La Semiosis Social 2. El retorno de Verón.

Como se suele decir en España, Eliseo Verón es uno de los intelectuales con la “cabeza mejor amueblada” de su generación. No es poco, ya que en su generación sobresalen pensadores como Umberto Eco, Pierre Bourdieu, Jesús Martín Barbero y unos cuantos pesos pesados más. ¿Qué podría decirse de Verón a estas alturas? ¿Que no tenía treinta años y ya había traducido al castellano la Antropología Estructural de un tal Lévi-Strauss (más información sobre su relación con el estructuralismo parisino en la primera parte de esta entrevista que le realicé en el 2007)? ¿Que introdujo el estructuralismo y la semiología en Argentina, y de ahí al resto de América Latina? ¿Que es uno de los autores más citados en las carreras de comunicación de Argentina? ¿Que ha desarrollado categorías y modelos de análisis fundamentales para comprender el funcionamiento semiótico de las sociedades y los procesos de mediatización?

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Verón acaba de publicar La Semiosis Social 2. Ideas, momentos, interpretantes, una continuación de su libro del 1988 titulado, claro, La Semiosis SocialUna anécdota muy personal sobre este volumen. En esa época Verón ya era un autor de referencia dentro de las universidades argentinas; la publicación de La Semiosis Social consolidó su circulación entre los alumnos, los cuales cantábamos unas famosas estrofas de los años 1960, cuando Estudiantes salió campeón intercontinental de la mano de su delantero Juan Ramón “La Bruja” Verón:

Hay una bruja
volando en una escoba
ese es Verón
Verón, Verón.
que está de moda.

Es obvio que lo de Verón no era sólo una moda. Con el correr de los años se convirtió en uno de mis autores preferidos. El concepto de “contrato de interacción” que incorporé en mi libro sobre semiótica de las interfaces – Hacer Clic (2004) – es hijo directo del “contrato de lectura” de Verón.

Pero volvamos a la reseña de La Semiosis Social 2. Ideas, momentos, interpretantes. El libro se divide en tres secciones: ideas, movimientos e interpretantes.

Primera parte: ideas

En esta primera parte Verón convoca y ajusta cuentas con sus maestros y grandes interlocutores teóricos: C. S. Peirce, Gregory Bateson, Émile Benveniste, Lévi-Strauss, Christian Metz y Antoine Culioli. En ella aparece un Verón de neto perfil peirceano que no nos abandonará hasta el final del volumen. No lo niego, me sorprendió mucho: Verón nos descubre aquí y allá triángulos peircianos escondidos en los razonamientos de todos sus interlocutores. ¿Un Bateson peirceano? ¿Un Lévi-Strauss peirceano? ¿Por qué no?

Ciertos desarrollos teóricos tienen la virtud de sugerir, implícita o explícitamente, articulaciones con otros modelos, con otros problemas planteados en otros sectores disciplinarios, con otros caminos que están siendo recorridos (p. 109).

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Claude Lévi-Strauss

El discurso de Verón no sólo es sólido: también es elegante. Esto es importante. Así como los matemáticos reconocen cierta elegancia en sus mejores fórmulas, también las ciencias sociales exigen un pensamiento bien organizado y estéticamente sostenible. Verón salta de un autor a otro, de una disciplina a otra, de un concepto a otro de manera impecable. Entre un salto y otro nos deja caer párrafos de alto contenido teórico o metodológico que no puedo dejar de citar, como el que sigue:

No se puede abordar un texto de manera interesante sin movilizar innumerables percepciones, informaciones, hipótesis y conceptos “extratextuales”, sin los cuales ni siquiera se podría justificar por qué se está analizando ese texto y no otro (…) lo interesante no es nunca el texto en cuanto tal, sino las marcas de la semiosis de la cual es portador, semiosis que siempre, necesariamente, trasciende el discurso que se están analizando en un momento dado (p. 105).

Siempre digo que la semiótica crece y se desarrolla cuando dialoga con otros campos del saber. Me gusta el libro de Verón porque mecha permanentemente su discurso semio-lingüístico con componentes provenientes de las ciencias cognitivas, la teoría evolutiva y las ciencias de la complejidad. Si en un momento -mediados del siglo XX- la lingüística aparecía como una ciencia mediadora entre ciencias humanas y naturales, ahora ha perdido ese rol que tenía en las épocas de hora del estructuralismo. Verón no aclara si la semiótica ocupa o debería ocupar ese lugar (creo que un semiótico como Paolo Fabbri respondería sin dudar de manera afirmativa). Verón tampoco nos dice si alguna otra disciplina-bisagra ejerce ese rol, pero las conversaciones interdisciplinarias no se detienen y La Semiosis Social 2 es una buena muestra de ello.

Todos estos diálogos teóricos le permiten a Verón consolidar los cimientos del concepto clave del libro: mediatización. ¿Qué entiende Verón por mediatización? Para eso debemos pasar a la segunda parte del libro.

Segunda parte: movimientos

En el contexto de la evolución de la especie la mediatización ...

es la secuencia de fenómenos mediáticos históricos que resultan de determinadas materializaciones de la semiosis, obtenidas por procedimientos técnicos (p. 147)

Tenemos un fenómeno mediático sólo a partir…

del momento en que los signos poseen, en algún grado, las propiedades de autonomía tanto respecto de la fuente como del destino, y de persistencia en el tiempo. La materialidad que hace posible la autonomía y la persistencia de los signos necesita la intervención de operaciones técnicas, más o menos complejas, y la fabricación de un soporte (p. 145-46).

Si la semiosis aparece como una dimensión antropológica del Homo Sapiens,

la historia de la mediatización, lejos de ser un proceso circunstancial de la modernidad, coincide con el largo plazo de la historia evolutiva de la especie (p. 18).

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La segunda parte del libro es una historia de la mediatización (aunque, teniendo en cuenta las recurrentes referencias al paradigma evolutivo, mejor sería decir que esta parte del volumen nos cuenta la evolución de las mediatizaciones). Después de describir los siempre candentes debates sobre el origen del lenguaje Verón nos presenta el primer fenómeno mediático: la construcción de los instrumentos de piedra hace dos millones y medio de años. Por entonces la producción de estas pequeñas expresiones materiales se convirtió en un proceso formado por “cadenas operatorias” similares a la sintaxis del lenguaje.

Digresión. Mientras leo esto sobre las “cadenas operatorias” y la repetición de operaciones “encastradas” que llevan a la producción de utensilios, no puedo dejar de pensar en el último libro de Lev Manovich (Software Takes Command). Allí Manovich desarrolla una teoría software-céntrica de la comunicación. Verón en ningún momento habla de algoritmopero creo que sus “cadenas operatorias encastradas” no son otra cosa que un conjunto de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas que permite realizar una actividad mediante pasos sucesivos. O sea, un algoritmo. Creo que en este nivel de análisis se puede generar un diálogo interesante entre Verón y Manovich. Fin digresión.

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La historia de la mediatización de Verón se detiene en los momentos fundamentales: la emergencia de la escritura, el desarrollo de nuevos soportes, la aparición de la imprenta y de los “papeles de noticias” (newspapers) y, ya en el siglo XIX y XX, la invención de la fotografía, el cine y la televisión. El recorrido resume varios milenios de cultura occidental a partir de una serie de referencias bibliográficas obligadas, por ejemplo André Leroi-GourhanJack Goody, Eric Havelock o Elizabeth EisensteinMe gustó que Verón citara a Lisa Gitelman, una de las historiadoras de los medios más destacadas (la entrevisté la semana pasada en New York). Sin embargo, me sorprendió la poca presencia de Roger Chartier o directamente la ausencia de Harold Innis, Marshall McLuhan o Guglielmo Cavallo (autor de la magnífica Historia de La Lectura En El Mundo Occidental junto a Chartier) en este recorrido histórico.

A pesar de estas ausencias mis expectativas eran cada vez más altas a medida que me acercaba al final de esta segunda parte: después de la mediatización televisiva llegaba la web y los nuevos medios interactivos… pero Verón, en sintonía con sus exposiciones en múltiples mesas redondas y conferencias, liquida la web en pocas páginas. Desde su perspectiva la web no ofrece nada nuevo a nivel de mediatización ya que

comporta una mutación en las condiciones de acceso de los actores individuales a la discursividad mediática, produciendo transformaciones inéditas en las condiciones de circulación (p. 281).

No estoy para nada de acuerdo con este análisis. ¿Por qué? La respuesta en la segunda parte de este post, donde además reseñaré la última sección de La Semiosis Social 2. Ideas, momentos, interpretantes, un libro que, como el lector del post podrá imaginar, terminó con muchas anotaciones en los márgenes e ideas para seguir charlando.

Leer la segunda parte.

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