¿Cómo analizar una interfaz?

En estos días se cumple un año de la publicación de Las leyes de la interfazun volumen donde, como escribí en su momento, resumo más de dos décadas de trabajo en el ámbito del diseño y análisis de las interfaces. Cuando alguien dice /interfaz/ inmediatamente todos pensamos en una pantalla interactiva, un teclado o un joystick. Esa es la “interfaz de usuario”, el lugar donde los seres humanos interactuamos con los dispositivos digitales. El principal objetivo de Las leyes de la interfaz es precisamente llevar el concepto de /interfaz/ mucho más allá de la “interfaz de usuario” y utilizarlo para explorar todo tipo de procesos tecnológicos y sociales.

En el libro, un volumen que dialoga con innumerables autores y obras, propongo analizar las interfaces desde una perspectiva eco-evolutiva para comprender sus relaciones, procesos y transformaciones. En el fondo, lo que más me interesa es proponer un modelo del cambio tecnológico que dialogue con los modelos del cambio biológico pero que, al mismo tiempo, pueda ser aplicado a otras esferas, por ejemplo la social, política o educativa.

Hablando sobre las interfaces y sus leyes

La primera vez que presenté en público las leyes de la interfaz fue en el 2005 en México, invitado por mi amigo Bruno de Vecchi y los colegas de la UAM-Xochimilco. En esa época las leyes eran solo cinco… pero para el 2009 ya eran siete cuando las presenté en Toronto.  En 2014 compartí cinco leyes en Bogotátres  en la mesa redonda “Interface Dictatorship” organizada por Andreu Belsunces en Hangar (Barcelona) en el contexto del proyecto PIPES BCN (Participative Investigation of Public Engaging Spaces). Este proyecto generó varios documentos muy interesantes, como el Manifesto for a critical approach to the user interface. La ilustradora Irene Queralt realizó una particular interpretación de estas conversaciones en Hangar:

Desde la publicación de Las leyes de la interfaz en enero del 2018 he realizado conferencias en Argentina, Ecuador, México, España, India y Hong Kong. Numerosos colegas, desde Alejandro Piscitelli hasta José Luis Fernández, Sandra Valdettaro, Patricia Nigro, Francisco Albarello,  Gabriella Pedranti, Ximena Tobi, Marcelo de la Torre, Aníbal Rossi, Vanesa Mazzeo, Bruno de Vecchi, Marcos García, Juan Linares Marko M. Skoric,  por nombrar solo a algunos de ellos, me han acompañado o colaborado en la organización de estas presentaciones. En el 2019 espero seguir con estas conversaciones pero también me interesa profundizar en la construcción de un método para analizar interfaces.

La dimensión analítica

Para festejar el primer aniversario de la publicación de Las leyes de la interfaz he puesto a punto la versión 1.0 de un work-in-progress que espero ir puliendo en sucesivas ediciones. Tal como lo indica su título, este breve documento tiene un carácter metodológico y operativo. En este texto presento un método simple, replicable y escalable para analizar las interfaces. Conviene recordar que no estamos hablando de analizar “interfaces de usuarios” (o sea, no es un texto sobre “usabilidad”): este instrumento metodológico pretende ser de utilidad para comprender el funcionamiento de diferentes tipos interfaces, desde interfaces educativas (aula, escuela, universidad, etc.) hasta políticas (partidos, parlamentos, etc.), económicas (empresas, mercados, etc.) o urbanas (manzanas, barrios, ciudades, etc.), entre muchísimas otras posibilidades.

Está claro que, para analizar, hay que separar los diferentes elementos que componen un conjunto. Si la interfaz es una red de actores humanos y tecnológicos que interactúan y mantienen diferentes tipos de relaciones entre sí, queda claro que debemos partir de las unidades más pequeñas. O sea, debemos comenzar por los actores.

Una vez identificados los diferentes actores tecnológicos y humanos, ya sean individuales o institucionales, que confluyen en una interfaz, el siguiente paso consiste en identificar las relaciones que los unen. Finalmente, la última categoría de análisis son los procesos, esas secuencias de operaciones o eventos que se despliegan a lo largo del tiempo. Si las relaciones se expresan en un plano sincrónico (espacial), los procesos se expresan en el plano diacrónico (temporal). 

El documento ¿Cómo analizar una interfaz? se puede descargar…

En ¿Cómo analizar una interfaz? ejemplifico el proceso de análisis a través de tres situaciones muy diferentes entre sí: una cena a bordo del Titanic, los BookTubers y un aula escolar. Si bien el objetivo de este texto se limita a la fase de análisis, en la última parte del documento se presentan algunas posibles estrategias para el rediseño de una interfaz. Como ya expliqué, se trata de un work-in-progress que espero ir desarrollando y mejorando también gracias a los comentarios y sugerencias de los colegas que lo vayan aplicando.

Se escuchan propuestas.

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3 Comments

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  1. Como siempre, brillante. Gracias por nombrarnos a Francisco y a mí. Solo hacemos honor a quien se lo merece.

  2. Juan Manuel Montoro enero 29, 2019 — 2:06 pm

    Muy valioso el documento y fundamental el esfuerzo por generar herramientas prácticas y dinámicas para bajar la teoría.

    Al leer la tipología de relaciones me quedé pensando si la categoría “englobante/englobado” o “periférico/central” que surge de la semiótica visual (y también se aplica al análisis espacial) podría ser una nueva categoría o si se solapa entre las ya existentes (“inclusión/exclusión” y “dominación/igualdad”, tal vez).

    Otro tema que me interesó mucho para aplicar la idea de interfaz a contextos políticos e institucionales es su capacidad de actuar como plataforma o filtro por el que se accede (y desde el que se produce) al flujo de datos, signos, bienes o capitales, a la vez que lo contiene. En particular, me interesa explorar esta categoría analítica para investigar el nacionalismo deportivo a partir del marco que proven las federaciones y los eventos masivos. Lo primero que hace un país nuevo después de habérsele reconocido la independencia es jugar un partido de fútbol. Los JJOO y los mundiales del deporte que sean son interfaces privilegiadas para la representación de la nación porque en ellas dialogan actores (deportistas, federaciones, selecciones, comités organizadores, autoridades) con tecnologías (banderas, uniformes, trofeos, escenarios, todo el aparato de transmisión y cobertura del evento, lógicas de jugabilidad y competición, ritos ceremoniales) creando relaciones y procesos. Y por más que “banales” a la hora de representar la nación parecen ser interfaces mucho más efectivas que las políticas: salvo que no se sienta parte de esa comunidad, casi nadie se pregunta qué tan legítima es la representación de su país cuando participa de una instancia deportiva. Quizás la cuestión de la tecnología no sea tan visible como la de los actores y allí cabría preguntarse si todo símbolo nacional puede considerarse como tecnologías o sus derivados (ej: ¿los himnos nacionales serían tan importantes y ubicuos si no existieran tecnologías de registro y reproducción de sonido?)

    En fín, gracias por el aporte!

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