Etiquetas

, , , ,

matrix36Acabo de asistir a la conferencia anual de la Media Ecology Association (MEA) en St. Louis (Estados Unidos) (ver reseña en Digitalismo). Esta organización nació hace algo más de una década alrededor de los discípulos de Marshall McLuhan, Harold Innis, Neil Postman y el padre jesuita Walter Ong.

Fue Neil Postman el pionero en inaugurar los estudios de “media ecology” en Nueva York. Según su definición, este campo del saber “… looks into the matter of how media of communication affect human perception, understanding, feeling, and value; and how our interaction with media facilitates or impedes our chances of survival” (ver otras definiciones). La MEA se ha ocupado en estos años de difundir esta visión holística e integrada de los medios, facilitar su incorporación en los programas académicos y promover su estudio (ver esta bibliografía básica elaborada por Lance Strate).

La metáfora biológica es muy potente y sirve para comprender fenómenos complejos que abarcan muchos agentes en permanente mutación y que viven procesos emergentes. En Hipermediaciones la metáfora ecológica atraviesa el libro de punta a punta, y en mi actual investigación sobre el sistema de las interfaces he profundizado aún más su aplicación. Hay muchos campos del conocimiento -como la economía- donde el modelo evolutivo-ecológico, potenciado por las teorías de la complejidad y la auto-organización, ha permitido avanzar muchísimo en la comprensión de fenómenos caracterizados por la interacción de muchos agentes (por ejemplo los procesos de innovación tecnológica).

¿Qué se discute en el mundo de la Media Ecology? ¿Quiénes son los enunciadores? ¿Cuáles son sus referencias intertextuales? Las conversaciones que se dan en este ámbito son variadas, cubren un amplio espectro disciplinario y están marcadas a fuego por los padres fundadores. Durante la conferencia no hubo sesión o ponencia donde los nombres de McLuhan, Ong o Postman no fueran invocados en repetidas ocasiones. Este eco de los padres fundadores me hizo recordar a las conversaciones del campo psicoanálitico, donde una y otra vez se vuelve a Freud y Lacan.

Los investigadores nucleados en la MEA provienen de diferentes disciplinas (literatura, sociología, física, comunicación, etc.) y aplican metodologías bastante diversas en sus estudios. Esta distancia entre los métodos de investigación y los campos epistemológicos de origen queda en parte superada por la referencia permanente a los padres fundadores. En pocas palabras, lo que Dios-McLuhan o el Padre-Ong unen, no lo separa el hombre.

En general las ponencias presentadas en St. Louis tuvieron un tono ensayístico, y los trabajos de corte empírico estaban basados en metodologías cualitativas. En este sentido, la MEA se encuentra a años luz de otras organizaciones como la International Communication Association (ICA), donde reinan los estudios cuantitativos y las ponencias son más asépticas que el quirófano del Dr. House. En este sentido la Media Ecology Association puede ser considerara un oasis dentro de la producción científica estandarizada que se promueve en América del Norte. Creo que estos investigadores serían los  interlocutores ideales de muchos colegas latinoamericanos.

Un aspecto interesante de la Media Ecology es la apertura a las nuevas formas de comunicación. Si bien casi todos sus representantes vienen de las humanidades y no dudan en sacar a relucir su conocimiento de Homero o Shakespeare, los veo poco atados a la “ideología del libro”. O sea, su visión del ecosistema cultural no es “libro-céntrica”, lo cual les da un mayor margen de maniobra teórico al analizar los medios digitales interactivos. Esta mirada que no pone al libro en el centro de la reflexión se realimenta por la proveniencia de muchos de estos investigadores, formados en la escuela del padre Ong (oralidad/oralidad secundaria) o de Postman (televisión).

Si entramos más a fondo en el discurso teórico de la “media ecology”, tengo la impresión de que la metáfora ecológica no ha sido explotada a fondo. Cuando aplicamos una metáfora (el sistema de medios “como” una ecología), no estamos comprando sólo un concepto: adquirimos un diccionario completo de términos. Si hablamos de “industria cultural”, estamos obligados a analizar la “división del trabajo” en los medios, las “rutinas” productivas de los periodistas, el “consumo” cultural, etc.

Si aplicamos la metáfora ecológica, se nos abre un campo semántico muy interesante: ¿Cómo “evolucionan” los medios? ¿Qué pasa cuando un nuevo medio/especie entra en el ecosistema? ¿Cómo se adaptan los viejos medios/especies a las nuevas reglas del juego? ¿Qué pasa con la “extinción de los medios”? Creo que en la producción teórica de la Media Ecology no se ha avanzado en esta exploración de la metáfora ecológica y que queda mucho por hacer.

Jurij Lotman diferenciaba a las culturas basadas en la expresión de las culturas basadas en el contenido. Las primeras se consideran un conjunto de textos y no tienen tendencia a expandirse: prefieren quedarse en su entorno; las segundas se construyen alrededor de un sistema ordenado de reglas (una gramática) que por lo general se expresan en un Libro (un Manual). Estas culturas prefieren verse como un principio activo que debe propagarse.

Desde esta perspectiva, la Media Ecology es hoy en día un puñado de autores, textos y conversaciones sobre ellos. Está lejos de ser un conjunto ordenado, gramatical, de conceptos y principios teóricos: se parece más a una cultura basada en el plano de la expresión. En esta flexibilidad y falta de orden se encuentra quizás el punto más seductor y rico, pero al mismo tiempo débil, de la Media Ecology.

Para dejar de ser un puñado de textos y convertirse en una gramática científica, la Media Ecology debería profundizar y expandir el uso de la metáfora ecológica para sacarle todo el jugo posible. De esta forma comenzaría a tomar forma un conjunto científico un poco más ordenado y completo. Por otro lado, creo que es imperioso matar a los padres. McLuhan, Neil Postman y el padre Walter Ong fueron pensadores de primer nivel, intelectuales brillantes que nos dejaron una visión amplia e innovadora de los procesos de comunicación. Pero como escribí en Hipermediaciones, ni siquiera el mejor McLuhan basta para entender a los “new media”. Dicho en otras palabras, y a modo de conclusión, quizás se necesite menos Padre Ong y más Padre Brown.

About these ads