Evoluciones mediáticas: el medio, el mensaje y la música.

Una infografía difundida la semana pasada nos muestra la evolución de los dispositivos para la reproducción sonora, desde el fonógrafo de Edison (que permitía reproducir canciones de 4 minutos de duración) hasta el iPad y sus miles de canciones de bolsillo. Cada uno de estos medios venía acompañado por un modelo de negocios que marcó el mercado musical en cada período. Pero no sólo: también los formatos artísticos debieron adaptarse a cada medio. Veamos algunas de estas (co)evoluciones.

En la época de Edison el negocio era vender canciones. El dispositivo no permitía reproducir más allá de una canción por vez (registradas primero en cilindros -fonógrafo- y luego en los primeros discos de pasta -gramófono-). Debemos destacar que la aparición de estos “new media” rompió con la industria de las partituras impresas, el sector que dominaba el mercado musical en el siglo XIX. No quiero imaginar las cosas que habrán dicho los impresores de partituras de frente a la amenaza de los fonógrafos…

Antes de Edison la escucha musical en el ámbito familiar era indistinguible de la performance: en todas las familias había músicos que se defendían con el piano, acordeón u otros instrumentos. Las partituras eran un elemento fundamental de este espacio musical y un grupo de empresas ejercía su control sobre el mercado de la música impresa. La llegada de los nuevos medios de reproducción hizo entrar en crisis la producción de partituras y redujo las performances musicales familiares. La radio también aportó lo suyo en esta reconfiguración de las prácticas musicales.

El tocadiscos apareció en la década del 1920 y profundizó aún más el proceso que se venía dando. Géneros nacientes como el jazz o el tango se consolidaron gracias a los discos, los cuales al principio giraban a 78 RPM para luego bajar a 45 RPM (singles) y 33 RPM. Cada uno de estos dispositivos técnicos modeló las expresiones músicales: el rock de los 1950-1960s se adaptó al single, un formato que permitía reproducir un par de canciones, generalmente los temas más exitosos en el lado A y un segundo tema menos popular en el lado B. Si los clásicos del jazz o el tango giraban a 78 RPM, los éxitos de The Beatles fueron diseñados para los singles de 45 RPM.

La aparición del LP (“long play”) a 33 RPM permitió gozar de unos 45 minutos de música divididos en dos mitades, una por cada lado del disco. El LP convivía perfectamente con el single de 45 RPM: el disco mayor contenía un par de hits, los cuales también se difundían en el formato single, el cual funcionaba a su vez como una especie de “trailer” del LP. Este modelo de negocios -vender una porción para potenciar el consumo de un producto de mayor duración- también se utilizó en el mercado del cómic europeo hasta mediados de los años 1990: en las revistas mensuales se proponían personajes o historias breves que después se comercializaban en libros de mayor extensión (en mi libro Historietas para Sobrevivientes hice un mapa de estas transformaciones en el mundo del cómic).

Por otra parte ciertos subgéneros del rock -como el rock psicodélico de Pink Floyd o las sinfonías progresivas de Genesis– aprovechaban al máximo la duración del LP, dando nacimiento a óperas conceptuales de 45 minutos o interminables temas de 22 minutos de duración. En la época de oro de Pink Floyd el negocio era vender discos de larga duración, o sea paquetes de canciones enlazadas entre sí por un hilo narrativo.

El walkman junto con el VHS son los dos dispositivos que marcaron el consumo mediático de la década del 1980. El cassette audio (cuyas cintas duraban hasta 120 minutos) permitió llevar la propia columna de sonido en el bolsillo o en el coche, al mismo tiempo que difundió el copiado musical en clave analógica: la calidad de la copia en cassette era inferior al original, por lo que el disco de vinilo -a pesar de ser un producto industrializado- adquiría el aura del producto artístico.

Resulta interesante analizar la aparición del CD audio digital y la posterior llegada de los reproductores MP3 a finales de la década del 1990. Podemos decir que nos encontramos de frente a un proceso progresivo de desmaterialización musical; el CD audio es, dentro de esta perspectiva, un soporte de transición. La música primero se digitalizó en un dispositivo circular de unos 80 minutos y posteriormente se liberó del soporte material (que marcaba una continuidad con el pasado del LP) para convertirse en un MP3 que circula libre por las redes. El CD permitió convertir toda la discoteca analógica en formato digital, pero al contener 80 minutos abrió la posibilidad de incluir un par de “bonus tracks” más allá de las canciones del LP. El paso del LP al CD no implicó grandes cambios en los modelos negocio, pero esta continuidad duraría poco con la difusión de las redes P2P y el formato MP3 (ver algunas referencias en mi post del 2009 “MP3 + P2P = Caos“).

La digitalización de la música trajo consigo dos procesos fundamentales: la explosión de la libre circulación musical (por muchos llamada “piratería”) y la difusión del remix como práctica cultural. El texto musical digitalizado pide a gritos ser manipulado, remixado y distribuido globalmente en las redes. Nuevos géneros -como la música electrónica contemporánea o el rap- se encuentran a su gusto en este entorno marcado por las prácticas post-productivas y el reciclaje de otros textos musicales.

Respecto a los nuevos modelos de negocio, podemos decir que hemos vuelto a la venta de canciones individuales en sistemas como el iTunes Store. En cierta manera es un regreso al modelo del disco de 45 RPM que marcó la primera época de rock’n’roll. Sin embargo este microconsumo musical que se complementa con la elaboración de largas listas de canciones e intérpretes. Estas listas pueden construirse de manera individual o colaborativa gracias a los sistemas de recomendación, lo cual incorpora una nueva dimensión social al consumo musical.

Dos modelos se enfrentan: por un lado el iTunes Store (basado en la venta de bits) y el modelo Spotify (fundado en la venta de conectividad a la nube donde habitan las canciones). Me pregunto hasta dónde el modelo iTunes no es otra fase del proceso de desmaterialización/digitalización musical que indiqué antes: pasamos de comprar música en discos de vinilo a CD digitales, y de ahí a comprar sólo bits en iTunes (o a descargarlos de forma gratuita de la red). El deseo de poseer “algo” (un disco digital, un puñado de bits) es muy fuerte, pero quizás en el futuro nos acostumbraremos a consumir canciones que residen en la nube.

Resulta fascinante repasar estas evoluciones donde los medios, los géneros, las prácticas de consumo y los modelos de negocios se entrecruzan en la ecología de los medios. Sólo una mirada amplia, a 360ª, permite ir identificando estas conexiones transversales. Como dije recientemente en la entrevista para revista LIS que me realizó Damián Fraticelli (UBA), yo creo que la evolución tecnológica es una red. Si después armamos secuencias lineales es por la necesidad narrativa de crear series de eventos. En otras palabras: este post que acaban de leer podría haberse contado de otras maneras, siguiendo otros recorridos, proponiendo series alternativas de dispositivos, prácticas y géneros.

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5 Comments

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  1. Totalmente de acuerdo. Cita: “…yo creo que la evolución tecnológica es una red. Si después armamos secuencias lineales es por la necesidad narrativa de crear series de eventos.”

    Algo habrá aportado el encapsulamiento de contenidos en el formato “libro impreso”, con su organización en capítulos, etc. indexados con un corte lineal, tremendo avance en su momento pero durante muchos años solo hemos visto los pros, (affordances) y no los cons. (restricciones)

  2. de acuerdo en muchas cosas pero no en todas; no se puede equiparar la libre circulación de música con la piratería, proyectos como jamendo demuestran que hay música libre que no es piratería. Tampoco creo que el modelo de negocio se pueda restringir a itunes o spoty ya que el negocio se debe vincular a todo lo que tiene que ver con la música y no solo a la “escucha” de música por particulares, los conciertos, la industria de la imagen con las bandas sonoras para películas o documentales, la publicidad son todos modelos de negocio para la música. Por otra parte si se articularan fórmulas de pago asequibles asociadas a las redes p2p y gestionadas a través de las compañías de servicios de internet, con un reparto equitativo en función de las descargas, la piratería sería algo residual. Por ahora los legisladores y la industria va muy por detrás de la sociedad.

  3. Carlos A. Scolari abril 23, 2011 — 8:01 pm

    ¿Quién equipara la piratería con la libre circulación? Por algo puse “por muchos llamada piratería” al referirme a la circulación de canciones en la red… Respecto a los modelos de negocio, hay muchas posibilidades y algunas que ni siquiera han sido exploradas (en este post Hugo Pardo Kuklinski habla del tema: http://digitalistas.blogspot.com/2008/01/la-transformacin-del-negocio-de-la.html). Obviamente, los dirigentes políticos y la industria sigue anclada al pasado y defendiendo un modelo que se disuelve cada día que pasa.

  4. Excelente entrada. Cabe enfatizar que en la distribución en línea están dándose dinámicas de desintermediación. La posibilidad de conexión directa de las bandas con sus públicos está dando lugar a procesos que opacan o inutilizan la figura del productor, la disquera y los distribuidores. De otro lado, modelos como el de Grooveshark, rentabilizaron la puesta en la nube de contenidos musicales, permitiendo a través de búsquedas simples, el armado de listas de canciones que se reproducen en línea y con muy poco ancho de banda, agregándole a esto las posibilidades de compartir y comentar de la web social. Por otro lado, este tipo de servicios han dado lugar a una suerte de fiesta 2.0, en donde son los participantes los que deciden las listas y secuencias de canciones, desplazando la figura del dj o del anfitrión responsable de la programación musical.

  5. Carlos A. Scolari abril 27, 2011 — 1:11 pm

    Gracias por los aportes! La reconfiguración del DJ es un tema apasionante!

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