Economía política del paper (II): el gran negocio.

Primera parte: Economía política del paper: la gran implosión.

¿Cómo funciona la economía política del paper? Hay una clara división del trabajo: los investigadores escribimos y revisamos gratis los textos, mientras que las editoriales hacen caja. Como cualquier proceso de producción, tiene sus costes. Si bien la gran mayoría de las publicaciones científicas ya no se imprime, sin embargo siguen teniendo costes fijos, desde gestionar los procesos de revisión y producción textual hasta el mantenimiento de portales y repositorios en línea. Los ingresos de las editoriales superan ampliamente esos costes. Además de trabajar gratis (me refiero a la escritura y revisión de artículos), la comunidad científica contribuye económicamente a través de dos canales: por un parte, se deben abonar las suscripciones a las publicaciones que contribuimos a alimentar con nuestros artículos; por otro, se exigen costes de publicación, sobre todo si se desea «publicar en abierto». El open-access, obviamente, garantiza una serie de ventajas, en primer lugar obtener un mayor número de citaciones que, es superfluo está decirlo, quedan muy bien en el CV que enviamos a las agencias de evaluación. Un negocio redondo, el de las editoriales científicas.

El artículo «The Drain of Scientific Publishing» confirma lo que ya sabemos: el sistema actual de publicación científica se ha transformado en una industria altamente rentable dominada por un pequeño grupo de editoriales. Este estudio se centra en las cuatro grandes compañías que más facturan: Elsevier, Springer, Wiley y Taylor & Francis (dicho de paso, tengo artículos publicados en todas ellas). Estos grupos controlan buena parte del mercado y generaron en conjunto más de 7.100 millones de dólares de beneficios (2024), acumulando más de 14.000 millones de dólares entre 2019 y 2024. Sus márgenes de ganancia superan sistemáticamente el 30%, alcanzando en el caso de Elsevier más del 37 %, lo que convierte a la publicación académica en una de las industrias más rentables de la economía mundial. Los modelos de negocio han evolucionado, desde las impagables suscripciones individuales hacia paquetes de suscripción (“Big Deals”), acuerdos “Read-and-Publish” y tarifas de publicación (APC) que, entre 2019 y 2023, generaron cerca de 9.000 millones de dólares adicionales para los principales editores. Lo repito: un negocio redondo.

Un mapa editorial

Por suerte el panorama editorial científico es mucho más complejo. Hay vida más allá de los sospechosos habituales. Un estudio publicado en 2022, titulado «Who are the 100 largest scientific publishers by journal count? A webscraping approach» desplaza la atención desde los papers hacia la infraestructura que los pone en circulación. En ese artículo Andreas Nishikawa-Pacher se plantea una pregunta muy concreta: cómo identificar a los 100 mayores publishers científicos del mundo según número de revistas.

La pregunta parece sencilla, pero las bases de datos no están completas, tienen sesgos y son poco transparentes. El artículo no propone una teoría general sobre la edición académica, sino una operación empírica muy precisa, orientada a producir un mapa más fiable de un sector amante de la opacidad. Aquí hay paper encerrado. En lugar de depender de una sola base de datos, el autor combina cuatro repertorios -Scopus, Publons, DOAJ y SherpaRomeo- para generar una lista preliminar de editoriales que supuestamente tienen al menos 15 revistas. Después, da un segundo paso metodológico: revisar las web de esas editoriales para obtener sus catálogos y estimar sus cifras efectivas.

La lista final reúne 100 publishers que, en conjunto, concentran 28.060 revistas científicas. Dentro de ese universo, el mayor editor alcanza 3.763 títulos; el menor del top 100, publica «solo» 76. Está claro: el negocio no es publicar un journal sino armar grandes paquetes para optimizar los procesos de producción. Una economía científica de escala marcada por la concentración de publicaciones.

La primera lectura de estos datos confirma una estructura muy desigual. La lista está encabezada por los sospechosos habituales, es decir, los grandes actores corporativos ya mencionados que dominan la edición científica internacional: Springer, Taylor & Francis, Elsevier, Wiley y SAGE. El mapa resultante no se limita a reiterar la existencia del oligopolio; también permite ver qué otros actores consiguen entrar en la parte alta del sistema. El estudio no desmonta la idea de concentración: la complejiza. El paisaje editorial mundial que emerge está fuertemente jerarquizado, aunque no reducido por completo a los nombres más visibles del mercado anglosajón y comercial.

Más allá del oligopolio

Entre los 100 mayores actores del sistema editorial científico, el estudio identifica 17 universidades situadas en el «Global South». El dato no sorprende: en América Latina las universidades tienden a publicar muchas revistas científicas. Ocho de estas universidades están precisamente en América Latina. Veamos en detalle esta contribución:

  • Universidade de Sao Paulo: 200 publicaciones
  • Universidad de Buenos Aires: 168 publicaciones
  • Universidad Nacional Autónoma de México: 127 publicaciones
  • Universidad Nacional de La Plata: 100 publicaciones
  • Universidade Federal do Espirito Santo: 93 publicaciones
  • Universidad Nacional de Córdoba: 92 publicaciones
  • Universidade Federal do Rio Grande do Sul: 88 publicaciones
  • Universidade de Brasilia: 86 publicaciones

Conviene recordar: estamos hablando de cantidad de publicaciones. El estudio no dice nada del número de citas ni de la posición en los rankings internacionales de estos journals. Estoy casi seguro de que el dichoso impacto de estas publicaciones del Global South no puede competir con el de las publicaciones que editan los pistoleros del Far West textual septentrional.

La presencia de las universidades latinoamericanas (y asiáticas, por ejemplo de Indonesia) contribuye a enriquecer un panorama que, a primera vista, parece ultraconcentrado. Desde siempre las universidades públicas mexicanas, brasileñas y argentinas han sostenido una parte decisiva de la comunicación científica en sus países, en revistas de acceso abierto no guiadas por la lógica comercial y en circuitos donde el valor institucional, público y académico pesa más que la rentabilidad. Esta contribución latinoamericana también forma parte del ecosistema editorial global, aunque a menudo quede invisibilizada en los rankings. Entre los problemas que deberían resolver, el artículo indica que no siempre estas publicaciones están indexadas en las principales bases de datos y, en algunos casos, ni siquiera incluyen el número DOI en sus artículos.

Predators al acecho

El estudio también nos advierte de la fuerte presencia de editoriales predatorias dentro del universo académico. Según el texto, entre los 100 publishers aparecen 30 actores clasificados como «predatory«. No son pocos: estamos hablando de 4.517 publicaciones que, inspiradas en el «publish or perish«, promueven el «pay and publish«. La expansión de esta burbuja editorial no solo expresa crecimiento, especialización o diversificación del conocimiento científico: también revela la consolidación de modelos editoriales oportunistas que aprovechan la presión por publicar. Moraleja: el volumen de revistas no es en sí mismo un indicador de calidad o legitimidad editorial. Para las universidades latinoamericanas, esta distinción resulta especialmente importante, porque muchas veces sus revistas deben defender su valor en un entorno donde conviven iniciativas académicas serias con actores de baja credibilidad.

Fuga del sistema

Los autores del artículo «The Drain of Scientific Publishing» concluyen que el sistema editorial produce una cuádruple fuga de recursos: dinero, tiempo, confianza y control. Por un lado, enormes cantidades de fondos públicos se transfieren a corporaciones privadas; por otro, el sistema exige a los investigadores dedicar cientos de horas no remuneradas a tareas editoriales y de revisión. Además, el crecimiento masivo de publicaciones (ver mi texto sobre la implosión de artículos), impulsado por incentivos comerciales, debilita la calidad del proceso de revisión y genera problemas como artículos fraudulentos o producidos por los llamados paper mills. Finalmente, el control de las métricas, plataformas y marcas editoriales se concentra en empresas del hemisferio norte, lo que condiciona la evaluación científica de la comunidad global. Los autores de este estudio proponen recomunalizar la publicación científica mediante infraestructuras abiertas, promoviendo revistas gestionadas por la comunidad académica y reformas en los sistemas de evaluación e incentivos. Reyes, tomen nota.

Es increíble que, después de varias décadas y millones de euros invertidos en investigación, Europa no tenga un repositorio único, abierto y gratuito para acceder a las publicaciones científicas generadas en el continente. Si bien existen numerosos repositorios y bases de datos internacionales (como el Open Research Europe) o institucionales (como nuestro e-Repositorio en la UPF), se trata de iniciativas fragmentadas y aisladas entre sí. Ahora que se habla tanto de recuperar la soberanía tecnológica europea, no vendría mal que se planteara seriamente la construcción de un espacio único para albergar el conocimiento científico (no solo generado en Europa). Esto no eliminaría los problemas de la hiperproducción académica, pero al menos evitaría que un puñado de actores sigan acumulando ganancias de manera trumpista lucrando con el conocimiento científico.

(Mientras doy los últimos toques al teclado y termino este texto, me llega la triste noticia del cierre de First Monday, el primer journal de acceso abierto y gratuito de la era digital. Fue creado en 1996. Esperemos que al menos todo sus artículos sigan disponibles en la web).

One Comment

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  1. Avatar de Patricia Nigro

    «…los pistoleros del Far West textual septentrional… acumulando ganancias de manera trumpista…»
    Buenísimas estas expresiones. Agregaría …»los piratas colonialistas del Brexit…»
    También, pienso en qué podemos hacer los y las hispanohablantes para no quedar sometidos al colonialismo inglés. Bueno, como siempre, excelente este post y el anterior y todos los anteriores.
    «Te sabés todo», dirían los chicos y las chicas.

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