Metáforas, narrativas y nuevas especies mediáticas durante la pandemia.

Entrevista realizada por Fernanda Pires en el mes de mayo y publicada en octubre 2020 por la revista Rizoma: “Metáforas, narrativas e proliferação de espécies midiáticas durante a pandemia de 2020: uma conversa com Carlos A. Scolari“.

FP: En tu blog Hipermediaciones.com vienes escribiendo sobre la pandemia y también has invitado algunas personas a escribir sobre esta temática. ¿Por qué resolviste abrir el blog para otros autores?

CAS: Trato de escribir en Hipermediaciones uno o dos textos cada mes. Al comienzo de la pandemia, en marzo, publiqué dos entradas. En una de ellas –“Coronavirus, epidemias e interfaces” – me propuse reflexionar sobre cómo se podría analizar la crisis del COVID-19 a partir de los conceptos de ‘interfaz’ y ‘assemblage‘, este último siguiendo la línea de trabajo de Manuel de Landa (2006). En ese contexto recuperé el concepto de “epidemic assemblage” propuesto por Nick Fox. Según Fox (2020) “COVID-19 is just one part of a broad assemblage of human and non-human elements that have established the conditions for diseases to pass rapidly throughout our species”.

Esa idea se acerca mucho a mi idea de ‘interfaz’ entendida como red de actores. El otro invitado a ese debate intertextual fue André Lemos (2020), quien en esos días había publicado un artículo titulado “A construção do novo coronavírus”. Desde mi perspectiva el COVID-19 es un actor, quizá el más pequeño pero por eso el más disruptivo, de una compleja trama socio-tecnológica que involucra a médicos, pacientes, enfermeros, hospitales, laboratorios, estados, parlamentos, aeropuertos, policías, políticos, microscopios, mascarillas y aplicaciones móviles diseñadas para identificar posibles contagiados a nuestro alrededor. Por ello, la entrada “Coronavírus, epidemias e interfaces”  terminaba alertando sobre los tiempos que se vienen: “en breve estaremos en lo más parecido a un período de posguerra donde las viejas interfaces crujirán y, en muchos casos, estallarán. Nuevos assemblages de actores irán naciendo, sustentados en nuevas narrativas y con la urgencia de gestionar una serie de cuestiones -como la emergencia climática– que en estos días han desaparecido de nuestras conversaciones pero, como el dinosaurio de Monterroso, siguen ahí”.

La otra entrada que publiqué a mediados de marzo estaba dedicada a lo que definí como “ficción claustrofóbica” o sea las novelas, películas, cuentos, videojuegos y cómics que han relatado situaciones de confinamiento y resistencia en espacios cerrados. Numerosas obras pueden ser adscritas a la ficción claustrofóbica, desde largometrajes como Cloverfield 10 o 28 Days hasta videojuegos como Outlast, pasando por novelas como Los Huérfanos de Jorge Carrión, Rabia de Sergio Bizzio o The Poison Belt de Arthur Conan Doyle. También en historietas como El Eternauta se relatan situaciones de resistencia a la invasión de un agente exterior.

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Ahora bien, después de estas dos entradas en el blog se dio –ya estamos en abril- una explosión de artículos, entrevistas y textos, incluso un libro de distribución gratuita en la red editado en Argentina titulado Sopa de Wuhan que incluía contribuciones de un nutrido grupo de filósofos y referentes de las ciencias sociales. Me dio la impresión de que se estaba produciendo una explosión de discursos de todo tipo para intentar darle un sentido a lo que estaba pasando: un tercio de la población mundial estaba encerrada en sus casas. Me molestó que muchos intelectuales se lanzaran a hacer predicciones sobre cómo sería el mundo post-COVID-19. Estaban desde los que auguraban el fin del capitalismo hasta los que tenían claro un cambio en la relación del Homo sapiens con la naturaleza… me pareció ridículo ver a gente supuestamente muy inteligente haciendo este tipo de predicciones en medio de la crisis. Era como si cada uno proyectara sobre la pandemia sus deseos y fantasmas.

En ese contexto, pronto llegué a una situación de hartazgo, algo así como “stop making sense”, por lo que invité a varios colegas que normalmente se expresan en las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram) pero que no publican en formatos más extensos como el de los blogs, para que dieran sus puntos de vista. La convocatoria tuvo éxito y fue así que nació una serie de textos de “autores invitados” donde participaron colegas de Francia, Argentina, Brasil y España.

A finales de abril publiqué en Hipermediaciones un texto breve –“En busca del relato perdido”- donde reflexiono sobre esta demanda de narraciones relacionadas al COVID-19 y la necesidad del Homo sapiens de contar historias para darle sentido al caótico mundo que nos rodea.

FP: Efectivamente, desde que comenzó la cuarentena hemos leído a muchos científicos sociales (incluyendo a los comunicólogos) haciendo pronósticos sobre la llamada “nueva normalidad”. La incertidumbre es algo difícil de manejar. Durante la pandemia quedó aún más evidente que la mayoría de las personas buscan respuestas inequívocas, como por ejemplo ¿qué pasará? ¿qué medicinas funcionan? ¿la vacuna llegará pronto? ¿volveremos a la normalidad? ¿Crees que esa necesidad de una respuesta asertiva, y la explosión textual de pronósticos futurísticos, puede acentuar fenómenos ya conocidos como la diseminación de noticias falsas?

CAS: Precisamente en ese último post que mencioné antes abordé esta cuestión. Los Homo sapiens, tal como demostraron investigadores como Jerome Bruner o Daniel Kahneman, le damos sentido al mundo a través de esquemas narrativos. Necesitamos contarnos historias para lidiar con el caos que nos rodea. En un momento de tanta incertidumbre, era lógico que esa demanda de relatos creciera de manera exponencial. Por otra parte, así como el coronavirus, que no es otra cosa que un puñado de genes y proteínas, cruzó en pocos días de la China al corazón de Europa, también las informaciones circulan a escala global. No debemos olvidar que la palabra “meme” es precisamente un “gen cultural” que obedece a las mismas lógicas de circulación, reproducción y mutación. Ahora bien, si sumamos la necesidad narrativa que tiene el Homo sapiens para comprender lo que sucede a la existencia de una infraestructura global donde la información circula de forma acelerada, tenemos el caldo de cultivo ideal para la proliferación de todo tipo de textos. O sea, así como el COVID-19 se encuentra a su gusto en un gran evento de masas como un partido de fútbol o un festival de música con miles de personas, los virus textuales se mueven a sus anchas en las redes digitales. No es extraño que, entre tantas narrativas y textos, las fake news también circulen como esquirlas enloquecidas.

FP: A principio de pandemia, vimos en todo el mundo cómo la gente acopiaba comida, siguiendo un modelo catastrófico digno de una película de Hollywood. Poco a poco la situación se fue normalizando… Esas acciones desesperadas me hacen pensar en la noción de “enciclopedia” de Umberto Eco (1979), es decir, de manera simple, tenemos una gran variedad de conocimiento cultural almacenado que nos ayuda a interpretar los textos. ¿Cómo ves la importancia de narrativas, películas y productos populares para interpretar esa situación?

CAS: Totalmente de acuerdo. Nuestra enciclopedia mental de situaciones de pandemia, contagios y encierros provienen en general de la ficción. Solo queda un recuerdo muy tenue de las grandes epidemias del siglo XX (gripe española, poliomielitis, cólera); la memoria colectiva reciente nos lleva al SIDA, una epidemia muy selectiva que se encarnizó con determinados grupos sociales y, ya en las últimas décadas, la experiencia del ébola o de los otros coronavirus. En todos estos casos, el contagio era algo que le pasaba “a los otros”. Lo que esta pasando ahora es diferente. Las imágenes de las familias encerradas o las ciudades deshabitadas donde los animales comienzan a reapropiarse del territorio ya las habíamos visto en largometrajes como I’m Legend o 24 Days. Este es un ejemplo muy claro de cómo las narrativas, en este caso la ficción, nos sirven para procesar situaciones nuevas y darle un sentido a lo que está pasando. Situaciones muy delirantes –como la del estadounidense que sale directo a la armería para comprar fusiles y balas- ya estaban presentes en la narrativa, incluso en obras de carácter antiimperialista como El Eternauta de Héctor G. Oesterheld y Francisco Solano López. Cuando arrecia la nevada mortal sobre Buenos Aires, que no era otra cosa que una invasión extraterrestre, la primera salida que hace Juan Salvo fuera de su casa vestido con su traje impermeable es … a una armería. Como decía Eco, estos “guiones” mentales que conforman la “enciclopedia” nos sirven para interpretar una situación pero también para encarar acciones concretas.

FP: Como dijimos en un artículo reciente (Pires, Masanet, & Scolari, 2019), las metáforas son muy útiles para dar sentido a nuevas experiencias que de otro modo serían casi imposibles de interpretar; al mismo tiempo, son útiles para generar categorías, organizar procesos y establecer oposiciones y jerarquías. ¿Qué piensas de las metáforas que están siendo utilizadas durante la crisis del COVID-19? ¿Crees que otras metáforas serían más adecuadas?

CAS: En el caso de España, el gobierno encabezado por Pedro Sánchez hizo una gran apuesta por la metáfora bélica a la hora de gestionar discursivamente la “guerra al coronavirus”. Adoptar la metáfora bélica implica identificar “amigos” y “enemigos”, “traidores” y “aliados”, y conlleva la responsabilidad de fijar “estrategias” y “movilizar” a la sociedad. ¡Cada metáfora viene acompañada por su propio diccionario! Esta militarización del discurso se vio acompañada por la presencia de altos mandos de las fuerzas armadas en las conferencias de prensa que se hacían cada mediodía. Esta situación discusiva duró todo el mes de abril. A finales de mes se decidió sacar a los militares y realizar conferencias de prensa solo con políticos y científicos. Fue una apuesta muy fuerte que otros líderes de Europa no hicieron. En el caso de Alemania, Angela Merkel apostó por un registro mucho más pedagógico; también en Argentina el presidente Alberto Fernández sacó a relucir sus capacidades como docente –es profesor de Derecho en la Universidad de Buenos Aires- a la hora de dirigirse a los ciudadanos. Pedro Sánchez, en cambio, optó por emular a Winston Churchill.

¿Eran posibles otras metáforas, más allá del discurso bélico y el pedagógico? Ciertamente. La metáfora bélica se puede conjugar en clave religiosa: en ese caso hubiéramos tenido la “cruzada contra el coronavirus” que viene de Oriente… o la pandemia como “castigo divino”. Los líderes que apostaron por discursos crudamente darwinistas donde se hablaba de la “inmunidad del rebaño”, como Boris Johnson, tuvieron que replegarse hacia otro tipo de construcción narrativa apenas el COVID-19 comenzó a cobrar sus primeras víctimas.

Más allá de que nos guste más o menos la metáfora bélica, tiene la ventaja de que permite modular discursivamente lo que viene después del conflicto: la ‘posguerra’. Europa tiene una memoria histórica todavía viva de las posguerras del siglo XX, en parte gracias a la ficción (por ejemplo el neorrealismo italiano), así que no me extrañaría que la metáfora bélica siga entre nosotros por mucho, mucho tiempo.

FP: ¿Y la cuestión de la producción textual masiva por parte de los usuarios en las redes? Tú conoces muy bien la obra de Eliseo Verón, ¿cómo asociarías ese fenómeno pandémico al concepto de ‘semiosis social’?

CAS: Esto nos permite retomar lo que mencioné antes sobre las fake news. Podríamos decir que el confinamiento ha exasperado el funcionamiento del circuito de producción-circulación-interpretación, eso que Eliseo Verón (2013) llamaba precisamente la “red de la semiosis social”. Si pensamos en términos de una metáfora mecánica, es como si la trama de la semiosis social se hubiera recalentado: la máquina discursiva trabaja a un régimen de revoluciones por segundo superior a la media… Para funcionar bien, los sistemas sociales, políticos o económicos exigen una circulación discursiva regular, a mitad de camino entre el silencio y la descontrolada producción textual, acompañada por procesos de sobreinterpretación de corte conspiracionista, que estamos viviendo en estos días. En otras palabras: la baja producción de sentido es tan mala como la excesiva. Debemos volver a un régimen discursivo menos frenético si queremos comprender lo que está sucediendo y qué acciones debemos implementar.

FP: La distancia social está siendo muy dura para las personas que la respetan. ¿Qué te parece ese boom de apps y plataformas de vídeo conferencia y esa cantidad de lives en las redes sociales?

CAS: La distancia social es y será un imperativo en el “mundo real”… mientras que en las redes asistimos a un fenómeno inverso: un aumento de los intercambios mediatizados por las plataformas. Ahí la distancia social se repliega y nos reduce a una serie de micro-rostros compartiendo una misma pantalla… Esta exacerbación de la vida social y los contactos en las redes no es precisamente algo novedoso para las nuevas generaciones: es precisamente su forma “natural” de relacionarse. El trauma es en todo caso para los adultos: me da la impresión de que estas semanas se está dando un rito de pasaje del mundo analógico al digital por parte de millones de adultos. Si en los ritos de pasaje tradicionales los adultos monitorizaban a los jóvenes, ahora quizá es al revés: son los jóvenes los que, en muchos casos, están orientando esa entrada en la vida digital por parte de los adultos que no sabían lo que era el teletrabajo o una videoconferencia. De toda manera, nos llevará varios años investigar y comprender qué ha pasado dentro de los hogares en estas semanas de cuarentena…

FP: Parte de tu investigación actual se centra en el capitalismo de plataformas y formas de aprendizaje en ese entorno. Vimos durante la crisis sanitaria que ciertas empresas con formas de trabajo precarizadas como las de los riders (repartidores de Uber Eats, Deliveroo, Glovo, entre otras aplicaciones) siguieron con su modelo de negocios, mientras que otras como Airbnb perdieron su funcionalidad mientras el turismo ha quedado congelado. ¿Qué te parece esta situación laboral tan precaria dentro de las plataformas? ¿Qué podemos aprender de ello?

CAS: Hemos presentado un proyecto de investigación para estudiar cómo se forma la fuerza de trabajo de estas plataformas. Si nos remontamos en el tiempo, en los años 1960 Louis Althusser había investigado la reproducción de la fuerza de trabajo capitalista en las instituciones escolares. El sistema educativo, explicaba Althusser (1984), formaba a los trabajadores en todos sus niveles (obreros, técnicos, directivos) y, además, les inculcaba una serie de valores en un contexto disciplinario. Ahora bien, en nuestro equipo nos preguntamos: ¿cómo se forma en el siglo XXI esa fuerza de trabajo precarizada que sobrevive en las plataformas? La primera respuesta fue: ¡en las mismas plataformas! Hemos detectado canales de YouTube o webs donde se explica a estos trabajadores, muchos de ellos migrantes, cómo insertarse y desenvolverse en ese circuito laboral. En nuestra investigación nos interesa entrar a fondo en esos procesos de enseñanza-aprendizaje informal, analizando los valores de sus discursos y prácticas, y sin dejar de lado los sesgos de género que se estén dando. En esta investigación colaboraremos con un sindicato español. Las organizaciones sindicales están muy interesadas en estos temas: ellos sabían moverse muy bien en los entornos industriales pero no les resulta fácil promover la organización de los trabajadores en un circuito tan flexible y precario como es, por ejemplo, el de los riders.

FP: Desde que comenzó la crisis del COVID-19 se ha comenzado a hablar sobre las metodologías de investigación y el pasaje hacia métodos blended en un futuro próximo (online + offline), ¿podrías compartir tu opinión a respecto de ello?

CAS: A los investigadores que hacen análisis discursivo o textual, o a los que trabajan con Big Data, el confinamiento no les impide llevar adelante sus estudios. En cambio, los grupos que aplican métodos etnográficos tradicionales, desde la observación participante hasta la entrevista o el trabajo con pequeños grupos, tienen un gran problema sobre la mesa: ¿cómo plantearse una investigación a largo plazo si es muy probable que, según anuncian los epidemiólogos, tengamos que sufrir cuarentenas periódicas en los próximos años? En nuestro caso, utilizamos diferentes metodologías que incluyen desde el análisis discursivo-textual hasta el trabajo de campo etnográfico, y a menudo también extraemos datos de las redes. Si tuviéramos que detener la etnografía por motivo de una nueva cuarentena, todo el proceso de investigación se frenaría… Por otro lado, sabemos que existe la etnografía digital o en línea, la cual ha desarrollado una serie de instrumentos que le permiten al investigador trabajar a partir de la actividad de los usuarios en las redes y plataformas. Es muy probable que a la hora de hacer trabajo de campo etnográfico tengamos que estar preparados para pasar a métodos en línea en cualquier momento… Por eso se hablaba en MEDIUM, nuestro grupo de investigación, de ir pensando en planes de contingencia y comenzar a movernos de manera más fluida entre la etnografía tradicional y la que se realiza en línea. De ahí la idea de una etnografía blended.

FP: Finalmente, muchas veces dices que deberíamos ser capaces de explicar una investigación o una teoría en un tuit a nuestros estudiantes y lectores. Si tuvieras que resumir la crisis del coronavirus en un tuit ¿cuál sería?

CAS: Muchos insisten en que el mundo será muy diferente cuando pase la pandemia. Otros sostienen que entraremos en una “nueva normalidad”… como si antes hubiéramos vivido en un mundo “normal”. Tengo la impresión de que se darán muchos cambios pero no donde pensamos, sino que se verificarán en lugares y situaciones que hoy ni siquiera imaginamos… ¿Cómo reducir esta idea a un tuit? Podría ser algo así: #COVID19 Bienvenid@s a la nueva anormalidad!

Referencias

Althusser, L. (1984). Ideología y aparatos ideológicos de Estado. Buenos Aires: Nueva Visión.

de Landa, M. (2006). A New Philosophy of Society: Assemblage Theory and Social Complexity. Nueva York: Bloomsbury.

Eco, U. (1979). Lector in fabula. Milán: Bompiani. Cancela el otro.

Lemos, A. (2020). A construção do novo coronavírus. Correio 24 horas.

Fox, N. J. (2020). Money, markets and trade caused coronavirus pandemic. Sociology Lens.

Pires, F., Masanet, M-J. y Scolari, C. (2019). What are teens doing with YouTube? Practices, uses and metaphors of the most popular audio-visual platform. Information, Communication & Society, Online, 1-17. https://doi.org/10.1080/1369118X.2019.1672766

Scolari, C. A. (2019). Media Evolution: Sobre el origen de las especies mediáticas. Buenos Aires: La Marca.

Scolari, C. A. (2020). Coronavirus, epidemias e interfaces. Hipermediaciones.

Scolari, c. A. (2020a). La ficción claustrofóbica. Hipermediaciones.

Scolari, C. A. (2020b). En búsqueda del relato perdido. Hipermediaciones.

Verón, E. (2013). La Semiosis Social, 2. Ideas, momentos, interpretantes. Buenos Aires: Paidós.

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