Nuevos clásicos (un manifiesto)

Hace unos meses Jesús Martín-Barbero y Ómar Rincón tuvieron la amabilidad de invitarme a participar en el volumen MANIFIESTOS. Incómodos, desobedientes, mutantes que por entonces estaban preparando. Los editores convocaron a casi 30 autores -desde Martín Caparrós hasta Rosalía Winocur, pasando por Arlindo Machado, Jorge Laferla, Rossana Reguillo y una larga de serie de reconocidos intelectuales y académicos- para que se sumaran a la movida. ¿Por qué un libro de manifiestos?

Quisimos hacer un texto con muchos autores escribiendo un “manifiesto” sobre este mundo, y por eso los invitamos a participar en un juego de las ideas, y los invitamos por ser amigos, cómplices, conocidos o referidos.  Se trata de un proyecto con dignidad y rabia que buscó que cada autor tuviera voz propia y pensara desde su propia cabeza, escribiendo en brevedad lo que le viniera en gana.  El texto publicado puede ser usado y republicado por cada autor en cualquier medio o pantalla. Sólo queda mandar un abrazo a todos los que quisieron manifestarse (J. Martín-Barbero y Ó. Rincón).

Y así fue que nos manifestamos.

Sin título

Mi contribución se titula Nuevos Clásicos. Como no es muy larga la copio a continuación:

Necesitamos un Charles Darwin que nos explique la evolución de las especies tecnológicas. Las leyes de la evolución biológica sólo mantienen un lejano parentesco con las leyes de la evolución tecnológica. Sabemos algo sobre bifurcaciones e hibridaciones de dispositivos técnicos pero todavía nos queda mucho por aprender sobre las emergencias, mutaciones, adaptaciones y extinciones que se viven dentro del ecosistema tecnológico.

También necesitamos un Karl Marx que nos ayude a comprender el funcionamiento del capitalismo post-industrial. La producción capitalista se está trasladando de los átomos a los bits. En ese contexto nos sirve una mirada minuciosa de los nuevos procesos digitales de producción, circulación y consumo. Tampoco debemos olvidarnos de las nuevas formas de trabajo y explotación (eso que algunos denominan digital labour).

Mientras algunos contemporáneos lo desprecian, cada día se vuelve más urgente la presencia de un Sigmund Freud que nos describa el funcionamiento del inconsciente —individual y colectivo— en una era marcada por nuevas estructuras familiares y renovadas pulsiones, ansiedades y paranoias.

Si la idea de “opinión pública” nació en el siglo XVIII y creció de la mano de la prensa —que mantenía informada a la ciudadanía y acogía sus debates—, hoy el consumo informativo de esos ciudadanos se ha atomizado en miles de experiencias en diferentes medios y plataformas. Ahora los debates se expresan en las entrañas de las redes a golpes de trending topics, retweets y me gusta. En breve: necesitamos un Jürgen Habermas que nos explique qué significa “opinión pública” en un mundo articulado en redes digitales donde se experimentan frenéticos intercambios informativos en tiempo real. De paso, no nos vendría mal un Antonio Gramsci que analice las formas de construcción de la hegemonía política en una sociedad en la cual la ideología —según Gramsci el “cemento” que mantiene unida a esa sociedad- es tan efímera y líquida que no alcanza a solidificarse.

Ya no contamos como antes. Los relatos contemporáneos se expanden por el ecosistema de medios, saltan de un medio a otro y, en ese pasaje, los viejos lectores y televidentes se convierten en prosumidores que contribuyen a la expansión de la narrativa. Para comprender estas nuevas formas del relato necesitamos un Vladimir Propp que analice los recovecos de las narrativas transmedia, las historias interactivas y la literatura hipertextual. También sería para agradecer que un Leonardo da Vinci o un Miguel Ángel exploraran las posibilidades expresivas y artísticas de las nuevas tecnologías digitales.

Ya no contamos como antes pero seguimos enseñando como antes. Las aulas piden a gritos una Maria Montessori que renueve unos procesos de enseñanza-aprendizaje todavía anclados en la disciplina del libro, y las escuelas reclaman un Paulo Freire que desmonte de una vez por todas esa idea de la educación entendida como una transferencia lineal de conocimiento.

Necesitamos un Claude Lévi-Strauss, una Frida Kahlo, un Roland Barthes, un Michel Foucault, una Simone de Beauvoir, un Montesquieu, un Voltaire y un Francis Bacon. Una Marie Curie. Un Cervantes, un Albert Einstein y un Serguéi Eisenstein. No creo que necesitemos un nuevo Nicolás Maquiavelo (con uno basta) pero, sin dudas, necesitamos una Rosa Luxemburgo que nos ayude a organizar las indignaciones contemporáneas. Y un Walter Benjamin que las ilumine con la luz de la crítica.

Si, lo sé, en esta lista faltan muchos y muchas, pero eso no quita que se busquen nuevos clásicos.

El libro MANIFIESTOS. Incómodos, desobedientes, mutantes se puede descargar en formato PDF de manera gratuita.

Buena lectura!

 

Bonus track:

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