La Semiosis Social 2. El retorno de Verón (2).

Viene del post anterior

Retomemos la reseña donde la dejamos. Como dijimos, el libro La Semiosis Social 2. Ideas, momentos, interpretantes de Eliseo Verón se divide en tres secciones: ideas, movimientos e interpretantes. Después de reseñar las dos primeras solo nos queda la tercera, o sea la sección dedicada a la aplicación del modelo teórico presentado en las precedentes.

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Tercera parte: interpretantes

En esta sección Verón recupera algunas de las investigaciones que, circulando en forma de artículos y capítulos de libro, muchos profesores leímos con atención e incorporamos en la bibliografía de nuestras asignaturas. Trabajos como el análisis de los visitantes de una exposición o de los pasajeros del metro de Paris reaparecen aquí en un contexto teórico y metodológico que los enlaza y presenta como parte de un proyecto científico mayor. En todos estos casos el análisis en clave mediatizadora permite identificar estrategias emergentes y poner a foco la actividad de los diferentes usuarios de esos espacios.

Respecto al debate entre métodos cualitativos y cuantitativos, Verón no los opone (es más, los presenta como complementarios) pero marca las diferencias y pertinencias de cada uno de ellos:

Si nos interesan las lógicas del reconocimiento, las encuestas no nos sirven para nada (…) Los estudios cualitativos, en cambio, en la medida en que comportan la obtención de fragmentos del habla de los receptores y, eventualmente, observación de o información sobre sus comportamientos, pueden ser una puerta de entrada al estudio de los procesos de reconocimiento. No lo son necesariamente, ya que todo depende de cómo sean procesados y analizados esos discursos de los receptores. Pero no hay otro camino para el estudio de las lógicas de reconocimiento; la semiosis es una red de operaciones discursivas, tanto en producción como en recepción. Si podemos identificar operaciones que forman parte de los procesos de reconocimiento, activadas por los sistemas socioindividuales en situación de interprenetración con los discursos mediatizados, nada nos impedirá, después, proceder a una cuantificación (p. 306-307).  

Además de los recorridos de los usuarios del metro y de una exposición, Verón presenta un análisis de los programas televisivos de divulgación científica. En todos ellos el concepto clave es el de semiosis, porque…

… lo único directamente observable son los signos en su materialidad: la observación, en cualquiera de sus niveles, es observacion de configuraciones materiales de signos, que son fragmentos de la semiosis, mediatizada (un libro, un film, una obra de arte visual, un afiche en la vía pública, un CD musical) o no mediatizada (el habla de los actores, sus secuencias gestuales en una situación dada, su apariencia, su comportamiento en los espacios públicos) (p. 404).

A pesar de esta solidez metodológica Verón no deja de recordarnos “el carácter provisorio, relativo, y sustentando por un contrato social, del conocimiento científico” (p. 417).

Mi impresión después de leer esta tercera sección es de … hambre. Me quedé con las ganas de leer más aplicaciones del modelo analítico de Verón, sobre todo en el ámbito estricto de los medios masivos (más ejemplos de la televisión, prensa, etc.) y, obviamente, en los nuevos entornos digitales e interactivos. En las últimas dos décadas Verón nos ha regalado excelentes estudios sobre los debates televisivos o la prensa. Supongo que como esos trabajos ya han sido publicados en otros libros el autor decidió no volver a incluirlos, pero creo que hubieran reforzado el peso de esta sección.

En breve: La Semiosis Social 2. Ideas, momentos, interpretantes es un libro fundamental para comprender el trabajo de Verón, ver a fondo sus raíces teóricas, repasar la historia de las mediatizaciones e identificar un modelo de análisis que puede ser potencialmente aplicado a cualquier proceso semiósico. Gran parte de sus reflexiones exceden el ámbito de los medios de comunicación y se presentan como un marco ideal para investigar, por ejemplo, la evolución de otras tecnologías. Sin embargo, como dije en la primera parte del post, hay un aspecto que me quedó dando vueltas en la cabeza -como decimos en Argentina, “no me cierra”- y que quiero retomar en la parte final.

La mediatización y los new media

Según Eliseo Verón la web no ofrece nada nuevo a nivel de mediatización ya que

comporta una mutación en las condiciones de acceso de los actores individuales a la discursividad mediática, produciendo transformaciones inéditas en las condiciones de circulación (p. 281).

Más adelante reafirma

Internet no es un medio más, tampoco es un paquete de “medios” (expresión que siempre me ha parecido curiosamente vacía). Como vimos, Internet es una mutación en las condiciones de circulación de los fenómenos mediáticos, como una transformación de las condiciones de acceso (p. 429).

Desde la perspectiva de Verón, si no entendí mal su planteo, en la web solo se expresan las precedentes formas de mediatización (las del discurso audiovisual, las del texto impreso, etc.). Como dice al final del vídeo que abre esta sección

Internet no es un medio. Si yo tomo las grandes dimensiones de la semiosis, esas ya estaban todas mediatizadas antes que apareciera Internet. Internet no mediatiza ninguna forma nueva. Internet es una mutación de acceso, de la circulación.

Por un lado coincido con Verón en que la web no es un medio más (prefiero no hablar de “Internet” sino de la web o, mejor, de la comunicación digital interactiva). Sin embargo, considero que la web no sólo modifica las condiciones de acceso y de circulación: también implica, como diría Verón, nuevas gramáticas de producción/reconocimiento y nuevas formas de mediatización.

En los nuevos entornos de comunicación emerge una doble dinámica. Por una parte en la comunicación digital interactiva (que va mucho más allá de Internet, por ejemplo la encontramos en los videojuegos, en los viejos CD Roms, en muchas instalaciones artísticas, etc.) se expresan las viejas formas de mediatización; por otra parte, la mismo tiempo aparecen nuevas mediatizaciones. Se me ocurren decenas de ejemplos. A continuación presento sólo un par para abrir el debate.

  • YouTube

Obviedad. Ver un vídeo en YouTube -por ejemplo un trailer de una película creado para ser visto en el cine- no es lo mismo que ver el mismo contenido en la televisión o el cine. Si bien las condiciones de producción son las mismas (las huellas en el texto son similares) las condiciones de reconocimiento son totalmente diferentes. Por otro lado, el auge de YouTube y otros portales similares ha llevado a la creación de contenidos específicos para estos nuevos canales de distribución (por ejemplo los webisodios, publicidades interactivas, etc.). Los youtubers crean contenidos para esta nueva plataforma con un formato determinado (breve), una estética específicas (de “usuario”) y a menudo incorporan la interactividad.

  • Arquitectura de la información 

En mi libro Hacer Clic presenté una descripción en clave semiótica de las nuevas formas de mediatización que se están generando en las interfaces digitales (aunque en ese texto no uso el concepto de mediatización). Por ejemplo el caso de los diarios online: si la prensa tradicional organizaba la información en función de su importancia (arriba las noticias más importantes, con letra más grande, etc.) en la web los portales informativos juegan también con la dimensión temporal (arriba la última información). Estos cambios en la arquitectura y jerarquización de las noticias implican cambios a nivel de producción y de reconocimiento, no sólo en el acceso. 

  • Enunciación

Los medios digitales interactivos incorporan formas de enunciación muy diferentes a las de sus colegas analógicos. Durante la reciente explosión en la ciudad de Rosario -que causó muchos muertos y destruyó varios edificios- la edición en línea de un diario local publicó un texto que decía “Al cierre de esta edición…”. Un diario en línea no puede escribir “al cierre de esta edición” porque no tiene hora de cierre! Evidentemente se trataba de un “copia y pega” del artículo escrito para el diario impreso. Este pequeño error -seguramente fruto de la urgencia periodística que generó esa tragedia, pero no por eso menos criticable- nos da una pauta de los cambios discursivos y desafíos que proponen los medios digitales interactivos: la construcción del discurso en línea no es igual al discurso del medio impreso. El periodista de diario tradicional escribe hoy para un lector que leerá mañana; el periodista digital escribe ahora para un lector que leerá también ahora o dentro de unos pocos minutos.

También las transmisiones vía Twitter (o sistemas similares) de los partidos de fútbol, los debates políticos o las presentaciones de nuevos productos por parte de Apple -donde los cronistas cuentan segundo a segundo lo que está pasando- proponen formas de enunciación en tiempo real que prácticamente nunca estuvieron presentes en los medios impresos (sí en la radio y en la televisión, pero de una manera diversa). Quizá el antecedente más cercano de esta forma de narrar son los carteles que colgaban los viejos diarios para informar de las últimas noticias en la parte exterior de sus edificios.

Si analizamos cualquier tipo de discurso o práctica social encontraremos nuevas formas de mediatización. Veamos por ejemplo el discurso político, un tipo de producción semiósica muy trabajada por Verón desde finales de los años 1960. ¿Acaso no cambiaron las formas de hacer política desde la llegada de la web y las redes sociales? La última campaña de Obama nos exime de mayores comentarios: el discurso político, sin abandonar las formas tradicionales de mediatización televisiva, radiofónica o impresa, ahora incorpora nuevas mediatizaciones, sobre todo en las redes sociales. Mientras escribo este post Barack Obama es el cuarto tuitero del mundo con más de 36 millones de followers (el primero es, claro, Justin Bieber), lo que implica cambios ya sea en producción como en reconocimiento de su discurso. No es lo mismo “hacer política” para la prensa, para la televisión o para las redes sociales.

En este contexto hasta podría decirse que la “red de la semiosis social” teorizada por Verón adquiere una nueva topografía, una densidad diferente a la proponía el broadcasting durante el siglo XX.

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Podríamos mencionar muchos más ejemplos de continuidades y rupturas en las formas de mediatización (entre otras cosas no hemos dicho nada sobre el consumo musical en platafomas como Spotify o iTunes, ni de la producción de contenidos a cargo de los usuarios …). Si bien no habla desde la semiótica -aunque su raíz formalista rusa está bien presente- el último libro de Lev Manovich –When Software Takes Command- es una de las mejores exploraciones de la gramática de las nuevas interfaces y medios. Gran parte del discurso de Manovich está centrado en el concepto de metamedia propuesto por Alan Kay a principio de los años 1970. En breve haré una reseña de este volumen que propone una teoría de los medios software-centred (aquí una excelente síntesis por Everardo Reyes-García). A su manera y a la distancia, el libro de Manovich dialoga con el de Verón ya que propone una teoría de las nuevas mediatizaciones en los entornos digitales interactivos.

Este verano vino cargado de libros muy interesantes, y entre ellos se destaca La Semiosis Social 2. Ideas, momentos, interpretantesMi estadía de tres meses en la New York University, además, me ha permitido llenar las maletas con decenas de volúmenes que trataré de ir reseñando en los próximos posts.

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4 Comments

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  1. No quiero meterme con el libro de Verón, que no leí todavía, y aunque ya escuché y discutí con él dos presentaciones en eventos; especialmente discutí la cuestión de la baja novedad de la ‘internet’ y le pregunté además qué teóricos de las mediatizaciones dicen que es un medio, en momentos en que nosotros ya pensamos cada vez a fb, tw, etc. como plataformas que soportan otras mediatizaciones.
    Me interesa la discusión sobre las relaciones entre ‘novedad’ y ‘transformación’. Cada vez más considero que es clave el tener en cuenta una ‘semiohistoria de las mediatizaciones’, es decir una historia de las mediatizaciones que tenga en cuenta tanto los dispositivos técnicos y sus usos sociales, como la vida discursiva que soportan. Por ejemplo, quien no tenga en su ‘historia de los medios’ como importante al teléfono (no al telégrafo o al correo solamente), considerará al chateo como la cúspide de la interactividad interindividual, quien no tenga a la radio, pensará que la televisión y la complejidad de la pantalla de la pc inventaron todo (como el primer manovich, que comparaba la pantalla de la pc con la cinematográfica), y quien no tenga al fonógrafo en su historia pensará que el mp3 es más revolucionario y menos regresivo de lo que es). Ya advertí, de todos modos, que.no hay que confundir la comprensión de las tensiones entre lo viejo y lo nuevo, con las emergencias conservadoras de cada disciplina o institución académica. Digo…

  2. Si bien en la segunda parte del libro Verón dedica apenas diez páginas a internet focalizándose en el “acceso”, quizás el punto que merezca especial atención es el que refiere a la “mutación en las condiciones de circulación”. La circulación siempre fue un objeto de estudio esquivo al que en líneas generales los investigadores se acercaron con mucha cautela. En el mundo digital, el flujo continuo de información que se va moviendo, cruza fronteras mediáticas, se reformatea todo el tiempo y, a la vez, va dejando la “trazabilidad” de su recorrido. El doble rol (potencial) de consumidor y productor vuelve más sinuoso el seguimiento y nos lleva directamente a la materialización (con dispositivos, aplicaciones, plataformas, hipertextos, etc.) del concepto de red. Es allí donde Verón destaca -al pasar- que junto a la transformación de las relaciones de los actores individuales con los fenómenos mediáticos se vuelve crucial el tema de la “inteligencia de las trayectorias”, tan caro a Google. Una topografía que, como señalás en tu reseña, tiene una densidad diferente…

  3. Estoy de acuerdo, gracias por el aporte! Y vuelvo a recomendar el último libro de Manovich porque abre muchas líneas de reflexión que deberían ser aprovechadas desde la semiótica. También resulta interesante ver cómo las empresas de medición (Nielsen, etc.) se están moviendo para rastrear esas “trayectorias” e incorporarlas en sus análisis.

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