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Un tema de discusión que aparece una y otra vez en las conversaciones sobre las narrativas transmediáticas es el siguiente: ¿debemos considerar a las adaptaciones como parte del fenómeno transmediático? Tanto Henry Jenkins como la mayoría de los estudiosos del transmedia storytelling siempre han evidenciado la expansión de la narrativa a través de múltiples medios y plataformas. O sea, uno de los rasgos distintivos de las narrativas transmediáticas es precisamente la expansión del relato por medio de la incorporación de nuevos personajes y situaciones. En este contexto las adaptaciones no aportarían nada nuevo y deberían ser excluídas de este ámbito de estudio.

Veamos un caso concreto. La versión cinematográfica de “The Lord of the Rings” tan bien adaptada por Peter Jackson dificilmente podría ser considerada una “expansión” dado que no agrega nuevos personajes o situaciones respecto a las novelas originales. Lo mismo podría decirse de las películas de “Harry Potter”. Ambas pertenecen al universo de la adaptación o también llamada “traducción intersemiótica” (un concepto introducido por Roman Jakobson en los años 1950, posteriormente retomado por Umberto Eco y muchos otros investigadores).

Es evidente que las narrativas transmedia van mucho más allá de la “traducción intersemiótica”: al saltar de un medio a otro el relato crece, se despliega y no para de expandirse. Al hablar de transmedia storytelling Jenkins siempre se ha focalizado en la “expansión“, mientras que profesionales del sector como Jeff Gómez han evidenciado que “the content is not repurposed from one platform to the next“. Y sin embargo… creo que nuestra idea de las narrativas transmediáticas debería “expandirse” un poco para poder incluir también a las traducciones intersemióticas.

Veamos otro ejemplo muy reciente. El largometraje “The Adventures of Tintin: The Secret of the Unicorn” realizado por el dúo Spielberg-Jackson es una adaptación de tres cómics de Hergé: El cangrejo de las pinzas de oro (1941), El Secreto del Unicornio (1943) y El tesoro de Rackham el Rojo (1944). Es como si los guionistas hubieran desarmado esos tres libros, descartado algunas páginas y rearmado las viñetas para conformar un único relato. Estas transformaciones también trajeron aparejados cambios en la estructura narrativa y actancial: por ejemplo Ivan Ivanovitch Sakharine, que en los cómics era un inofensivo anticuario, en la película se convierte en el principal villano (y no cuento nada más para evitar spoilers…). En la pantalla grande también aparece la famosa soprano Bianca Castafiore, un personaje mítico del universo narrativo de Tintin pero que sin embargo no participaba en ninguna de las tres obras antes mencionadas.



¿Podemos hablar en este caso de “adaptación”? Yo creo que sí, aunque se trata de una adaptación muy libre de tres obras originalmente publicadas en la década del 1940. ¿Estamos en presencia de un fenómeno de expansión transmediática? Si. Por un lado en el cine aparecen nuevas situaciones -como el combate entre grúas en el puerto- y por otro ciertos personajes desempeñan otro rol en la historia. Además aparecen personajes secundarios ausentes en los relatos originales de Hergé. Como podemos ver, cierto de tipo de adaptación puede ser al mismo tiempo y de manera explícita un fenómeno de expansión transmediática.



Este fenómeno lo podemos identificar en otra adaptación recientemente vista en televisión: me refiero a la serie “The Walking Dead” de la AMC creada a partir de los cómics homónimos de Robert Kirkman, Tony Moore y Charlie Adlard. Al final de la primera temporada televisiva los sobrevivientes del “apocalipsis zombie” llegan al Center for Disease Control (CDC), una estructura científica que debía combatir al virus que diezmó a los humanos y convirtió a la mayoría en muertos vivientes. Hasta donde pude comprobar, en el cómic no aparecen ni esta institución ni el científico que ahí sobrevive (Dr. Jenner). En este caso también nos encontramos con una expansión transmediática del relato (nuevas situaciones, nuevos personajes).

Como podemos ver, conviene ser menos restrictivos a la hora de analizar las narrativas transmediáticas. Una concepción demasiado cerrada del transmedia storytelling puede llevarnos a dejar afuera piezas importantes de un universo narrativo. El mismo Jenkins apoya esta visión cuando sostiene que “it is a matter of degree – since any good adaptation contributes new insights into our understanding of the work and makes additions or omissions which reshape the story in significant ways”. O sea: podría decirse que hasta la adaptación más lineal siempre incluirá una mirada nueva a un personaje o algún elemento que enriquece un mundo narrativo.



Finalmente, otro argumento (en este caso poco teórico) a favor de una visión amplia de las narrativas transmediáticas es la siguiente: desde el punto de vista del productor, las diferencias entre las adaptaciones o las expansiones son secundarias. Su objetivo es sacar el mayor jugo posible a su creación, y eso se consigue creando nuevos textos en diferentes medios -pueden ser adaptaciones, pueden ser expansiones- y, en estos últimos tiempos, generando espacios para que los usuarios puedan participar y aportar sus propias contribuciones.

Volviendo a Tintin, podríamos decir que este personaje ha generado una de las experiencias de narrativa transmediática más interesantes del siglo XX, ya que sus aventuras abarcan el cómic, la radio, el cine, la televisión, el teatro y los videojuegos. Ya en el año 1947 se hicieron adaptaciones aplicando la tecnología del stop-motion (ver vídeo anterior). En este universo es posible encontrar de todo, desde fieles adaptaciones hasta nuevos relatos en otros medios, pasando por obras híbridas -a mitad de camino entre la adaptación y la expansión- como esta impecable película de Spielberg-Jackson.

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