El último tango de Byung-Chul Han.

Después de 8 años vuelvo a escribir sobre Byung-Chul Han. En diciembre de 2014 reseñé sus principales libros en un post doble que comenzaba con una entrada titulada «Transparencia, cansancio y psicopolítica» y seguía con «¿Filosofía para dummies?». Hay algo en este filósofo que atrae mucho: en mi caso, creo que es más su escritura que la mayoría de sus planteos. Si bien muchos de sus diagnósticos apuntan a zonas críticas de la vida contemporánea (el Big Data, la autoexplotación, la mercantilización, etc.), como dije en ese post doble:

(…) los libritos de este filósofo son un soplo de aire fresco… aunque algunos de esos aires nos recuerdan a cosas ya escritas a lo largo del siglo veinte respecto a la cultura de masas, desde el apocalipticismo de Adorno y Horkheimer hasta las «transparencias» de Baudrillard.

Uno de los mayores tiros fuera de puerta de este filósofo se dio cuando anunció el fin del «modelo inmunológico». Según Byung-Chul Han la era inmunológica había sido abandonada en favor de otro paradigma donde ha desaparecido «la otredad y la extrañeza» y solo reina la «diferencia» (La sociedad del cansancio, p. 14). Byung-Chul Han ubicaba en el fin de la guerra fría el momento inicial de esa transición.

La diferencia postinmunológica, es más, postmoderna, ya no genera ninguna enfermedad (…) Lo extraño se sustituye por lo exótico y el turista lo recorre. El turista o el consumidor ya no es más un sujeto inmunológico (La sociedad del cansancio, p. 14).

En su momento me llamó la atención su posición, sobre todo porque escribí mi reseña justo cuando se había dado el caso de Teresa Romero, la auxiliar de enfermería contagiada por ébola que mantuvo a la España mediática en vilo durante varias semanas:

Me resultó interesante la hipótesis según la cual el modelo inmunológico estaría en fase de superación -algo muy posible- pero no la termino de compaginar con el día a día de nuestra sociedad. La reciente crisis del ébola en España nos demuestra que el miedo al Otro (en este caso un virus que, además, viene de… África) sigue vivito y coleando. 

Supongo que después de dos años de pandemia Byung-Chul Han habrá revisado su planteos sobre el fin de los modelos inmunológicos, los mismos que todavía hoy rigen la vida social a escala global.

Después de leer la mayoría de sus libros publicados hasta 2014, me había quedado 

zumbando en el oído el recurrente reclamo de Byung-Chul Han a parar la máquina, hacer silencio y desacelerar el pensamiento. Esta idea tan romántica y decimonónica -que propone volver a un pasado idealizado donde aparentemente reinaba la tranquilidad, el silencio y el slow time, y por lo tanto se podía pensar en paz– me recuerda demasiado a las críticas de Theodor Adorno a las «síncopas perturbadoras» y a los «monótonos estímulos» del jazz… En breve: necesitamos intelectuales que sean capaces de pensar no sólo sobre sino también desde las condiciones culturales de la sociedad contemporánea.

Ahora sí, podemos pasar al último libro de Byung-Chul Han.

Las no-cosas

Regreso a Byung-Chul Han vía sus No-cosas. Quiebras del mundo de hoy (2021) que leí a finales del año pasado. Fiel a su planteo anti-digital, el autor nos avisa que

hoy desaparecen continuamente las cosas sin que nos demos cuenta (…) nuestro frenesí de comunicación e información lo que hce que las cosas desaparezcan (…) La digitalización desmaterializa y descorporeiza el mundo. También suprime los recuerdos. En lugar de guardar recuerdos, almacenamos inmensas cantidades de datos. 

Ya no habitamos la tierra y el cielo, sino Google Earth y la nube. El mundo se torna cada vez más intangible, nublado y espectral. Nada es sólido y tangible.

Nuestra obsesión no son ya las cosas, sino la información y los datos. Ahora producimos y consumismo más información que cosas. 

La Revolución Industrial reforzó y expandió la esfera de las cosas (…) La digitalización acaba con el paradigma de las cosas. Supedita esta a la información.

Las cosas que no existen, lo sólido que se disuelve en el aire… es como si Byung-Chul Han repasara el catecismo posmoderno de los años 1980 desde la A hasta la Z, pero ahora iluminando esas reflexiones con las potentes luces de la transformación digital.

En esta temporada, Byung-Chul Han renueva su repertorio apocalíptico con nuevas tecnologías -como el smartphone– y formatos -como el selfie-. Quizás inspirado por Julio Cortázar («No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj»), Byung-Chul Han solo ve al smartphone como un diabólico instrumento que «vigila permanentemente a su usuario»:

Él nos controla y programa. No somos nosotros mismos los que utilizamos el smartphone, sino el smartphone el que nos utiliza a nosotros. El verdadero actor es el smarthone.

Si bien Byung-Chul Han parece acercarse al Alessandro Baricco de The Game, …

Usar el smartphone es una forma de jugar.

… ese movimiento es menos que fugaz:

La dominación perfecta es aquella en la que todos los humanos solamente jueguen.

Para Byung-Chul Han el smartphone es un objeto de dominación total, un «aparato de sumisión» semejante al rosario. Respecto a la desmaterialización de la fotografía, Byung-Chul Han sostiene que 

El medio digital transforma los rayos de luz en datos, es decir, en relaciones numéricas. En los datos no hay luz.

Y mete a  Walter Benjamin en escena:

El selfie se carga hasta reventar de valor de exposición. El valor de culto desaparece por completo. La selfie es la cara exhibida sin aura (…) Las selfies solo tienen sentido dentro de la comunicación digital. Hace desaparecer el recuerdo, el destino y la historia.

En su descenso al mundo de la no-cosas, Byung-Chul Han también dialoga con la crítica al capitalismo de plataformas de autores como Nick Srnicek y Shoshana Zubbof

El capitalismo de la información constituyen una forma intensificada del capitalismo. A diferencia del capitalismo industrial, convierte también lo inmaterial en mercancía. Se comercializan muchas relaciones humanas (…) El capitalismo de la información está conquistando todos los rincones de nuestra vida; es más, de nuestra alma.

Plataformas como Facebook o Google son  los nuevos señores feudales (…) Nos sentimos libres, pero estamos completamente explotados, vigilados y controlados.

Cuando le damos al botón «me gusta», nos sometemos al aparato de la dominación.

En este nuevo periplo por los infiernos digitales Byung-Chul Han no podía dejar de decir lo suyo sobre la Inteligencia Artificial. Siento decirlo, pero por momentos roza la banalidad:

La inteligencia artificial no puede pensar porque no se le pone la piel de gallina.

La inteligencia artificial aprende del pasado. El futuro que calcula no es un futuro en el sentido de la palabra. 

Si bien no cuesta mucho estar de acuerdo con algunas caracterizaciones que hace Byung-Chul Han del culto al Big Data -al igual que este filósofo alemán de origen coreano, los métodos computacionales también están de moda-, su visión apocalíptica le impide encontrar algo positivo en una de las transformaciones científicas más importantes de las últimas décadas:

El Big Data proporciona un conocimiento rudimentario. Se queda en las correlaciones y el reconocimiento de patrones, en los que, sin embargo, nada se comprende.

El Big Data es aditivo. Lo aditivo no forma una totalidad, un final. Le falta el concepto, es decir, lo que une las partes en un todo. No comprende los resultados de sus cálculos.

Volvamos a las no-cosas. Están desapareciendo. Son fantasmas de la modernidad.  Incluso ya no se rebelan.

La digitalización quita a las cosas cualquier materialidad «rebelde», cualquier resistencia. 

Si el mundo se compone únicamente de objetos disponibles y consumibles, no podemos entablar relación con él. Tampoco es posible entablar relación con la información.

La disolución de la dimensión material es para Byung-Chul Han el preludio de algo peor:

Nos encaminamos hacia una era trans  y poshumana en la que la vida humana será un puro intercambio de información. (…) La digitalización es un paso consecuente en el camino a la anulación de lo humano.

Fin (por ahora).

El último tango de Byung-Chul Han

Debo confesar que el discurso de Byung-Chul Han en sus No-cosas. Quiebras del mundo de hoy  no me sorprendió. «Otra vez sopa», hubiera dicho Mafalda… Como algunos escritores de ficción, tengo la impresión de que Byung-Chul Han nos cuenta siempre la misma historia con ligeros cambios. Si fuera músico en vez de filósofo, sus breves y trabajados fraseos saldrían de un viejo bandoneón que llora una y otra vez un mundo «material» que nunca volverá…

Big ALGORITHMS

Quisiera volver sobre dos temas que considero muy importantes. Primero, el rechazo a los métodos computacionales, los algoritmos y el Big Data. Cualquier investigador o investigadora mínimamente seria hoy tiene en claro que los métodos cuantitativos proveen una serie de datos (a menudo en forma de visualizaciones) que están sometidos a procesos de interpretación al igual que los datos que se obtienen con métodos cualitativos.

Mal que le pese a Byung-Chul Han, nadie espera que el Big Data genere  «conceptos» ni «comprenda» los resultados: esa tarea, hasta nuevo aviso, está en manos de actores humanos. Lo que sí pueden hacer -y están haciendo- los nuevos métodos cuantitativos es brindar una descripción de procesos muy complejos, desde el cambio climático hasta la difusión de un virus, hasta ahora imposibles de poner a foco con métodos tradicionales.

Como cualquier procedimiento científico, los métodos computacionales son imperfectos y están en permanente proceso de revisión (si no fuera así, no serían métodos científicos). En cierta manera, el planteo de Byung-Chul Han termina siendo especular al de Chris Anderson, quien en julio de 2008 había decretado en Wired el «el fin de las ciencias sociales y humanísticas» por la entrada en la «época del Petabyte».  Dos visiones opuestas, antagónicas y superficiales -por más que una se presente vestida de gala filosófica- que se terminan anulando entre sí.

las cosas

La desmaterialización de las cosas que propone Byung-Chul Han va a contramano respecto a  ciertos planteos contemporáneos menos apocalípticos y más interesados en afrontar los problemas del planeta con algo más que palabras. Desde las ideas que propone Jussi Parikka en Una geología de los medios hasta el «nuevo materialismo» que sostienen teóricos como Benjamin Bratton en La terraformación o en The Revenge of the Real: Politics for a Post-Pandemic World (ya hablaremos de este libro), estoy convencido de que hay textos y autores mejor pertrechados para poner a foco el mundo que nos rodea. A nivel filosófico, mas que quedar atrapados en la nube de las no-cosas, encuentro mucho más seductor el «realismo especulativo» de  Graham Harman (ver por ejemplo Object-Oriented Ontology. A new theory of everything o Hacia el realismo especulativo). 

Las cosas no desaparecen. Se están entrelanzando con la información formando un nuevo tipo de entidad híbrida. Lo mismo está pasando con los seres humanos. En cierta forma, nos estamos hibridando con nuestras tecnologías desde que el primer Homo Sapiens modeló su primer instrumento golpeando dos piedras. 

La jukebox

Byung-Chul Han termina No-cosas. Quiebras del mundo de hoy  con una digresión final dedicada a su jukebox (en España, la «gramola»), ese instrumento que hace que

escuchar música sea un experiencia visual, auditiva y táctil muy placentera.

Esta reivindicación de la reproducción musical mecánica me desconcertó. No tengo dudas de que los grandes maestros que inspiraron a Byung-Chul Han, desde Theodor Adorno hasta Martin Heidegger, hubieran denostado ese aparato que sustituyó la irremplazable experiencia musical en vivo y en directo. De la misma manera, es posible que los hijos de Byung-Chul Han algún día tengan saudade de la experiencia sensorial de Spotify, esa maravillosa aplicación digital que a principios del siglo 21 nos ponía toda la música del mundo a un par de clicks de distancia.

Efectivamente, estoy hablando de media evolution.

Ahora sí, fin.

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4 Comments

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  1. Me encanta como Byung-Chul Han se la pasa hablando como viejo choto, pero al mismo tiempo, se dedica a escribir estos libros con frases cargadas de retórica y poca reflexión que se pueden postear y compartir por todas partes. Es un autor de la cultura snack, que además de polemizar por polemizar sabe que es más fácil vender libros con postulados tajantes y apocalípticos que sean fáciles de consumir: sobre todo por el público no especializado.
    Intrigante es que no vea que la gramola no volvió, pero si los toca discos y los discos de vinilo, en parte gracias a la «retromanía» que fomentan las lógicas de consumo actuales.
    En fin, habrá que seguir leyendo a los/as autoras de la arqueología de medios mientras esperamos ese post sobre Benjamin Bratton.
    Saludos desde San Luis.

  2. Me parecen super interesantes estas apreciaciones. Sin embargo cada vez que leo algo de la selva de artículos sobre ĺas culturas digitales emergentes, inmediatamente se me presentan imágenes de mi trabajo en un Centro Comunitario de José C. Paz (connurbano de Buenos Aires). Allí, durante la pandemia luchamos para que los niños y jóvenes pudieran tener acceso a lo digital. Muchas veces me digo: tenes que estar al tanto de todos estos desarrollos y de estás reflexiones porque allí se «juegan» los dados del mundo; pero creo que como intelectuales tenemos que hacer más para evidenciar el horror de la desigualdad. El espanto del descarte de miles de seres humanos que no son respetados en su dignidad es un grito que debemos «gritar». Gracias por este espacio de diálogo.

  3. No sé mucho de filosofía, pero Han me llevo a Bauman por casualidad, y le estoy agradecido por eso. Más que la filosofía, he encontrado una afición grande por la Sociología

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