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En estas semanas he cruzado varias lecturas que me han llevado a escribir este post. El tema me preocupa desde hace un buen tiempo: la deriva periodística de la investigación en comunicación en España.

Primer caso
Desde una publicación científica española me envían un manuscrito para evaluar. Se trata del estudio de una experiencia de televisión autonómica. Pinta bien. Cito a memoria: la metodología de esta investigación se basa en “entrevistas semi-estructuradas” a “cuatro dirigentes del canal elegidos por la misma empresa”. Vuelvo a releer porque no termino de creérmelo: los investigadores entrevistaron a “cuatro dirigentes del canal elegidos por la misma empresa”. Fin de la investigación.


La entrevista como técnica de investigación
Lo aclaro por las dudas: no tengo nada contra la entrevista como técnica de investigación. Es más, yo mismo la he utilizado, aunque, debo confesarlo, no es mi forma habitual de trabajar. Dado que tengo una formación semiótica prefiero analizar otro tipo de material (narrativo, tecnológico -por ejemplo las interfaces-, etc.) y, eventualmente como complemento, recurrir a las entrevistas. Sin embargo hay disciplinas como la sociología o la etnografía donde la entrevista aparece como un instrumento privilegiado para la obtención de la información necesaria para el análisis.

Digresión semiótica. El objeto de estudio de la semiótica son los textos, discursos y prácticas. Si por ejemplo estamos interesados en estudiar desde una perspectiva semiótica las publicidades de Benetton en los años 1980-90, una entrevista a Oliviero Toscani no nos aporta nada. A la semiótica no le interesa lo que piensa el autor, eso que Umberto Eco ha llamado la intentio auctoris. Según Eco la semiótica se propone buscar “en el texto lo que éste dice, independientementede las intenciones de su autor”. Fin digresión semiótica.

Obviamente las entrevistas son narraciones y admiten ser analizadas desde una perspectiva crítica, por ejemplo desmenuzando el discurso del entrevistado con instrumentos semióticos, retóricos o hermenéuticos, pero en general pocas veces se recurre a este tipo de uso de la entrevista: actualmente en España algunos investigadores de la comunicación usan la entrevista como una supuesta vía rápida al conocimiento científico donde lo que dice el entrevistado “va a misa” y no se pone en discusión.

Segundo caso
En una revista científica me encuentro con un estudio de la estrategia corporativa de tres instituciones deportivas españolas. Los investigadores, en este caso, entrevistaron a los principales responsables de esas instituciones y (al menos) complementaron lo dicho por los entrevistados con una lectura de los documentos online de los tres clubes y un paseo bibliográfico por algunos referentes en el tema. Total: tres entrevistas.

La deriva periodística
¿Por qué hablo de “deriva periodística”? Creo que la falta de una rigurosa formación en métodos de investigación científica se cubre recurriendo al oficio periodístico. Lo más preocupante es que algunos de estos textos que han caído entre mis manos ni siquiera alcanzaban el nivel del periodismo de investigación. Si un jefe de redacción de un diario o canal televisión encarga un trabajo de investigación a un periodista, dificilmente se limitará a entrevistar a dos o tres personas. Tampoco entrevistará a personas del mismo perfil. Por ejemplo, si estuviera interesado en conocer la realidad de un canal de televisión como mínimo entrevistaría al director, al camarógrafo, a un ex-empleado, al delegado sindical, a gente vinculada a los canales de la competencia, etc. O sea, algunos de los papers que he leído últimamente ni siquiera alcanzaban a ser buen periodismo.

¿Por qué se produce esta situación? Podemos barajar varias hipótesis, desde la falta de profundización en las cuestiones metodológicas durante los estudios de doctorado hasta la existencia de recursos económicos limitados para aplicar otro tipo de métodos. Algunas metodologías se rechazan porque directamente no se entienden (la semiótica), otras porque cuestan mucho (sociología basada en muestreos) o porque no se dominan métodos matemáticos (análisis de “big data”, quizá el método que goza en este momento de mayor visibilidad -y polémica- en las ciencias sociales anglosajonas). En este contexto algunos piensan que se puede resolver un trabajo de investigación científica haciendo cuatro o cinco entrevistas y adornarlas con un poco de palabrerío científico (atención, se trata de “entrevistas semi-estructuradas”!).

Dominar una metodología de investigación implica estar al día de las teorías en los que se basa y conocer a fondo una serie de conceptos y categorías de análisis, saber aplicarlos y analizarlos. Los investigadores debemos mantenernos en buena forma metodológica. La entrevista, lo repito por las dudas, puede ser una buena técnica de investigación a condición de que se la trabaje en el contexto científico adecuado (ya sea de tipo sociológico, etnográfico o inclusive semiótico). Mi temor es que, como efecto colateral de la crisis económica, esta versión degradada de la entrevista como técnica científica se termine consolidando en España debido al mínimo esfuerzo (y, por lo tanto, mínimo coste) que implica. Espero equivocarme.

Bonus tracks:
Libros sobre el uso de la entrevista en las ciencias sociales:

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