Cultura Snack. Lo bueno, si breve

Cultura Snack (La Marca, 2020) es un libro dedicado a los formatos breves de la comunicación. Como un entomólogo textual, desde hace unos cuantos años colecciono microtextos de todo tipo, desde imágenes hasta relatos breves y miniobjetos. Quizás todo comenzó con una revista italiana de diseño que cayó en mis manos a finales de los años noventa. En la portada solo había una aguja de gancho y un título: “Piccoli oggetti“.Cuando comencé a interesarme por las narrativas transmedia allá por 2006 (el año en que Henry Jenkins publicó Convergence Culture) ya hacía varios años que venía recolectando pequeñas piezas textuales. Muchos de esos objetos (mobisodios, webisodios, tráilers, recaps, etc.) se prestan muy bien para llenar los intersticios de las grandes narrativas que se expanden en muchos medios y plataformas. Los usuarios, por su parte, se destacan por la producción de micropiezas narrativas (parodias, finales alternativos, falsos tráileres, etc.). Contenidos intersticiales, los bauticé.

El primer capítulo, una (breve) introducción a la micrología, se abre con el siguiente párrafo:

Como cualquier otro texto éste también es el resultado de un trabajo intertextual. El lector no tardará en verificarlo: el autor ha saqueado textos a diestra y siniestra. Descubrió que es relativamente sencillo tomar prestados textos breves. Entran sin mayores problemas en la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. En cambio, los textos largos… ¿Probó alguna vez el lector a robar las obras completas de Kant? Al final del volumen el lector encontrará una lista alfabética con los nombres de todos los afectados, a quienes desde ya se agradece su involuntaria colaboración.

En el primer capítulo se habla de Borges, microjardines, bonsai, reliquias cristianas, Wunderkammer, maquetas, Hitler, casas de muñecas, bolas de cristal nevadas, los Simpsons, The Incredible Shrinking Man, marionetas, Fucking Hell y Borges, again.

“También podría decirse así: los bárbaros trabajan con esquirlas del pasado transformadas en sistemas de paso.”

Alessandro Baricco

Y así llegamos al capítulo dos, una (breve) presentación de lo que he bautizado micromediología

micromediología. Del griego micro (pequeño), mesos (medio) y logos (palabra, estudio, tratado). Disciplina que estudia los contenidos breves, los dispositivos mediáticos de reducidas dimensiones y otros fenómenos vinculados al carácter efímero y fragmentario que suelen asumir los procesos de comunicación.

La historia de la humanidad está sembrada de pequeñas piezas mediáticas que esconden grandes significados. En el Renacimiento, pocos años después de que Gutenberg revolucionara la cultura gracias a unos minibloques de metal fundido, el italiano Aldo Manuzio dio vuelta el mundo de la edición de libros con sus obras in ottavo; un par de siglos más tarde la literatura popular de cordel marcaría el camino de los futuros libros de bolsillo (pocketbooks). ¿Y qué decir de los diarios, esas publicaciones periódicas de pocas páginas comparadas con un libro pero con mucha información crucial para la vida política y económica de la sociedad de masas? Los ejemplos son interminables. La propagación del telégrafo en la primera mitad del siglo XIX generó un nuevo tipo de formato informativo: la cápsula periodística. De este y otros microformatos informativos trata el capítulo tres.

“Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más.” 

Charles Chaplin

El gran maestro que le tomó el pulso al microperiodismo fue el francés Félix Fénéon con sus Nouvelles en Trois Lignes. Tipo raro este Fénéon: era funcionario público, prolífico escritor con un buen ojo para las nuevas tendencias artísticas -editó las Illuminations de Rimbaud y los Chants de Maldoror de Lautremont, descubrió el puntillismo de Seurat y defendió/difundió las obras de los postimpresionistas- y, como si esto fuera poco, ferviente anarquista. Fénéon era un anarquista puro y duro que no dudaba en poner bombas en lugares públicos y hacer saltar por los aires las vísceras de sus víctimas. En 1906 comenzó a trabajar en Le Matin, un periódico liberal en el cual se encargaba de una columna de noticias breves condensadas. Será ahí, en la página tres de Le Matin, donde nacerán las nouvelles de Fénéon, un formato donde jugará con el doble sentido del término (nouvelle = novela corta / noticia). 

En el capítulo tres analizo la obra de Fénéon y… no puedo decir nada más.

El capítulo cuatro, Feroces y caprichosas criaturas, es un mapa del burbujeante territorio de la microficción. El título, solo cuatro palabras, fue extraído de un texto de Ana María Shua. O sea, cultura snack al cuadrado.

Y, sí, en este capítulo hablo del dinosaurio. Cuenta Juan Villoro que una vez cometió la torpeza de repetir a Monterroso su obra maestra agregando una palabra: “Y cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Monterroso reaccionó de la única manera posible:

– ¡Carajo! ¡Lo hiciste sonar como una obra de Tolstoi!

 “El tweet es para semiólogos, el retweet para sociólogos”.

Vicente Luis Mora, El lectoespectador

Tweets and shouts es el título del capítulo cinco. Si hubo un medio que llevó el formato breve a su máxima difusión,  ese fue Twitter, el pajarito que resiste los embates de poderosas redes sociales con muchos más usuarios y ganancias. Pero… ¿Qué es Twitter? ¿Un egomedia para informar del contenido calórico del desayuno? ¿Un sistema de broadcasting de segunda generación que funciona sobre una base colaborativa? ¿Un tool para la construir relaciones, encontrar buenas conversaciones y hacer mejores negocios? ¿Una conversación pública entre dos o más sujetos? ¿Un dispositivo de filtraje informativo? ¿Una red social? ¿Una marca? ¿Una plataforma con más de trescientos millones de usuarios activos que apenas genera ganancias y siempre está al borde del cierre? Twitter es todas estas cosas (y algunas más), y dada su constante evolución cuesta bastante encontrarle un lugar dentro de las colecciones de microespecies textuales. En cierta forma Twitter es un ornitorrinco, una especie mediática híbrida que rompe los esquemas y nadie sabe bien cómo clasificarla.

El capítulo cinco dialoga (bah, le clava un par de colmillos) al capítulo cuatro. Sobre todo a los que sostienen que la microficción solo se expresa en libros impresos y descartan la literatura breve que emerge de las redes sociales.

Video killed the radio star
Video killed the radio star 
In my mind and in my car
We can’t rewind we’ve gone too far
Pictures came and broke your heart
Put the blame on VTR.

The Buggles, Video Killed The Radio Star (1979)

El capítulo seis está dedicado a los formatos audiovisuales breves. Spots, tráileres, teasers,  videoclips, lipdubs, webisodios, sneak-peeks, mobisodios, credits y… el malvado spoiler, un virus capaz de matar la mejor experiencia de consumo televisivo. También las videoproducciones de  Enrico Ghezzi  para la RAI3 (Blob, Schegge y Fuori Orario) entran en el radar del capítulo seis, junto a un viejo conocido de las redes: el GIF animado.

El éxito de los microvídeos de Vine impulsó el retorno de este formato ochentero en vías de extinción. Creado en 1987, con la llegada de la web el GIF animado no tardó en animar banderitas estadounidenses, casillas postales y carteles de Under Construction en las pantallas de todo el planeta. Sin embargo, su éxito fue efímero: los gurúes de la usabilidad como Jakob Nielsen lo crucificaron en nombre de la legibilidad y el desembarco de la tecnología Flash, que permitía crear animaciones mucho más sofisticadas, terminaron de remachar el ataúd del GIF animado. Como la estética Polaroid o los discos de vinilo, los GIFs no tardaron en regresar bajo forma de expresión artística o producción de usuarios que quieren dar un toque retro a sus creaciones en Tumblr o Facebook.


“La primera ley es adecuar el estilo al asunto. No hay mayor impertinencia que tratar menudencias con palabras grandilocuentes.”

Voltaire

El capítulo siete recoge todo lo que no entró en las páginas precedentes. O sea, el capítulo siete está dedicado a las menudencias nanotextuales. Otra lista: postales, microlibros, minicómics, pequeñas obras artísticas, los mecheros grabados por los soldados en Vietnam, las ilustraciones de Pictoline y las adaptaciones breves de Shortology. Los micropoemas de Ajo y las miniobras de teatro de Mauricio Kartun. También repaso las diferentes formas que adoptan los paratextos breves nacidos al calor de las superproducciones de Hollywood:

  • Logline: “Naufragio del Titanic más Romeo y Julieta”.
  • Slogan: “Nada en el mundo podría separarlos”.
  • Spoiler: “Jack muere”.
  • Aforismo: “El agua del mar es mala para los hombres y saludable para los peces” (Heráclito).

“Si al exprimir una buena nueva reflexión resulta que no gotea ni un buen aforismo, podemos hallarnos ante el indicio de que a la reflexión le falta todavía un hervor.”

Jorge Wagensberg, Más árboles que ramas

Esto se acaba (estamos en la página 157). El capítulo ocho se titula Cultura snack en diez píldoras y se organiza alrededor de una serie de conceptos clave para comprender no sólo el universo de los microtextos sino lo que está pasando en la esfera mediática y cultural. Última lista de esta entrada:  Brevedad, Miniaturización, Fugacidad, Fragmentación, Viralidad, Remixabilidad, Infoxicación, Movilidad, Velocidad y Afterpost.

#Aullido

 “Las mejores ideas de mi generación:

destruidas por la fragmentación.

Las mejores ideas fragmentarias de mi generación:

Destruidas por el afán de completud.”

Eric Jarosinski, Nein. Un manifiesto

Epílogo. Universo Snack. El libro culmina con una reflexión sobre el tiempo que nos toca vivir (¿Modernidad tardía? ¿Postmodernidad? ¿Algo que está más allá pero todavía no podemos poner a foco?) y se despide de los lectores y lectoras con una (breve) exposición de la hipótesis gaseosa:

La explosión de la cultura snack podría considerarse el caldo de cultivo de una forma cultural “original” que emerge de la nueva ecología mediática. La fragmentación y velocidad del videoclip, que tanto sorprendía a los analistas e intelectuales en las últimas décadas del siglo XX, era solo la antesala de una textualidad que está llevando el culto de la brevedad hasta sus últimas consecuencias. La cultura snack, desde esta mirada, se presenta como un espacio aún más enloquecido, recombinatorio y acelerado que deja atrás la época dorada de la neotelevisión y anuncia una nueva configuración cultural. La cultura snack como algo que viene después (after) el postmodernismo (afterpost). La metáfora líquida, con todo el respeto que le merece al autor el señor Bauman, ya no basta: los nanocontenidos salen disparados como moléculas en estado gaseoso y chocan entre sí formando una interminable carambola textual.

Hasta aquí llegamos. Yo me divertí mucho escribiendo, buscando, recopilando, editando, escribiendo, cortando, descartando, descubriendo, escribiendo, corrigiendo, comparando. Reescribiendo. Espero que todos esos buenos momentos se hagan presentes a la hora de leer Cultura Snack, un libro-mosaico, fragmentado y caleidoscópico editado por La Marca (Buenos Aires) en octubre del 2020.

Entonces, buena lectura.

Nota

Cultura Snack acaba de llegar a las librerías argentinas y está disponible online en la web de La Marca. En unos días estará disponible en otras plataformas y, a partir de febrero, también en España y otros países.

5 Comments

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  1. Extraordinario.

  2. De lectura obligatoria para estos tiempos híbridos en los que se pretende que las ideas entre “… sin mayores problemas en la cartera de la dama o el bolsillo del caballero”. Sin haberlo leído siento entre sus capítulos la sensación percibida en las clases, que sean microrrelatos de pedagogía gráfica para recibir la fórmula exacta de 140 carácteres adaptables a distintos contextos.
    Leer Cultura Snack nos será imprescindible.
    ¡Felicitaciones Carlos, agendado!

  3. Evolución del consumo textual: periódico, revista y libro → Blog → Microblog (Twitter)
    Evolución del consumo audiovisual: televisión → YouTube → Video corto (TikTok)
    O sea, si tomamos los libros o los largometrajes como un almuerzo o una cena bien formal, los nuevos productos culturales que se denominan con el prefijo “micro-“, se clasifican como snacks. Me parece que “cultura snack” es una metáfora excelente. Los snacks se comen en cualquier intersticio entre las comidas, y destinan a llenar nuestra dieta de la información.
    En este sentido, creo que se debe destacar aun más la importancia de “mantener el equilibrio nutricional”. Es sabido de todos que un niño quien sólo come snacks no estará en sana salud. Tal vez yo soy un poco conservada en este tema, porque me siento mucho más vacía si paso dos horas simplemente pasando los vídeos cortos en Douyin (TikTok) u hojeando los microblogs en Weibo, aunque son de temas de interés.
    Claro, me gusta mucho el concepto “objetos pequeños”. Me interesan los contenidos intersticiales producidos por los usuarios / fans para sus favoritas series / películas / videojuegos, etc. Soy muy consciente de que estas producciones pueden complementar o incluso mejorar las obras originales, pero nunca sustituirlas. Pero cada día más gente prefiere ver “5 min para ver la película Titanic de 194 min” en Bilibili, en vez de contemplar toda la película. ¿Si es un “ataque” o incluso una “invasión” del cultural snack al cultural feast?
    No sé si cultural snack será el protagonista de la civilización en el siglo XXI, o ya está en el proceso.

  4. Nuevamente se demuestra que si lo bueno, breve, dos veces bueno. No es el caso del snack que a menos que sea saludable, abarrota de gras trans y deja poco espacio para la creatividad. Lectura obligada de las próximas semanas, sin dudas.

  5. Una delicia flotar (iba a decir “navegar” ja) por esos incisos (iba a decir “páginas”)! Llegó a tiempo para ser bibliografía y tema en mi materia de Teorías de la Comunicación. De hecho, hice el unboxing en vivo, porque el correo lo trajo a la hora de la clase! Está en e-book, Carlos?

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