allá de estas expresiones artísticas destinadas a sorprender a los visitantes del Mobile World Congress, hay que seguir con mucha atención los desarrollos de la inteligencia artificial para que un día no nos tome por sorpresa un ordenador que diga “Elemental, mi querido Sherlock”.

Cloud Computing: Ascender a la nube de datos ya no basta. En el Mobile World Congress se habló de “going All Cloud” o, entre los especialistas de Huawei, incluso de “cloudification”. A medida que nuestras actividades van pasando del offline al online todos los servicios e informaciones tienden a situarse en una compleja infraestructura que de “nube” tiene bien poco. Estamos hablando de una densa trama de servidores, cables transoceánicos, interfaces, satélites, sistemas de distribución y dispositivos de telecomunicación a escala global.

En este sector cada corporación lucha por vender su tecnología y desarrollar cloud solutions para todo tipo de clientes y situaciones de uso. Por otra parte, conviene recordar que antes o después los servicios basados en la nube de datos deberán pasar a la tecnología 5G. En este contexto no es casual que uno de los dos grandes stands de Huawei en el Mobile World Congress estuviera destinado exclusivamente a la nube y la tecnología 5G.

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Smart City: Unos cuantos stands en el Mobile World Congress eran de empresas que desarrollan sistemas de gestión urbanos que haría las delicias de cualquier alcalde o alcaldesa. Por ejemplo Darkmatter proponía una vistosa interfaz táctil donde se podían simular ataques informáticos (o de los otros) y ver, a través de una representación tridimensional e interactiva de la ciudad, sus efectos sobre todo el sistema urbano. Huawei, por su parte, tiene en marcha un programa mundial llamado TechCities donde participa entre otras capitales la ciudad de Madrid.

Internet of Things (IoT): Según el Ericsson Mobility Report del 2016 se estima que en los próximos cuatros años habrá 2.800 millones de dispositivos conectados entre sí dentro de la llamada Internet of Things. Todas las grandes corporaciones presentes en el Mobile World Congress dedicaron una buena parte de su superficie expositiva a la conectividad ubicua de dispositivos. Más allá del clásico ejemplo del refrigerador intercambiando información con el lavaplatos y la tostadora, experiencias de uso cotidiano en muchos países -desde contratar un vehículo en Uber o utilizar los servicios de Deliveroo– entran dentro de los posibles usos de esta tecnología. Otra combinación de interfaces que conviene tener bajo control y que en el Mobile World Congress aparecía en todos los pabellones es la articulación entre la Internet of Things y los coches, una articulación tecnológica que hará parecer a los actuales GPS un hacha de piedra en muy pocos años.

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Los que promueven la Internet of Things hacen hincapié en la conectividad ubicua y sin barreras. Anthony Bartolo (Tata Communications) sostuvo que “la movilidad debería ser considerada de la misma manera que la web o la nube de datos. Esto significa ser capaz de acceder a aplicaciones, contenidos y servicios relativos vía los dispositivos móviles más allá de las fronteras nacionales o las restricciones comerciales de acceso”. Todo muy bonito pero necesito que alguien me explique cómo este mundo virtual sin fronteras es compatible con un territorio cada vez más dividido por muros, agentes de migración y vallas ensangrentadas.

5G: Una de las keywords del Mobile World Congress fue el 5G. La nueva infraestructura de comunicación es necesaria para mantener funcionando un sistema por el cual cada vez circulan más y más datos. El creciente uso de la tecnología IP para distribuir contenidos audiovisuales en alta definición en todo tipo de dispositivos vuelve aún más imperiosa la transición al G5.

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Virtual Reality (VR): Hace un año parecía que finalmente la Virtual Reality y sus primas cercanas, la Augmented Reality y la Blended Reality, finalmente despegarían después de varios amagues. Si bien en el 2016 tanto Facebook como YouTube lanzaron sistemas de VR, la impresión con que salí del Mobile World Congress es que el avión sigue carreteando… Este año Samsung insistió en convertir su stand en un pequeño parque de diversiones para potenciar las ventas del Samsung 7 y hacer olvidar los malestares del Note 7, y aquí y allá se veían algunos visitantes tirando tiros al aire con sus gafas estilo Robocop.

Muchas otras tecnologías de las cuales se ha hablado hasta por los codos en los últimos años también se dejaron ver en el Mobile World Congress, por ejemplo los drones. Sin embargo, salvo algunas excepciones –pienso en megadrones capaces de cargar una cámara o un par de libros de Amazon-, los aparatos que vi parecían más bien juguetes para mostrar a los amigos en el living de casa durante el entretiempo del partido. A su manera todas estas tecnologías-apuestas dialogan entre sí: solo las redes 5G garantizarán el flujo de datos necesario para sostener el funcionamiento de sistemas inmersivos de VR o que el refrigerador intercambie información con la tostadora mientras el dron mira el citado partido en 4K.

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La evolución no es una línea

Resulta interesante remarcar que la idea de “ecología” estaba presente en buena parte de los discursos que abordaban el desarrollo y uso de todas estas tecnologías. Desde una perspectiva evolutiva podemos apreciar cómo un modelo tecno-discursivo basado en la sucesión lineal de sistemas se repite después de un cuarto de siglo: si entre los años 1980-2000 las empresas competían entre sí disputándose las nuevas generaciones del software (Corel Draw 2.0, 3.0, 4.0, etc. versus Illustrator 2.0, 3.0, 4.0, etc. or Freehand 2.0, 3.0, 4.0, etc.) ahora la lucha se da dentro de un mismo estándar (G2, G3, G4, G5, etc.) pero la lógica lineal sigue incólume. Como escribí en este mismo blog en 2009, la evolución no es una línea:

La aplicación de los modelos lineales a los procesos evolutivos, llevada hasta sus últimas consecuencias, termina generando discursos míticos embebidos de ideología y fe en el futuro. ¿Cómo pensar un proceso evolutivo sin caer en las simplicidades de los modelos lineales? ¿Es posible complementar la lectura lineal con otras perspectivas que nos permitan ver/hablar de otra manera los procesos evolutivos? Podemos pensar la evolución de un sistema a partir de otras metáforas. Por ejemplo a partir de la metáfora de la red. Si miramos a la evolución desde esta perspectiva, tendremos un panorama diferente. La red sociotécnica (un concepto propuesto originalmente por Pierre Lévy) está compuesta por  tecnologías, lenguajes, sujetos y procesos de producción/apropiación. En determinados momentos, algunos componentes de la red se vinculan entre sí, comienzan los intercambios y un área de esta geografía entran en estado de hiperactividad.

Es muy posible que la new thing nazca de una combinación inesperada entre algunas de estas tecnologías que acabo de enumerar y otros dispositivos que hoy se están diseñando en algún laboratorio de China, California o, por qué no, Barcelona.

Sigue en la segunda parte.

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