Las interfaces no desaparecen, se transforman.

Estas breves reflexiones fueron publicadas el año pasado en el número 86 de la Revista UPS de la Coordenadoria de Comunicação Social (Universidade de São Paulo).

Uno de los temas que más me fascina es la evolución de las interfaces de la lectoescritura. Hace más de seis mil años la escritura nació en la superficie todavía húmeda de las tablillas de barro en la Mesopotamia asiática. Pasaron varios milenios hasta que llegó el papiro, una nueva interfaz de lectoescritura. Se trató de una gran mutación: cambió al mismo tiempo el soporte material de la escritura –del barro a la trama de juncos- y la interfaz del dispositivo –de una pequeña superficie a un rollo que  podía llegar a medir varios metros-. Las interfaces de lectoescritura sufrieron otra mutación con la llegada del códice manuscrito hace dos mil años. En esa ocasión se pasó del papiro al pergamino pero sobre todo volvió a cambiar de manera radical la interfaz: el rollo fue progresivamente reemplazado por el codex, un dispositivo formado por una serie de páginas cosidas entre sí.

Para poder ser reconocidos sin necesidad de ser desenrollados, los papiros incorporaron su frase inicial en la parte exterior: el incipit. Esta práctica sobrevivió en los codex y en los libros impresos. El texto en los papiros estaba organizado en columnas, un formato posteriormente recuperado por la Biblia de Gutenberg, la prensa de masas y las páginas web. El mismo concepto de “página web” (webpage) merece ser destacado: a la hora de buscar un nombre para los documentos en línea Tim Berners-Lee recuperó una interfaz bien conocida. La interfaz, como podemos observar, es una forma que se adapta a diferentes soportes y dispositivos tecnológicos.

Las interfaces digitales están sometidas a la misma lógica. Una página web concentra seis mil años de interfaces de lectoescritura. Pero su promiscuidad no se detiene ahí: también incluye vídeos de origen televisivo, infografías provenientes de los periódicos e inclusive botones desarrollados originalmente para los electrodomésticos y otros aparatos mecánicos. En los iPads y otros dispositivos de lectoescritura digitales como el Kindle de Amazon los elementos provenientes de las diferentes etapas de la evolución de las interfaces se recombinan para dar lugar a una nueva experiencia textual. También en este caso se cumple una de las leyes del ecosistema de las interfaces: las interfaces nunca mueren, se transforman.

El iPad de Apple abre una nueva fase en la evolución de las interfaces de lectoescritura. El ecosistema de las interfaces atraviesa un momento de gran efervescencia donde todo se combina y reconfigura: Amazon apuesta por su propio lector pero al mismo tiempo propone una aplicación Kindle para el iPhone, Barnes and Noble sigue sus pasos y prepara un reader para el iPad, Marvel se apunta con sus cómics a la nueva interfaz y la revista Wired ya experimenta con nuevos formatos interactivos específicamente diseñados para el dispositivo de Apple… De todas formas, la última palabra la tendrán los lectores. La evolución del ecosistema de las interfaces, al igual que cualquier otro sistema tecnológico, descansa más en las tácticas de utilización de sus usuarios que en las estrategias de sus diseñadores.

Nota final: este breve texto fue escrito en Abril del 2010. Muchos bits corrieron bajo los puentes en estos meses. En breve volveremos a estos temas que, una vez más, discutiremos en el BookCamp Kosmópolis Barcelona 2011.

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